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Columnas

Andrés Manuel va a la Sinfónica

@NietzscheAristo lun 25 mar 2019 15:22
A López Obrador y a su esposa Beatriz Gutiérrez les encanta la trova, son amigos de Silvio Rodríguez.
A López Obrador y a su esposa Beatriz Gutiérrez les encanta la trova, son amigos de Silvio Rodríguez.
Foto propiedad de: Internet

Hace ya varios lustros, la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta de Enrique Diemecke, ideó una temporada con la frase publicitaria ¡La Sinfónica va al Cine!, que con éxito presentó en el Teatro del Palacio de Bellas Artes música, principalmente clásica, utilizada en el cine. La naranja mecánica, Apocalipsis ahora, Muerte en Venecia, Amadeus, Farinelli, etcétera. 

Ahora que López Obrador ha recibido su primer abucheo como presidente al inaugurar el nuevo estadio de béisbol del equipo Diablos Rojos, en la Ciudad de México, haya sido espontáneo o inducido (hay más indicios de lo segundo, como testimonia la reportera Sandy Aguilera; le fue vedado el acceso a un punto del estadio de donde después vendría el griterío), tengo que pensar una vez más lo que he pensado desde que anunciara y promoviera de manera obstinada su amor por ese deporte: sería mejor que el presidente mexicano impulsara la cultura. O cuando menos, junto al deporte en general -no sólo al béisbol por un apego personal-, el arte y la cultura también. De hecho, tengo pendiente un texto que confronta a cierto género de la música clásica y el béisbol.

Y habría sido mejor saber, ver y leer una noticia como “AMLO va a la Sinfónica”, a inaugurar la nueva temporada de la orquesta, que saber, ver y leer que fue a inaugurar un estadio de béisbol donde ha sido abucheado.

Primero, porque la música es la manifestación más universal del arte y la cultura que pueda existir. El béisbol no es y nunca será el mejor deporte del mundo, “el rey de los deportes”, como pregona López Obrador, por mucha “cabeza, corazón y carácter” que se necesite para disfrutarlo y/o practicarlo. Lo es sólo para él y quienes se apasionan por él, mas no es una verdad universal. De entrada, en un país enfermo de obesidad, sobrepeso y diabetes, el de “la pelota” no es el deporte más adecuado para curarlo; le iría mejor con el atletismo y otras disciplinas deportivas. Lo normal en México es observar al beisbolista panzón que celebra el triunfo o la derrota con cartones de cerveza. 

Inducido o espontáneo, el abucheo expresa lo que muchas veces se quiere negar, la división entre la sociedad. Aunque en esa ecuación la porción que apoya y aprueba al presidente sea mucho mayor; como muestran las múltiples encuestas. Pero me parece que la respuesta al abucheo no ha sido la más adecuada, el concepto y el lenguaje son prescindibles a estas alturas: “fifís”, “hipócritas”, “conservadores”, “mafia del poder”, ¡cuando departe la inauguración con uno de los miembros de esa mafia, Alfredo Harp Helú!; que da asimismo su nombre al estadio. 

Ya es tiempo de que López Obrador se decida a gobernar para todos también en el concepto y el lenguaje (ya lo hace con el desarrollo de los distintos programas sociales del gobierno), que deje de lado la confrontación que ejerce todos los días a pesar de su discurso de unidad y conciliación. De no ser así, la rispidez continuará y aumentará. Yo sugeriría dejar de lado ese lenguaje que sus seguidores acríticos y aun fanatizados, repiten a coro tras de él. Si la reflexión tras esta experiencia no la hacen los opositores, tendría que hacerla el presidente.

Si bien la minoría política incapaz de banderas válidas para ser una oposición verdadera ha celebrado como un triunfo el abucheo del fin de semana, la realidad es que continúa acéfala, sin programas ni objetivos más que el ataque en las redes sociales o los mensajes desatinados, prácticamente descerebrados, del presidente del PAN; como el increíble lanzamiento de una “alerta internacional” tipo Juan Guaidó. 

También es tiempo ya de que López Obrador, junto con los importantísimos temas de la corrupción, la inseguridad, la educación, la salud, el empleo, dedique espacio al arte y la cultura, donde igualmente se registran problemas de corrupción, de conducción (ya incluso renunció el director del FONCA), de definición de prioridades, de revisión de necesidades, de verificación de los perfiles de quienes administran ese ámbito crucial para contribuir a pacificar y a mejorar cualitativamente al país. 

¿Por qué no invitan la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto y la directora general del INBA, Lucina Jiménez, al presidente de la república a un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional? Y ya que no se hizo para la inauguración en febrero pasado, quedan aún 11 programas dentro de primera temporada 2019 para elegir. O puede ser a la inauguración de la segunda temporada en otoño. ¿O por qué no lo invitan Claudia Sheinbaum o Suárez del Real a la Filarmónica de la Ciudad de México? Le vendría bien a la cultura la presencia del presidente en un concierto clásico, sería una muy buena y suave señal. Hasta el programa pueden diseñar con anticipación. 

Por ejemplo, a López Obrador y a su esposa Beatriz Gutiérrez les encanta la trova, son amigos de Silvio Rodríguez. Pues bien, en 1991, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba estrenó Suite al Amor, del cantautor cubano -en el Teatro Mella de La Habana, dirigida por Manuel Duchesne Cuzán y con un buen arreglo orquestal de Juan Márquez-, interpretada por el propio Silvio.