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Columnas

Mi Semana Santa

@panaclo jue 18 abr 2019 08:27
 Cada viernes Santo, a las 3:00 pm buscaba un lugar aislado y me ponía a orar.
Cada viernes Santo, a las 3:00 pm buscaba un lugar aislado y me ponía a orar.
Foto propiedad de: Internet

Quizá a nadie le pudiera interesar cómo he vivido durante mis 45 años la Semana Santa. Si bien siempre he sido profundamente creyente, hoy por hoy no soy muy apegada al catolicismo. Pero en mi época infantil y en mi juventud la Iglesia jugó un papel fundamental en mi vida.

Tuve una hermana que me amó y me habló de Dios. Ella me enseñó  a creer en él y a rezar, me llevaba 13 años así que fue una madre para mí. Falleció hace 3 años por cáncer. De niña me pedía que la acompañara a misa, era algo que nos gustaba hacer, me impresionaba todo ese ambiente de paz y de quietud que se respiraba. Mi vida de infancia fue un tanto caótica y ahí encontraba paz. Años después decidí ser catequista y la verdad recuerdo con mucho amor esas épocas, claro que me gustaba salir y divertirme como toda joven pero para mí era vital levantarme temprano los sábados para dar mis clases de catecismo a niños chiquitos.

Cada Semana Santa, cuando niña, viajábamos mi madre, mi hermana y yo a Puebla. Mi madre de origen poblano tenía a la hermana que más amaba viviendo ahí, nosotros éramos de CDMX, si bien los días Santos eran de Alegría y diversión para muchos, para mí eran días de recogimiento , de un extraño aislamiento sin imposición alguna para una  Niña y después adolescente. La familia de mi madre, ellos sí, fervorosamente católicos, rezaban los días Santos.

Y nadie podía salir a divertirse a bares o lugares de entretenimiento, a mí eso me parecía lo adecuado. No concebía a gente divirtiéndose olvidándose de lo que Dios había pasado. Ese era mi imaginario por aquellos ayeres. Cada viernes Santo, a las 3:00 pm buscaba un lugar aislado y me ponía a orar.

Un día mi prima mayor que yo me descubrió. Se quedó muy impresionada de saber que alguien tan joven se tomara ese tiempo para orar.

Siempre he creído que quizá en otra vida fui monja y habite en un convento. Me gustan los conventos. Quise ser monja y en la familia de mi madre había muchos sacerdotes . Mi mamá me llevó con ellos pero me dijeron que ese no era mi camino. Nunca supe por qué me lo dirían .  Hoy ya en la madurez no dejo de detenerme a pensar que hay un Dios, o energía , o pacto con el universo que nos sigue manteniendo anclados a esta vida . Que mucha gente no cree y no me gusta llamarla atea, pero que seguramente se detiene a pensar de donde ha venido y cuál es el fin de su existencia  

En fin, sólo quería compartirles parte de lo que fue mi vida en una Semana Santa de tantas.