miércoles 24 de abril de 2019 | 08:01
Columnas

¿Creencia o verdad?

@maloguzmanvero mié 20 mar 2019 06:24
Que Andrés Manuel firme o no firme un compromiso de no reelección, en realidad es intrascendente. Habrá quienes le crean y quiénes no quieran hacerlo. En el 2024 sabremos si el documento es válido o no.
Que Andrés Manuel firme o no firme un compromiso de no reelección, en realidad es intrascendente. Habrá quienes le crean y quiénes no quieran hacerlo. En el 2024 sabremos si el documento es válido o no.
Foto propiedad de: internet


“Camina lento, no te apresures, que donde tienes que llegar es a ti mismo”. Ortega y Gasset
“La verdad no demanda creencias”. Dan Barker
“La barrera más inamovible de la naturaleza es la que hay entre las creencias de un hombre y de otro”. William James
“El hombre no es esclavo de su destino, solo prisionero de su mente”. F.D. Roosevelt
“Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo, pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme". Mario Benedetti

 

La vida diaria y la política

¿Cuántas veces hemos escuchado que no se puede discutir con alguna persona porque no entiende de razones? ¿Cuántas veces nos han espetado un argumento carente de sustancia? ¿Por qué en ciertas mesas está prohibido hablar de política, religión y futbol? La causa es sencilla: no procesamos racionalmente o, lo que es lo mismo, no siempre existe una única verdad.

Más que estar a favor o en contra de AMLO, más allá de su popularidad o no, lo que en el fondo existe es una división entre aquellos que CREEN en él y los que no. No importa si lo que dice y hace tiene sustento o no, si trata de conciliar ánimos o no, tampoco si agrede a ciertos sectores o no, o si da cifras incorrectas o no. Lo único que realmente importa es si le creemos o no; si lo apoyamos, no importando sus dichos, o si lo defenestramos, aunque esté en lo correcto.

Ejemplos sobran, pero valgan estos:

√ Se le exigió a Andrés Manuel, que firmara una carta diciendo que no buscará la reelección. Podrá estar bien o mal redactada, demostrar resentimientos, pero la firmó. Mientras, podía haber dicho que amparándose en la Constitución, la reelección es ilegal e imposible en nuestro país. Lo cierto es que lo hizo, la realidad es que hay mucha gente que no considera esté bien hecho.

√ La cancelación del aeropuerto. Las caídas (pérdidas) en los rendimientos de las afores, de la confianza del inversionista, el descenso en turismo, el costo casi el mismo de terminarlo o suspenderlo. ¿Es un error el no llevarlo a cabo? Sin embargo, no se acepta debatir con razones.

√ Un ejemplo más: cuando EPN invitó a Trump, fue el acabose (¿con razón?), pero que hoy venga Krushner (cuñado del trompas y amigo de Videgaray) no tiene nada de malo porque lo recibe AMLO...

En fin, no sabemos medir con la misma métrica, ni estamos dispuestos a aceptar lo que está bien/mal en el opuesto. Con lo cual perdemos objetividad; no somos capaces de aceptar que a veces el personaje en cuestión (el presidente en este caso) puede equivocarse (cuando se trata de nuestro “gallo”/ganso) o que está en lo correcto (si el ganso no es lo nuestro y además ya se cansó).

¿Dogma de fe?

El no aceptar una idea o defenderla sin hacer cuestionamientos al respecto nos lleva a forjar algo más parecido a un dogma de fe que a una discusión/debate informado y pensando que se puede construir con el contrario. Y, no, no nos confundamos; no es una cuestión de popularidad, si bien esta ayuda. El tema se centra en creer o no en la verdad que plantea el personaje en cuestión.

Quienes asumen y adoptan dicha actitud se vuelven inquisidores del otro. No escuchan/escuchamos para entender. Se oye para tirar, para asaltar a través de los puntos más flacos y vulnerables.

