Exigen al gobierno ''no más sangre''

Crónica de un domingo diferente en la capital del país.

Cuando está a punto de iniciar una protesta en el Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México, un organillero toca “amor eterno”, que si se cantara diría: “como quisiera ¡ay!, que tú vivieras, que tus ojitos jamás se hubieran cerrado nunca y estar mirándolos… amor eterno e inolvidable…”. Una canción que, prácticamente, se le canta a los muertos.

Al poco tiempo, el rumor de la música se mezcla con el de una voz. La protesta ha iniciado. Apenas un par de bocinas bastan para hablarles a aproximadamente quinientas personas, casi todas ataviadas con playeras blancas y supuestas manchas de sangre, tal como se convocó para exigirle al gobierno federal “No más sangre”.

Uno de los oradores es un caricaturista mexicano: Rafael Barajas, el Fisgón. En su discurso improvisado, asegura que la “guerra” contra el narcotráfico que inició Felipe Calderón Hinojosa, hace ya más de cuatro años, fue para lograr la legitimidad, después de la cuestionada elección presidencial, en 2006.

Por su parte, José Hernández, otro monero de La Jornada, apunta que los asesores de Calderón le ordenaron manejar tres conceptos básicos, primarios y, sobre todo, falaces y engañosos: 1. Que los narcos son enemigos de México. 2. Que es correcto asesinarlos. 3. Quien cuestione lo anterior defiende a los criminales y no es un buen mexicano.

En la explanada ya hay gente en el piso. Tirados. Casi todos están manchados de tinta roja. Tanto que salpican el suelo. Tanto que se manchan las manos, el cuello, la cara…

De esa forma quieren recordar a todos los que han muerto en este sexenio de lucha criminal e institucional. Quieren que no haya más muertos en enfrentamientos violentos. Piden que no les toque estar en el lugar equivocado, en la hora incorrecta. En cierta forma, tienen miedo. Pero la exigencia de esta tarde, es con mucha vehemencia.

A pesar de que el Sol no es complaciente, cuando se les pide que se hagan los muertos, lo hacen sin titubear. Por un minuto, la explanada parece tener decenas de cadáveres insepulcros. Parece cementerio sin tierra. Parece un escenario más de guerra. En ese instante, se disparan decenas de flashes. Serán decenas de fotografías las que se tomen de este momento, en este país que exhibe a sus muertos en las primeras planas de los periódicos.

Manuel Amador afirma que participó en la protesta porque está en contra de la política de seguridad del gobierno federal.

“Los derechos humanos no pueden estar por debajo de los intereses políticos de los gobernantes”, sostiene el hombre, que no trae playera blanca pues prefirió mostrar su cuerpo manchado de rojo.

“El cuerpo como un espacio político para poder disentir, cuestionar… este gobierno criminal no cree en el diálogo, en la democracia…”, dice en la entrevista.

Para finalizar, piden que se guarde un minuto de silencio por los tres integrantes de la familia Reyes Salazar, activistas que fueron levantados el 7 de febrero pasado, por un grupo armado que los torturó, los asesinó, los enterró clandestinamente y después exhumó para dejar a la vista los cadáveres que fueron hallados el pasado viernes en Ciudad Juárez, Chihuahua. Un minuto de silencio por ellos y después cantarán el himno nacional.

Podrían guardar silencio por más muertos. Pero serían más de 30 mil minutos en silencio.

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