Chernobil se abre a las visitas

El turista, al que se entrega un traje especial contra la radiación si así lo desea, puede viajar en grupo, previo pago de 100 dólares, o en solitario acompañado de un guía, lo que le

K IEV.— El lugar más inhóspito de la Tierra, la zona de exclusión que rodea la accidentada central nuclear de Chernobil, ha abierto sus puertas a los turistas, que pueden ver con sus propios ojos un paisaje apocalíptico.

 

“Todos los interesados son bienvenidos a visitar la zona de Chernobil. Queremos mostrar al mundo que Ucrania ya no es una amenaza nuclear” asegura Oxana Nor, directora de la agencia estatal Interinform, que organiza los viajes al corazón de la tragedia. Los ucranianos quieren aprovechar el interés por todo lo nuclear que ha despertado tanto el 25 aniversario de la mayor catástrofe nuclear, ocurrida en Chernobil el 26 de abril de 1986, como la reciente crisis ocurrida en la planta japonesa de Fukushima.

 

“Muchos extranjeros ya han mostrado un gran interés en viajar a Chernobil. Debemos satisfacer la demanda”, añadió Nor, quien insiste en que una estancia de varias horas en la zona es “absolutamente inofensiva para la salud”.

 

No obstante, antes de obtener el permiso para viajar a la zona, los visitantes deben firmar un contrato por el que la administración se exime de toda responsabilidad por cualquier perjuicio a la salud del visitante. Además, los menores de edad, igual que mujeres embarazadas y en período lactante tienen expresamente prohibido viajar a Chernobil, planta que fue clausurada en 2000, pero que aún alberga combustible nuclear.

 

El turista, al que se entrega un traje especial contra la radiación si así lo desea, puede viajar en grupo, previo pago de 100 dólares, o en solitario acompañado de un guía, lo que le costará unos 500 dólares.

 

La estancia en la zona no supera las 6 horas; no se puede fumar, salirse del itinerario oficial, beber alcohol, encender una hoguera ni tocar o llevarse ningún objeto, sean trozos de chatarra, plantas o simples pedruscos. “En las rutas que hemos elegido las dosis de radiación son mínimas. Esas sendas son segura”, explica Piotr Valianski, director del departamento de sanidad del Ministerio de Situaciones de Emergencia de Ucrania.

 

Durante la visita, el turista puede utilizar un contador Geiger, que en las zonas supuestamente desactivadas de Chernobil, muestra unos niveles de radiactividad varias veces superiores a la norma.


Los ecologistas y antiguos likvidátor (liquidadores) se oponen al turismo, al considerar que la amenaza radiactiva está presente, pero los expertos consideran que una estancia de varias horas en la zona es como tomarse una radiografía.

 

Las autoridades niegan que hayan abierto Chernobil al turismo masivo, ya que el objetivo es concienciar a los visitantes sobre las graves consecuencias para el hombre y la naturaleza de la irresponsabilidad en el uso de la energía atómica.

 

Sólo hay un tour a la semana con grupos de no más de 17 personas, viaje que incluye el trayecto en autobús, un almuerzo en la cafetería de la planta, donde trabajan cientos de personas para garantizar su seguridad, y una visita guiada.

 

“Este es un territorio que seguirá siendo radiactivo durante largo tiempo. Nadie ha modificado las leyes de la física. Algunos elementos radiactivos no desaparecerán ni en mil años”, apunta Marina Poliákova, una de las organizadoras de las visitas. Por ello, añade, los viajes a Chernobil “no son visitas turísticas. Turismo es descanso, diversión y alegría. En la zona no hay nada de eso. Aquí no hay turismo. Se trata de viajes para conocer la zona de exclusión”.

Con todo, el tirón de Chernobil se ha disparado desde que a principios de marzo se averiara la planta de Fukushima y, según la prensa local, se espera que decenas de miles de personas visiten la zona cuando Ucrania acoja la Eurocopa de fútbol en junio de 2012.

Un portavoz de Interinform comenta que muchos extranjeros sienten una irrefrenable curiosidad por ver lo que ha quedado de la localidad de Pripyat, a unos 4 km de la planta y es popularmente conocida como “ciudad fantasma”. Ahí los turistas pueden entrar en el edificio desconchado de la escuela, en el que permanecen sobre los pupitres las libretas y lapiceros de los estudiantes, y admirar la oxidada rueda de la fortuna que debía ser inaugurada un semana después de la tragedia. El asombro de turistas se transforma en inquietud al llegar a la verja que impide accesar al recinto que alberga el legendario sarcófago que cubre la planta.

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