Recibirá Cenart exposición conjunta de Sebastian y "La Esmeralda"

* El artista se considera un apasionado escultor de tiempo completo

México, 26 Abr. (Notimex).- Enrique Carbajal, mejor conocido como Sebastián, es un artista plástico mexicano que realiza al mismo tiempo arquitectura, pintura, escultura, diseño, grabado e incluso diseño de moda, donde la geometría es fundamental.

Nacido el 16 de noviembre de 1947, en Camargo, Chihuahua, el escultor prepara una muestra conjunta con la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda", del Centro Nacional de las Artes (Cenart), que se inaugurará el próximo 3 de mayo en la Galería Central, sobre los procesos de cómo razona el escultor una obra.

La muestra estará integrada por animaciones que describen todos los pasos que sigue en la construcción de sus obras desde los planos hasta la realización de las maquetas.

En entrevista con el Consejo Nacional para la Cultura y las Ares (Conaculta), el artista reflexiona sobre su vida y obra y aclara que el seudónimo de Sebastian lo toma debido a que tres personajes en su vida lo relacionaron con el Santo San Sebastián de Botticcelli.

"Primero mi maestro de escultura, luego don Carlos Pellicer, el gran poeta mexicano y luego una crítica de arte franco-guatemalteca Edith Depurá. De una u otra forma todos me relacionaron y como fueron tres personas, ya a la tercera decidí cambiarme el nombre por esta relación.

Recordó que vivió en Chihuahua hasta los 16 años y desde joven empezó a trabajar para ganar dinero, primero en restaurantes y luego comprando ropa para venderla.

Una etapa que considera maravillosa, de hecho, dijo, "yo respeto mucho a ese personaje de la infancia y de la adolescencia que luchó de esa manera porque no hubiera podido llegar aquí. Yo era un joven sin recursos, no tuve becas y no tuve nada y aquí estoy, gracias a la voluntad, la fuerza, la pasión de ese adolescente".

Desde niño, agregó, "me imaginé ésto, de otra forma, no me la hubiera jugado, sabía que iba a ser famoso, que iba viajar por el mundo, que eso era lo que quería y lo logré".

Sebastián, agrega, es un artista difícil de definir, aunque en esencia es un norteño de corazón; gente sencilla del Norte, no hay más. "Soy de Chihuahua, de Camargo, de donde nació David Alfaro Siqueiros. Yo soy Sebastián y lo que he creado es un lenguaje. Tengo nexos con la geometría, con el constructivismo, pero también tengo nexos con las cavernas, soy un ser humano", explica en la entrevista.

Sobre la influencia de Siqueiros en su vida y su obra, Sebastian recuerda que la primera etapa de creación de su obra sí hubo influencia emocional, conceptual no tanto.

"En mi realización principalmente en el símbolo, en lo que el significaba para la pintura mexicana. Luego me di cuenta que en esto del arte, uno necesita tener una personalidad propia, un lenguaje particular, un lenguaje único, un lenguaje personal, un código bien establecido y entonces uno lo busca y creo que ya lo tengo ahora", anota.

El mundo de un escultor, opina, es sobre todo para él, su obsesión: la contemplación del espacio, del comportamiento de los volúmenes, de las formas y de la transformación de estos mismos en el espacio. Eso es lo que yo hago a grandes rasgos, y entonces eso se convierte en esculturas.

El artista ha realizado trabajos en escultura, pintura, diseño y grabado, que le han valido 11 premios, no obstante, aclara que él es escultor de tiempo completo.

"La escultura para mí es una pasión. Vivo para eso y de eso. Es una extraordinaria maravilla que uno pueda vivir de una vocación y del cariño que le tiene uno a su obra", asevera el autor de la célebre escultura de "El caballito", de Paseo de la Reforma.

Para él, la escultura es contemplación de la naturaleza y la transformación en una especie de segunda naturaleza.

Desde 1968 no ha dejado de trabajar realizando escultura y su fuente de inspiración ha sido, como la de todos, dice, la naturaleza, a nivel macro y micro, en lo cósmico y en lo macrocósmico.

Sobre qué tan fácil o difícil es hacer escultura monumental, sin caer en patrones repetitivos, el artista asegura que ha sido fácil por la pasión, vocación y voluntad.

Siempre, cuando hay esa pasión en las cosas aunque sean muy duras y difíciles se prestan fáciles porque hay pasión; uno lo hace con entrega y con mucho gusto. No me arrepiento de nada de las cosas que me han pasado en mi vida, incluso las negativas. Lo que algunos llaman fracasos, para mí siempre han sido aprendizajes y compresión.

