Siguen imparables los narcosecuestros-desaparecidos en el norte del país

El 60% de los casos ocurren en Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Nuevo León, según el “Informe sobre secuestro en México”, del Consejo para la Ley y los Derechos Humanos.

México.- México se colocó en primer lugar mundial en narcosecuestrados-desaparecidos, con 45 delitos diarios y más de 16 mil 500 casos al año.

 

Esa modalidad de violencia que se da principalmente en los estados del norte del país ha generado multimillonarias ganancias al crimen organizado y a las autoridades coludidas.

 

De acuerdo con el “Informe sobre secuestro en México”, del Consejo para la Ley y los Derechos Humanos, durante el presente año, sólo uno de cada 10 secuestros ha sido denunciado

 

El documento indica que en ningún caso se ha recuperado a la víctima, no se ha localizado su cuerpo, por lo que permanecen como desaparecidos, pese a que en muchos casos han pasado ya tres años de su captura.

 

Señala que el 60% de los casos ocurren en Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Nuevo León.

 

Según el organismo, una evolución en el modus operandi de este delito cometido por autoridades y delincuentes, con 45 casos diarios: por una parte se ha detectado un notable incremento en la participación de policías, ex policías y militares.

 

“Participan en siete de cada 10 secuestros y aplican en contra de la sociedad los conocimientos adquiridos para protegerla. Cada intento del Estado por combatir al crimen organizado se ve superado por esa peligrosa sociedad de policías y delincuentes”, dice el documento.

 

El diario La Jornada revela dolorosas historias de secuestrados como el caso de Roy Rivera Hidalgo, de 18 años, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y trabajador.

 

Al joven se lo llevaron el pasado 11 de enero; “lo sacaron de su casa, una vivienda llamativa de dos pisos que seguramente fue elegida al azar. Un comando de hombres con armas largas, uniformados, con chalecos de la policía de Escobedo, desprendió el portón durante la madrugada, mientras la familia dormía. Uno de los encapuchados preguntó frente a los dos hijos del matrimonio: ¿Quién es el mayor?, Roy levantó la mano, mientras a Ricardo, su hermano menor, lo golpeaban: Se llevaron también las camionetas, joyas, todo lo de valor, cuenta Ricardo, a quien la culpa de haber sobrevivido, gracias al valor de su hermano, no lo deja vivir en paz.

 

 “Nos llamaron: ‘Queremos un millón de pesos, si no te entregaremos la cabeza de Roy’, dijeron. Y pagamos el rescate a los dos días. Llegamos a un acuerdo: les dimos 750 mil pesos. Vendimos todo lo que teníamos. Nos dijeron que lleváramos el dinero a una iglesia de San Nicolás de los Garza y así lo hicimos, pero desde hace nueve meses no hemos sabido nada de él. La policía ni nos hace caso. Fuimos con la PGR, Marina, Ejército y nada, sólo nos dan papeles”, relatan los familiares.

 

Por este caso, señala el rotativo, finalmente detuvieron a unos cholos: Pero se apegaron al artículo 20 y no dijeron nada.

 

“Cuando detienen a un criminal lo primero que hacen es ponerle un abogado y nosotros, las víctimas, tenemos nueve meses sin ayuda legal. Es muy injusto”, señalan las víctimas.

 

El estudio señala que la forma de actuar de los secuestradores  ha ido cambiando, y en la era digital los delincuentes se valen de sistemas de espionaje para vigilar a sus próximas víctimas, como micrófonos GSM que permiten vigilancias desde cualquier lugar, y a través del tráfico de datos personales acceden a cuentas bancarias y registros de actividad telefónica de la víctima para determinar su nivel de vida.

 

Y es que a diferencia de la década anterior, donde el secuestro era particularmente  a personas con elevado poder adquisitivo y grandes fortunas, actualmente cualquier ciudadano puede ser secuestrado, no importa si es comerciante, obrero o desempleado.

 

Incluso hay casos registrados donde el rescate exigido por los delincuentes es una compra de supermercado que no rebasa los dos mil pesos, destaca el documento.

 

“En la década anterior el cautiverio de la víctima se prolongaba hasta un año; ahora se busca negociar en forma rápida y liberar o privar de la vida al secuestrado, en promedio, en 25 días”, añade.

 

Destaca que los narcosecuestros son cometidos para calentar la plaza en poder de grupos rivales, a fin de que el Estado envíe fuerzas federales y aumente la militarización de la zona:

 

“Profesores, jornaleros, comerciantes, desempleados, mujeres dedicas al hogar, cualquiera puede ser y ha sido blanco de estas acciones. El 75% lo componen hombres de 20 a 45 años de edad; 10%, mujeres de entre 20 y 35 años; 15%, jóvenes menores de 19 años de edad. El cobro de rescate es totalmente secundario y en la mayor parte de los casos sólo es una fachada. Éste fenómeno se agudizó con la presencia de grupos como La Familia Michoacana, Los Zetas, Los Pelones,La Línea, entre otros”, indica el estudio.

 

Con información de La Jornada

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