martes 21 de mayo de 2019 | 12:53
Columnas

Las reformas de AMLO: la 4T necesita “ejércitos intelectuales”

@jos_redo jue 16 may 2019 09:57
Alfonso Cepeda Salas
Alfonso Cepeda Salas
Foto propiedad de: Internet

Las Reformas Educativa y Laboral, abren importantes posibilidades para impulsar, en el mediano plazo, una transformación democrática e igualitaria en el plano de las organizaciones sindicales y la relación del Estado con trabajadores, empleados y colectivos sociales.

Sin embargo, los diversos actores involucrados deben actuar con compromiso y altura de miras si queremos que dichas reformas tengan los efectos esperados. Tengamos presente que las reformas legales, por sí solas, no transforman nada, y qué mejor ejemplo que las reformas estructurales de Enrique Peña Nieto.  

Por eso, se debe comentar la postura del líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Alfonso Cepeda Salas, cuya actuación gravita en el ámbito de las dos reformas mencionadas, tanto la Educativa como la Laboral. Cepeda Salas declaró a finales de abril: “los maestros son el ejército intelectual de la Cuarta Transformación del Presidente Andrés Manuel López Obrador.”

El papel de las maestras y los maestros es fundamental para transformar la educación y, por ende, transformar al país. Luchan todos los días con grandes esfuerzos individuales, pero también constituyen una organización sindical histórica; por lo tanto, tienen que fortalecer sus capacidades de trabajo, de análisis y de acción política. Para nadie es un secreto que el sindicalismo siempre ha estado asediado por la derecha y  por los grandes grupos económicos y financieros, para quienes un país sin sindicatos es lo ideal. De ahí la importancia de que la acción sindical de un gremio tan importante como el SNTE, sea congruente y visionaria.

Por esa razón, la declaración de Cepeda suena extravagante y ajena a esta época en que, precisamente, las tendencias políticas y sociales apuntan a profundizar las libertades y la democratización de todos los ámbitos de la vida pública nacional. La Reforma Laboral establece obligatoriamente la democracia sindical, pero frente a esa oportunidad histórica, el líder formal de los maestros pone a sus agremiados al servicio del poder.

Cepeda no solo se arroga la voluntad de cientos de miles de maestros para expresar que apoyarán la Cuarta Transformación, además imprime a ese supuesto apoyo un carácter militar. En efecto, es altamente significativo que el líder formal haya utilizado la metáfora del “ejército intelectual”, porque esa imagen se asocia con una relación vertical entre los maestros y el Presidente AMLO, una relación de disciplina y sometimiento al Jefe, como ocurre en todos los ejércitos.

Ya ni hablar de congruencia, porque tal virtud solo distingue a un puñado de sindicatos y líderes, pero en este caso hay que recordar que, apenas hace unos años la misma dirigencia formal de los maestros apoyó sin reservas la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, a pesar de que conculcaba seriamente sus derechos laborales. Eso sí, tal apoyo a la reforma de Peña, si bien fue entusiasta, estuvo exento de énfasis militar.

La última vez que un personaje con liderazgo, empresarial en este caso, se ofreció a sí mismo, a su empresa y a sus empleados como soldados del Presidente, se trató de Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa, quien brindó su apoyo incondicional a Carlos Salinas de Gortari y al PRI. Nada bueno, en términos sociales, surgió de ese ejército mediático al servicio del poder.

La cuestión tiene mucho fondo, porque es de esperarse que, desde diversos sectores sociales, económicos, culturales y políticos, se le tome la palabra al Presidente López Obrador, quien ha afirmado que la Cuarta Transformación incluye la democratización del Estado, de los sindicatos, de la política social y de la economía.

Sería deseable que actores tan influyentes como el SNTE y muchas otras organizaciones, promuevan formas de organización y lucha democrática para construir una nueva relación con el Estado, y a la vez, impulsar una nueva cultura de libertad, diálogo, transparencia y rendición de cuentas en los sindicatos, para procesar de forma colectiva, deliberativa y democrática las decisiones estratégicas que permitan mejorar sus condiciones salariales, de seguridad social, desarrollo profesional y responsabilidad social.

Sobre todo, en un gremio con tanta diversidad entre sus integrantes como lo es el de los maestros. En el plano político e ideológico, si bien los maestros tienen una orientación popular en general, existen múltiples posturas tácticas en lo relativo al posicionamiento político como sindicato. De ahí que el ofrecimiento del líder formal del SNTE de convertir a los maestros en el Ejército Intelectual del Presidente AMLO, es, por decir lo menos, un exceso retórico que refleja incapacidad para “olfatear” los cambios políticos que reclama la sociedad y, supuestamente, impulsa la 4T.  

Si los maestros quieren ser el ejército intelectual de AMLO, que lo decidan ellos en un amplio proceso de análisis y discusión, ejerciendo sus derechos y libertades en materia de democracia sindical que ofrece la Reforma Laboral. Que decidan y voten, ese y otros aspectos cruciales de su agenda estratégica. Seguramente, porque la democracia y las libertades suelen ser expansivas, los maestros no avalarían una relación de sumisión con el poder, se los pida el líder que se los pida. Lo mismo deberían hacer los demás sindicatos, grandes y pequeños.

Lo que no abona nada, ni al fortalecimiento de los derechos laborales, ni a una interlocución igualitaria con el Estado y mucho menos a mejores condiciones de vida, son los enfoques de la vida sindical que siguen privilegiando posturas autárquicas e ignoran los reclamos y la necesidad imperiosa de democratizar el mundo del trabajo para que los trabajadores den la pelea ante las poderosas filas de la derecha.

Insisto, sobre todo en tratándose de las maestras y maestros de México, quienes, como dijo un vocero de la OCDE este Día del Maestro, realizan un trabajo heroico, bajo condiciones mucho más adversas respecto a las de sus colegas de los países desarrollados: su sueldo es menor, su formación es insuficiente, la infraestructura es precaria, el número de alumnos que atienden es mucho más grande, y un largo etcétera. Si esa es la realidad hoy de los maestros, al menos que puedan decidir libre y democráticamente si quieren ser un ejército al servicio del Presidente o ser los agentes de transformación social que mandata el nuevo Artículo 3º de nuestra Carta Magna.