Todo lo he utilizado para bien y poder seguir adelante.

Se le considera el Don Quijote de la modernidad porque renovó y descubrió la danza secreta de la geometría a través de sus esculturas que tienen un personaje central: su cubo flexible bautizado como Leonardo 4, aunque tiene otros llamados de diferente manera, siempre con el 4, en alusión a la cuarta dimensión.

Su interés por las matemáticas y luego por la geometría es una especie de intuición; una cuestión más o menos nata.

"Uno tiene una inclinación por algo por vocación, de repente descubro que la geometría es muy atractiva para mi imaginación y entonces me doy cuenta que es matemática y ésta es fundamental para la comprensión del universo y el desarrollo del hombre. Las matemáticas están en todo y son fundamentales, cuando me doy cuenta de eso, es como una materia prima extraordinaria para mi concepción", señala.

Sobre los colores que emplea en su obra monumental, dice que siempre son los primarios porque son los que mejor responden a los puntos de vista y gran distancia para hacerse presentes.

Su obra, define, es abstracta por la esencia geométrica-matemática, pues siempre tiene una relación de trazo matemático-geométrico.

"No me doy licencias. Hay algunas que evocan figuración, no es copia de la naturaleza, es evocación de lo que representan en mi lenguaje, siempre geometrizado, cualquier punto que toques lo puedes encontrar matemáticamente en el espacio. Toda mi obra está razonada, trazada, son tiempos y son transformaciones espaciales, topológicas".

Su trabajo suma 178 piezas monumentales y todas las considera obras maestras; para él, la obra de un autor es lo que lo hace existir y que permiten que las personas entiendan su lenguaje.

"Es como los poetas con las letras, con las sílabas, con las palabras, que dicen cosas muy personales y universales al mismo tiempo", señala.

Con más de 120 exposiciones en el mundo, desde Monterrey hasta Japón pasando por Alemania, Israel y Bélgica, añade que no tiene ciudad en la que le gustaría vivir, pues ama a México.

"México es extraordinario, tiene una carga muy fuerte como cualquiera de las grandes ciudades del mundo o más. Jamás dejaría México, por supuesto que he conocido muchas ciudades extraordinarias de las cuales me he apasionado y enamorado.

"Tengo tres ciudades preferidas en el mundo por lo que significa cada una: Jerusalén, Nueva York y México, luego vienen Tokio y otras ciudades importantes para mí creatividad, como París, pero las fuertes por la emoción, por el recuerdo, por la fascinación son esas tres.

"París porque es romántica, amorosa, sublime, melancólica, porque tiene una gama tremenda en su belleza urbana, arquitectónica, histórica y cultural que es tan profunda que ahí vibran cosas que lo hacen a uno emocionarse, suspirar y a veces hasta enamorarse", dice.

Además de esculpir, dice, descansa "haciendo adobes", pues cuando hace escultura monumental para descansar de repente hace joyería, para descansar de la joyería pintar o hace grabado y del grabado pasa al diseño arquitectónico o de ropa.

"Soy escultor de tiempo completo, soy obsesivo y compulsivo, ese es mi hobby siempre descanso trabajando, si no hago una cosa hago otra", añade.

En marzo de este año apareció en la portada de la revista "Líderes Mexicanos", eso significó un reconocimiento a una labor de muchos años de entrega y a una labor no sólo nacional, sino universal y además a un liderazgo, porque ser líder es de tiempo completo no es hacer una cosa y ser líder por un año y luego se acabó.

Ser líder, apunta, es una vida, es todo los días, es enseñar, mostrar lo que uno hace, producir, creer en lo que uno hace, en lo que produce, en la obra y producir una obra con sentido.

Finalmente, sobre si el arte en México se ha quedado estancado, sentencia seguro que "no, nunca".

México es un país productor de grandes artistas, así le vaya como le vaya económicamente, nunca va a dejar de producir grandes artistas, por una sencilla razón: México es un país de una raíz profunda e inquebrantable, una raíz cultural, una raíz histórica.

"Somos ancestrales y a pesar de los embates de todo lo que nos sucede, otra vez la raíz, el origen sale como tinta indeleble y vuelve a tomar presencia. México tiene la garantía en sus creadores de nunca perder esa fascinación por la creatividad, por la invención y por el hacer grandes obras", concluye el artista.

NTX/LCL/MCV/NMN/CULTURA09

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