lunes 22 de julio de 2019 | 06:31
Columnas

¿Qué hacer con eso llamado cultura?

@ocielmora vie 14 jun 2019 09:19
Miguel Barbosa, gobernador electo
Miguel Barbosa, gobernador electo
Foto propiedad de: Internet

El de la cultura es el único tema que por mérito propio se encuentra en el debate político del día a día en Puebla.

Su mayor manifestación tuvo lugar hacia finales del año pasado cuando se anunció que la gobernadora electa por las siglas del PAN, Marta Erika Alonso, repondría la Secretaría de Cultura, suprimida por su marido Rafael Moreno Valle ocho años atrás, y que nombraría al frente de la nueva dependencia a la señora Anel Nochebuena, la ex directora del Instituto Municipal de Arte y Cultural (IMAC), y para entonces subsecretaria del ramo en el gobierno estatal.

No sin razón, la comunidad se levantó en contra de la virtual designación. Se adujeron muchos motivos, todos relacionados con su paso por el ayuntamiento capitalino, como falta de eficiencia en las acciones, frivolidad, discriminación y hasta favoritismo en la adjudicación de programas y proyectos.

Por ejemplo, los pueblos indio en el municipio quedaron excluidos de las acciones del IMAC,  no obstante su presencia en las 16 juntas auxiliares; los artistas callejeros fueron perseguidos, y otros obligados a sufragar parte de sus ganancias.

La desaparición definitiva de la gobernadora en funciones, y el nombramiento de un nuevo gobernador y un nuevo gabinete, a finales del años pasado, resucitó el rechazo a la señora Nochebuena. El gobernador interino fue sensible al clamor del gremio y determinó separarla del cargo.

Miguel Barbosa –gobernador electo– ha ratificado el compromiso de crear la SC, y que su titular (hombre o mujer) será nombrado de cara a la comunidad. Se trata de un buen paso pero no suficiente.

Sin embargo, ha reaparecido la sombra de Nochebuena, y se ha metido a la disputa por el nuevo puesto. Nuevamente la comunidad ha protestado. Hay que decir en este punto, que en el interludio de unos cuantos meses, fue nombrada en el puesto la historiadora Monserrat Galí, una mujer con una larga experiencia en el terreno, a nivel federal y estatal.

Uno de sus grandes logros, en unos cuantos meses, tal vez semanas, es que alcanzó la estabilidad del gremio y redujo el nivel de polarización que suscita el nombre de la señora Nochebuena.

En grandes pincelazos, es el estado que guarda la relación entre la comunidad cultural y el gobierno en funciones.

¿Qué hacer en materia de cultura, tratándose de un estado como Puebla, en la que tres de cada cuatro sobreviven en condiciones de pobreza y vulnerabilidad, con índices de inseguridad que antes sólo se veían en Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, con un incremento endemoniado de feminicidios, que obligó a las autoridades federales a emitir el decreto de Alerta de Género, con una democracia electoral precarizada, con unos medios de comunicación sometidos y bribones, con una sociedad polarizada, irreconciliable y con una clase política corrompida por la soberbia de los cargos?

Rafael Segovia, uno de los estudiosos del Colegio de México y autor de trabajos clásicos en la materia, solía afirmar que la política cultural es indicativa del estado de la democracia. Porque finalmente la cultura tiene que ver, en primerísimo lugar, con las libertades públicas y su ejercicio, la tolerancia, la cohesión social, y el principio de pertenencia.

Es la epidermis de la sociedad. La cultura sacó al hombre de su estado peludo y lo puso en el estado moral que lo vemos hoy. Y hoy se corre el riesgo de que sea devuelto a su condición primitiva. Veamos.

  1. Independientemente de que el gobernador cumpla su palabra nombrando en el puesto a una persona de cara a la sociedad y al gremio, debe ser un perfil sin tacha pública, con experiencia en el diseño y ejecución de políticas culturales, goce de reconocimiento entre la población y el gremio, y de continuidad a las bases puestas por la actual subsecretaria, la señora Monserrat Galí. Creemos –sinceramente– que ella misma es un muy buen candidato para consolidar lo que empezó.

  • Es digno de reconocer la promesa del gobernador de “llevar la cultura” a los 217 municipios, sin embargo, hay que precisar que no basta con poner al alcance de la población nuevas expresiones, sino que es imperativo comenzar por dinamizar las culturas locales. Tan ricas en expresión y contenido como las demás. Hay que precisar que la cultura de Puebla no se circunscribe a lo que ocurre en la ciudad, aunque en efecto tiene su importancia.
  • Hay que descentralizar aquella infraestructura cultural que sea descentralizable, y construir en aquellos lugares en las que haga falta. Como se sabe, por uno de esos errores de planeación que ponderan la ciudad por encima de todo lo demás, los teatros, los museos, las salas de concierto, auditorios, se encuentran concentrada en la capital de la entidad.
  • Hay que impulsar una política enérgica de defensa del patrimonio cultural, edificado y no edificado (intangible). En coadyuvanza con el INAH e INBA. La presencia abrumadora de las redes sociales y su uso masivo entre jóvenes, genera cambios precipitado en la composición de las culturas locales. Hay un desplazamientos de elementos, sin que nadie los registre. Hay que proteger el patrimonio documental, los archivos municipales y parroquiales, el patrimonio fotográfico, musical, la danza y todas las expresiones del hombre.
  • Lo más importante es que se reconozca que, en materia de cultura, el deber del estado no es su orientación, sino el financiamiento. El financiamiento debe tener un principio de pares. Las becas, como programa central de incentivación a la creación, deben entregarse con base en criterios estrictos, previamente diseñados y aprobados por expertos en cada rama de la creación. Las ciudades grandes no deben privilegiarse en detrimento de las pequeñas, los pueblos y localidades. Los pueblos indios, por su condición histórico, al igual que el libro, como fuente de humanismo, se merecen un papel protagónico en un programa de cultura democrática, como el que se postula.