lunes 22 de julio de 2019 | 06:30
Columnas

Hacia una nueva reforma electoral

@RaulAvilaOrtiz1 mié 19 jun 2019 19:17
Una mirada atenta a los primeros intercambios de ideas entre funcionarios electorales, líderes políticos, legisladores y expertos permite advertir tres grandes orientaciones y contenidos de las reformas por venir.
Una mirada atenta a los primeros intercambios de ideas entre funcionarios electorales, líderes políticos, legisladores y expertos permite advertir tres grandes orientaciones y contenidos de las reformas por venir.
Foto propiedad de: Internet

Desde la semana pasada iniciaron en la Cámara de Diputados los foros para la reforma electoral y del Estado.

El eje temático transversal que guía la discusión es la austeridad, lo que ha dado lugar a la propuesta y discusión de muchos otros tópicos relevantes del sistema electoral, de partidos políticos y de gobierno.

El.planteo en torno a la austeridad desde luego que luce pertinente en un sector de la arena pública que se tornó estratégico pero también costoso.

El alto costo del modelo electoral mexicano halla como causa la desconfianza entre los propios actores políticos y la ciudadanía, así como los intereses de la propia clase política dominante que ha financiado en exceso a  los partidos.

Desde la perspectiva de la política pública, en cualquier caso debe considerarse que los resultados han sido muy positivos puesto que se consiguió el propósito de garantizar el sufragio mediante elecciones libres, auténticas y periódicas, y se institucionalizó la pluralidad política y la alternancia en el gobierno en un país que por décadas fuera monocolor.

Al mismo tiempo, es claro que otros problemas surgieron y no han podido ser resueltos como lo es el financiamiento informal e ilícito de la política.

Ahora bien, una mirada atenta a los primeros intercambios de ideas entre funcionarios electorales, líderes políticos, legisladores y expertos permite advertir tres grandes orientaciones y contenidos de las reformas por venir.

Una es la reforma radical del sistema político (partidos, electoral y de gobierno) bajo la consideración de que el ciclo neoliberal lo produjo, dio resultados mixtos, fue manipulado, MORENA ganó pese a él  y debe ser rediseñado.

Otra es la reforma intermedia justificada en la necesidad de actualizar y adecuar normas e instituciones a los objetivos declarados en la convocatoria y agenda de los foros, pero sin tocar la arquitectura básica de las instituciones electorales porque de ella y su reconocido profesionalismo ha dependido y debería seguir dependiendo la correcta organización de los comicios y la resolución de sus conflictos.

Una orientación adicional es la de una reforma minimalista que tan solo ajuste las normas e instituciones en la medida en que se reduzca el costo del modelo.

Puede inferirse también que la orientación y hasta la oportunidad en que se mueva la reforma --antes o después de 2021-- dependerá de la negociación entre oposiciones y gobierno en torno al crucial tema de la revocación del mandato que tanto interesa al Presidente López Obrador.

No lo menos, si la política es causal y no casual, también influyen las negociaciones sobre las acciones anticorrupción que coincidentemente en los días que corren se han intensificado.

Los foros son apenas el inicio de una larga y compleja trayectoria hacia las reformas y las elecciones 2021 y 2024 en las que se juega la permanencia del proyecto morenista o una nueva alternancia.

En cualquier escenario reformista, esos comicios se enfrentarán al dilema de que si la desconfianza persiste el proceso electoral y sus resultados requerirán instituciones fuertes, independientes e imparciales que garanticen la integridad de elecciones libres, auténticas y periódicas.