El hastío un año después del rescate de Grecia amenaza con afectar a Portugal

Bruselas, 30 abr (EFE).- Los países del euro escribieron el año pasado una página de la historia al superar sus intereses nacionales y salvar a uno de sus socios de la bancarrota en virtud del bien común. Un año después del rescate de Grecia, el hastío de la opinión pública por las políticas de austeridad adoptadas en toda la Unión amenaza con romper el clima de solidaridad y perjudicar a Portugal.

El primer rescate de la historia del euro se aprobó el 2 de mayo de 2010, cuando los ministros de Finanzas de los países de la zona euro aceptaron la petición de ayuda de Grecia y adoptaron una decisión sin precedentes: concederle 110.000 millones para cubrir sus necesidades de financiación durante tres años.

En un clima de tensiones en los mercados de deuda, los mismos ministros fundaron una semana más tarde un fondo de rescate multimillonario para ayudar a los socios que pudieran contagiarse del virus griego, al tiempo que exigían mayores recortes de gastos a España y Portugal, los dos países más vulnerables.

Doce meses y dos rescates después (Irlanda y Portugal), gana terreno en el norte de Europa la creencia de que la laxitud de los países de la periferia es la causante de los problemas y de que los contribuyentes de los países "virtuosos" no deberían pagar por ello.

"Puede haber un fenómeno de cansancio. Además, todas las economías europeas acusan en mayor o menor medida el impacto de la de austeridad que ha seguido a los estímulos adoptados por la crisis", reconoce a Efe el portavoz de Economía en la Comisión Europea, Amadeu Altafaj, quien recuerda que antes que Grecia, recibieron ayuda tres países de fuera de la Eurozona -Letonia, Hungría y Rumanía-.

La reticencia de la opinión pública a los sucesivos rescates ha existido desde el comienzo en Alemania, pero se ha extendido a otros países como Eslovaquia o Finlandia, donde el ascenso electoral del partido euroescéptico Verdaderos Finlandeses fue impulsado gracias a una campaña populista en contra los rescates.

La unanimidad requerida para tomar decisiones de calado es la que permite que un partido que obtuvo la quinta parte de los votos en un país que sólo cuenta con el 1 % de la población europea pueda paralizar la toma de decisiones, incluso aunque éstas ya hayan sido comprometidas en Bruselas por el líder del país en cuestión.

Es el caso de la ampliación del fondo de rescate, de manera que pueda prestar los 440.000 millones de euros comprometidos durante su creación (750.000 millones, si se suman las aportaciones de la Comisión Europea y el FMI); o la creación de su sustituto, el Mecanismo de Estabilidad Europeo, que debería entrar en vigor cuando caduque su predecesor, en 2013.

También es el caso del programa de asistencia financiera a Portugal que está siendo actualmente negociado en Lisboa y que, si bien aún no ha sido rubricado por la Eurozona, sí recibió el apoyo preliminar de los ministros de Finanzas durante la reunión que se celebró a comienzos de mes en Hungría.

Sin embargo, las dudas sobre la efectividad de los programas de asistencia no son baladíes.

A la pregunta "¿está hoy Grecia mejor que hace un año?", el portavoz comunitario Amadeu Altafaj reconoce que el país sigue "en una situación muy difícil" y que le queda un camino "largo", que requerirá de "constancia" y "sacrificios" para salir de su situación "a medio plazo".

La economía helena se contraerá un 3 % este año y la deuda pública subirá hasta el 156 % del PIB en 2012, según estimaciones de Bruselas.

Estos datos, junto a los altísimos intereses que se siguen pagando por los bonos griegos, han fomentado los rumores sobre la posibilidad de que Grecia no pueda financiarse en el mercado cuando finalice el programa de apoyo internacional, en 2013, y tenga que reestructurar su deuda, que en 2010 ascendía a 328.000 millones de euros.

Para personalidades como el economista-jefe del Banco Central Europeo, Jürgen Stark, esta opción (que podría implicar un alargamiento de los plazos de devolución de la deuda o incluso una reducción de la cantidad adeudada) supondría un terremoto de consecuencias mayores que la quiebra de Lehman Brothers para la economía mundial.

Deterioraría aún más la percepción de los mercados sobre Grecia, pero también sobre el conjunto de la zona euro, al aumentar el riesgo de contagio a otras economías y afectar a importantes acreedores institucionales de Grecia como el propio Banco Central Europeo o los países de la zona euro, que le han prestado dinero en virtud del programa de rescate.

"Tendría efectos devastadores. Todas las instituciones financieras internacionales coincidimos en ello", insiste Altafaj en declaraciones a Efe, en las que critica a los "aprendices de brujo", que han especulado con esta posibilidad y que "seguramente tienen una agenda política detrás de eso".

En este sentido, Bruselas asegura que hará "todo lo necesario" para restablecer la confianza en torno a la capacidad del programa de asistencia para restaurar la sostenibilidad de la deuda griega.

Según la Comisión Europea, si éste "requiere ajustes", serán discutidos con las voluntariosas autoridades griegas durante las revisiones trimestrales -la próxima comenzará la semana que viene en Atenas-.

Así, cuando se cumple un aniversario del rescate, Altafaj zanja: "Es muy fácil especular con escenarios teóricos. En realidad, Grecia no tenía muchas opciones. La disyuntiva era entre la insolvencia, la bancarrota o aceptar la ayuda de sus socios europeos y poner su casa en orden".

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