Clases de religión en las escuelas públicas no violentan el Estado laico: Papa

"Es necesario reafirmar que la educación de una confesión religiosa en las escuelas públicas, lejos de significar que el Estado asume o impone una creencia religiosa particular, indica el reconocimiento de la religión como

Ciudad del Vaticano.- El Papa Benedicto XVI negó hoy que las clases de religión en las escuelas públicas violenten la laicidad del Estado y aseguró que las mismas garantizan el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos.

 

Eso lo afirmó en un discurso pronunciado ante el nuevo embajador de Brasil ante la Santa Sede, Almir Franco de Sá Barbuda, de quien recibió las cartas credenciales durante una audiencia en el Palacio Apostólico del Vaticano.

 

"Es necesario reafirmar que la educación de una confesión religiosa en las escuelas públicas, lejos de significar que el Estado asume o impone una creencia religiosa particular, indica el reconocimiento de la religión como un valor necesario para la formación de la persona", dijo.

 

"Además de no perjudicar a la laicidad del Estado, garantiza el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, contribuyendo así a promover el bien común", agregó.

 

Según el pontífice la educación no puede reducirse a una mera transmisión de conocimientos y habilidades orientadas a la formación profesional, sino que debe abarcar todos los aspectos de la persona, desde la faceta social al anhelo de trascendencia.

 

Señaló al ámbito educativo como uno de los espacios de cooperación mutua entre la Iglesia y el Estado en Brasil, donde los católicos contribuyen al desarrollo social no sólo mediante iniciativas concretas de asistencia, humanitarias o educativas.

 

Advirtió que la contribución de la Iglesia apunta, sobre todo, al crecimiento ético de la sociedad, impulsado por las múltiples manifestaciones de la apertura a la trascendencia y por medio de la formación de las conciencias para cumplir con los deberes de la solidaridad.

 

Por ello abogó por una "sana laicidad" que no considere a la religión como un simple sentimiento individual relegado a la esfera privada, sino como una realidad que, al estar organizada en estructuras visibles, necesita que la comunidad pública reconozca su presencia.

 

"Por lo tanto compete al Estado garantizar la posibilidad de libre ejercicio del culto de cada confesión religiosa, así como sus actividades culturales, educativas y caritativas, cuando no sean contrarias a la moral y al orden público", prosiguió.

 

"El gobierno brasileño sabe que puede contar con la Iglesia como un socio privilegiado en todas las iniciativas encaminadas a erradicar el hambre y la pobreza y a ayudar a los más necesitados a salir de su estado de indigencia y de exclusión", ponderó.

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