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Columnas

En la política, autoritarismo y autoridad

@rasocas mié 22 may 2019 09:47
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Los opositores a las políticas del presidente se desgarran la garganta esparciendo la idea de que es un dictador, que está llevando el país a la quiebra, que viola recurrentemente la Constitución, que no respeta la independencia de los poderes, que es un autoritario. ¿Realmente la verborrea chafa de estos guías del rumor tenebroso tienen elementos para afirmarlo? ¿Hay signos y hechos que lleven a estas irresponsables declaraciones? ¡NO! Lo que pasa es que estos señores están jugando con la mentira, se empeñan en dejar constancia de su pobreza intelectual, no les importa navegar en aguas turbulentas, no tienen ninguna propuesta alternativa de gobierno a la que está implementando el jefe del ejecutivo federal. ¡No se dan cuenta que su lenguaje truculento los está llevando a la quiebra ética y moral y de paso a un desgaste evidente que los pone en el límite de su desaparición!

Hace tiempo la escritora y maestra universitaria sirio-mexicana, Ikram Antaki escribió un libro, de 26 que había producido hasta 1976, llamado El Manual del ciudadano contemporáneo (*) Después de haberlo leído muchos años atrás, lo volví a bajar de mi biblioteca personal para buscar en él algunas de las cuestiones que sobre el autoritarismo había compartido con sus alumnos de la UNAM.  La relectura la hice con otros ojos. Pues muchas de sus ideas sobre este tema, habían pasado desapercibidas cuando este texto estuvo por primera vez en mis manos. Ikram Antaki escribió: “La autoridad puede hacer crecer a quienes la siguen, no es un asunto intelectual, la autoridad consiste en la capacidad de obtener de otros algunos comportamientos por simple convencimiento. Es una disposición personal que permite hacerse obedecer sin recurrir a la fuerza”. El usufructuario de la autoridad tiene que ganársela”.

Veamos qué dicen y escriben los actores que hoy se confrontan en la vida política del país. Por un lado, la autollamada oposición no crece ni es creíble porque no goza de ninguna autoridad, no mostró capacidad alguna en su gestión de gobierno, resultó incompetente y corrupta cuando estuvo al frente del Estado, no hizo nada para modificar las políticas de un régimen autoritario. Su principal apoyo dependía de la policía y el ejército, de su obediencia a las políticas del FMI y del imperio norteamericano. Nunca atendió las demandas del pueblo, perdió por completo el consenso social y se convirtió en una lamentable pesadilla para la población.

El otro actor en estos debates políticos es el actual presidente de la República. Como luchador social, como opositor a los anteriores regímenes y ahora como jefe del ejecutivo federal, ha estado en permanente consonancia con la aplicación del derecho aun cuando esté en contra de algunas de las leyes. En los más de treinta años que ha participado al lado del pueblo en las luchas sociales, siempre ha puesto por delante la consulta popular. La autoridad política de la que goza es justo el resultado de un comportamiento político alejado del autoritarismo y de la aplicación de les leyes.

Si alguien ha recurrido a la gente en demanda de un apoyo consciente, informado y dispuesto para atender sus demandas ha sido el presidente. En un ejercicio común, han sido éste y su pueblo quienes vienen empujando un proyecto democrático para sacar adelante a la población más necesitada del país. Esta es la razón por la que ninguna de las rabietas y acusaciones temerarias de la oposición encuentra eco en la mayoría del pueblo. La gente, por fin, ha sabido distinguir lo que significa la autoridad de un gobernante empeñado en representar los intereses del pueblo y lo que históricamente ha contenido el autoritarismo que se ha padecido en los tiempos del PRI y del PAN.

Ikram Antaki escribió que “la autoridad llega a desaparecer cuando falta la fuerza de la razón. Si esto ocurre, lo que entra en funciones es la influencia de la pandilla, el autoritarismo y la imposición. Las sociedades modernas consideran que obedecer a ciegas es una vergüenza” Es aquí donde la “oposición” se topa con lo que considera un nudo gordiano. Habla de que hay que respetar la Constitución, las instituciones, el orden establecido, pero cuando lo que se abre paso es el peso de la autoridad, no el autoritarismo, entonces los ahora derrotados en la política, se la pasan llorando y calumniando.

Pericles sostuvo en su tiempo que la autoridad es fundamental para atender las protestas del pueblo. “Para ejercer sus derechos, los gobernantes deben ejercer poco poder y mucha autoridad. Para hacerse obedecer, hay que evitar lo que hacen muchos poderosos. Hay que descansar en la legitimidad, esto es, en la aceptación. La legalidad no basta, los gobernados deben percibir, siempre, el peso de la autoridad no del autoritarismo”

(*) Ikram Antaki, El Manual del ciudadano contemporáneo, páginas 65-140 Editorial Ariel