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Columnas

Algas viajeras “cuestionan” a un López Obrador estacionado

@ruizjosejaime mar 25 jun 2019 18:49
¿Debemos preocuparnos por la salud discursiva del presidente?
¿Debemos preocuparnos por la salud discursiva del presidente?
Foto propiedad de: Internet

Nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador es un aborigen de la posverdad. Ya no sólo sus chicharrones truenan, la  realidad revienta por otro lado. El “yo tengo otros datos” o “yo tengo otras cifras”, ya no convencen. Sobre todo cuando le corrigen la plana los mismos colaboradores, como sucedió con el boletín y los números reales del IMSS en la caída de los empleos formales. 

En el imaginario individual de López Obrador el país va bien. No lo va. Su discurso repetitivo, aburrido y de disco rayado se confronta con la realidad. Asume que de 100 columnistas 95 son chayoteros. Anclado en el pasado (casi canción de Soda Stereo) ignora la contradicción discursiva de dar la vuelta a la página, pero mantenerse en las páginas anteriores. Tiene razón en muchos de sus señalamientos de la corrupción e impunidad pretérita, pero poco ha hecho para resolver aquella corrupción y, por no haber castigo, la presente impunidad.

¿Debemos preocuparnos por la salud discursiva del presidente?

Andrés Manuel dice que discute, pero no discute. Ante los cuestionamientos, prefiere decir que acepta el disenso, pero no es circular, no contesta. Evade. Decir que respeta la opinión del otro o la otra no es ninguna bienvenida al debate, al contrario, cancela el debate desde un suave autoritarismo presidencial. En efecto, no argumenta, cancela.

Podría repetir, sin menoscabo de sus diferencias, la misma impugnación de Ernesto Peña Nieto contra sus críticos: No hay chile que les embone. Cada poder es el poder, aunque la sordera sea similar. López Obrador empieza a ser un presidente sordo cuando desdeña las críticas. Cada vez más parecido a Carlos Salinas de Gortari: ni las ve ni las oye. Aunque las contesta.

En el tema del sargazo, soberbio, desprecia los problemas locales.

“Lo del sargazo es un asunto menor, en la Ciudad de México se recogen diariamente 13 mil toneladas de basura y en el sargazo significa recoger mil toneladas”.

¿Y ese comparativo a quién la importa? Nuevo hijo del centralismo, la periferia está de más. “Endocolonialista”, como en el caso del Tren Maya, la visión de Anáhuac, como el Imperio Azteca, la Colonia, la Reforma, la Revolución, Lázaro Cárdenas, se impone. “Ustedes son un problema menor, la basura de la CDMX es un problema mayor”, sin decirlo, lo dice. La federación agónica. Para quienes viven de la industria turística, para los habitantes de Cancún, el sargazo ES el problema, pero López Obrador ningunea.

“Me presentan un plan de emergencia, digo no. Este problema, como otros, se ha magnificado para cuestionar al nuevo gobierno; pero no hay motivo para preocupación”.

El problema menor del sargazo empieza a convertirse en un problema mayor. Las magnificadas algas conspiran para llegar a Cancún (la “marca” mexicana turística planetaria, AMLO dixit), Playa del Carmen y el Caribe. Esas algas viajeras y malechoras complotan, cuestionan conscientemente contra la Cuarta Transformación de Andrés Manuel. Tan pinches ellas.