sábado 25 de mayo de 2019 | 11:16
Columnas

La inanición del Estado mexicano

@FernandoNGE mar 23 abr 2019 16:32
El Estado mexicano está flaco, muy flaco, y lo quieren enflacar más.
El Estado mexicano está flaco, muy flaco, y lo quieren enflacar más.
Foto propiedad de: Internet

 

Plaza Cívica

Al país lo están debilitando, sin querer queriendo. El presidente de la República tiene como fin una “Cuarta Transformación”, aunque elimina los medios para hacerlo. El jefe de Estado mexicano tiene prisa y corre sin darse cuenta que se auto-sabotea, lo que solo augura una caída. Y el problema es que esa caída no solo representará en mayor medida el fracaso de su gobierno, sino la de todo el país.

Existen dos profundas contradicciones en la actual administración federal. La primera es proclamarse como un gobierno de izquierda, mientras se dedican a adelgazar al Estado mexicano. La segunda consiste en apurar al gabinete federal para llevar a cabo los planes sexenales, mientras se les quitan los instrumentos necesarios para realizarlos.

 

El adelgazamiento del Estado mexicano que se está llevando a cabo se realiza sobre un cuerpo ya de por sí delgado. Realmente no se está removiendo grasa indeseable, pues poca hay, sino el poco músculo existente, el cual resulta esencial. Pongámosle contenido a las palabras, y veamos tres rubros esenciales: gasto público, balance fiscal y burócratas empleados.

 

Según cifras de la OCDE (Government at a Glance 2017), el gasta público en México es de 24.5% como porcentaje del PIB, mientras que en el resto de los países de la organización la media es de 40.9%. Por otra parte, el balance fiscal en México es de      -0.9%, mientras que en los demás países la media es de -2.8%. Finalmente, aunque México no reporta número de burócratas empleados como porcentaje del empleo total, la media para países de la OCDE es de 18.1%. Lo anterior nos indica tres cosas. Primero, el gasto público en México es muy escaso. Segundo, México recauda muy poco. Tercero, aunque desconocemos la cifra de empleados públicos como porcentaje del empleo total, puedo asegurar que es muchísimo menor a la de aquéllos países de la OCDE. ¿Por qué? Precisamente porque recaudamos poco, gastamos poco, y tenemos importantes déficits en policías, jueces, médicos, etc. En esencia: no hay exceso de burócratas, sino escasez.

El Estado mexicano está flaco, muy flaco, y lo quieren enflacar más. Nos quieren hacer creer que el “ahorro” vendrá de despedir a asesores y secretarias, y aunque sin duda hay abusos y se deben combatir, en la práctica no repercutirán sustancialmente. El “ahorro” realmente provendrá del recorte a servicios básicos fundamentales y servidores públicos esenciales.

 

Ejemplos abundan. Recortes presupuestales a institutos y hospitales de alta especialidad, lo que ya se traduce en menos servicios y menor personal de salud. Recortes presupuestales en la banca de desarrollo que ya han producido la renuncia de alrededor de 300 directivos, muchos sustituidos por trabajadores de base. Recortes presupuestales en el SAT que han producido el despido de cientos de servidores públicos en distintos estados del país sin justificación alguna. Y podríamos seguir. El exceso queda claro cuando inclusive un empresario sin experiencia en el sector público como Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, recientemente comentó en una reunión con socios de la American Chamber Mexico (AmCham): “Pasaremos de una austeridad republicana a una pobreza franciscana. La semana pasada, en las últimas dos semanas nos han pedido más recortes. El problema de recortar tanto es que veo a las secretarías agobiadas, por eso las defiendo, porque les quitaron gran parte de su presupuesto y de la gente.”

Parece ser que el presidente de la República ha regañado a sus secretarios de estado ante el rezago en la implementación de sus programas sociales, y crece su impaciencia. ¿Qué pasará cuando no sean implementados a cabalidad ante la imposibilidad por los recortes realizados, con un presidente que tiene un don para crear chivos expiatorios, culpar a otros, polarizar?

 

Lo que sucede cuando el jefe del Estado mexicano ama la parte de jefe, pero desprecia la parte de Estado.

 

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