Irracional

Que Andrés Manuel firme o no firme un compromiso de no reelección, en realidad es intrascendente. Habrá quienes le crean y quiénes no quieran hacerlo. En el 2024 sabremos si el documento es válido o no. Pero mientras tanto, en lugar de entender que pudo servir como un acto de conciliación o, bien, de atención a la demanda ciudadana, unos defenderán el talante demócrata de López Obrador y otros señalarán todas las incongruencias (reales o no) del documento per se. Ello demuestra que poco importa el hecho o el contenido en cuestión. Aquí lo único importante es defender o defenestrar una posición porque creemos/dudamos de forma total y contundente del individuo en cuestión.

 

¿Vale la pena?

Si consideramos que los AMLOfans y los AntiAMLO no pueden o quieren entender a razones y no están dispuestos a ceder en un ápice a la realidad, entonces, ¿de qué sirve analizar la racionalidad o no de sus actos o decisiones; lo adecuado o no de sus políticas? ¿Para qué el análisis sesudo en los distintos medios? ¿Para qué los artículos de opinión sustentados en el debate de argumentos?

Desafortunadamente, la decisión de apoyar/odiar se ha vuelto intrínseca en el mexicano; es una cuestión vital, visceral, emocional y se ha olvidado el conocimiento o la racionalidad sobre la misma.

¿Vale la pena intentar establecer un diálogo o un debate y no quedarnos con “nuestra verdad”? ¿Hasta dónde pugnar e intentar escuchar al otro y reconocer si hay algo correcto?

Las preguntas valen dado que en realidad lo que hacemos (proAMLO y antiAMLO) es NO escuchar y acto seguido pertrecharse en “nuestra verdad”.

 

Mente sobre corazón

Cierto, la popularidad tiene de trasfondo la creencia y la confianza —o la ausencia de la misma— y fortalece nuestra posición respecto a ciertos temas o individuos. Ergo, aquellos quienes saben jugar/manejar las emociones de sus seguidores tienen asegurado conseguir lo que buscan

Vez tras vez, caemos en analizar las decisiones a la luz de la creencia, sin tomar en cuenta lo que de verdad importa: si son correctas legalmente, económicamente, etc. En el fondo a los mexicanos eso poco nos importa; es únicamente lo que sentimos y/o creemos lo que cuenta. Y eso nos lleva a no entender, no querer entender y hacer más grandes las diferencias.

Nos retratamos así, como agentes de prejuicios, dogmas, creencias. No solo es AMLO o miembros de Morena o los mal llamados pejezombis. También aquellos que critican por convencimiento basado en la creencia y no en la racionalidad todo lo que hace el presidente.

Por ende, el ciudadano racional en México es un bien escaso y los pocos ejemplares que quedan no saben qué hacer con sus análisis para argumentar con el opuesto. Esos estudios no le dicen nada a quien piensa diferente, estén a favor o en contra de Andrés Manuel; primero gana la pasión a la razón.

De igual forma, hay gente que levanta más pasiones –a favor o en contra, esa ya es otra cuestión- que otras; que escucha para contestar, no para conciliar.

Ya sea como articulistas o analistas políticos, habría que darse cuenta que el análisis racional (cuestiones legales, éticas, de eficiencia, económicas, etc.) están resultando intrascendentes en este país.

La gente que quiere creer en alguien, será la gente que le seguirá creyendo. De igual forma para los que no creen.

¿Cuándo surgen cambios?

¿Cómo hacer que lo dicho de una u otra parte, pueda “permear” en los otros? Solo cuando nacen creencias más fuertes, hay cambios en lo político. Las verdades o los hechos no provocan los cambios. Por eso los crímenes o los castigos o la ausencia de ellos, en el fondo dan lo mismo.

Si bien se podría pensar de esto como un síndrome mundial, en nuestra patria es más acuciado; tendemos a ser incongruentes y hasta hipócritas en nuestros actos.

Aquí en México poco importa si algo está sustentado adecuadamente. Es lo que se cree o se juzga de las cosas lo que vale.