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Columnas

Los usos y abusos de la cultura

@ocielmora mar 19 mar 2019 17:01
Rocío García Olmedo
Rocío García Olmedo
Foto propiedad de: Internet

Ahora que repentinamente la diputada priista Rocío García Olmedo, ha mostrado interés por las políticas culturales y ha puesto a uno de sus emisarios a recoger propuestas entre el mundillo de las artes y la cultura, las que muy seguramente terminarán siendo modificadas y ajustadas a los intereses coyunturales del PRI y de la elecciones de gobernador en curso (qué más puede mover a un legislador del partido que sea), no está demás participar en ese debate que de antemano sabemos de mentiritas, pero sobre todo interesado.

Al PRI y a los partidos políticos en general, nunca les ha interesado la cultura en su expresión de ejercicio crítico y procesos autonómicos de individuos y grupos, sino las relaciones clientelares y la legitimidad política. La relación entre el estado y la comunidad artística y cultural es complicada por la capacidad de influencia que ésta tiene sobre la sociedad.

Ante la ilegitimidad de su elección, por ejemplo, Carlos Salinas modernizó el sistema cultural. Así nacieron el CNCA y el CONACULTA, y un nutrido sistema de becas para creadores. Incluso los indios entraron en la repartición del ogro filantrópico. Entonces nació el Pacmyc (programa de apoyo a los creadores populares en municipios indígenas y marginados), bajo la égida del antropólogo Guillermo Bonfil Batalla. Incluso fue cuando Estocolmo volteó a vernos y entregó el Nobel de literatura a un mexicano.

Me parece de vital importancia discutir un proyecto de cultura para Puebla. La entidad se encuentra a punto de transitar hacia un régimen de gobierno de presunta izquierda. Hace ocho años el PRI perdió por primera vez la elección de gobernador. Rafael Moreno Valle (gobernador panistas triunfante) prometió impulsar una proyecto de cultura que sería modelo nacional, y suprimió la Secretaría de Cultura.

Si las cosas siguen como van, todo indica que Morena ganará la gubernatura en las elecciones de julio. En materia de cultura, ni en la ciudad de México ni en el municipio de Puebla, en donde es gobierno, es ejemplo de modelo de gestión cultural. Por ejemplo, en días pasados el IMACP reunió al gremio de creadores de teatro para anunciarles que viene el Día Mundial del Teatro, y que había que celebrarlo en grande desde el municipio que encabeza la señora Rivera, para lo cual ofreció la maravillosa cantidad de… 15 mil pesos. Para repartirlos en una comunidad de más 1500 socios.

¿Qué propongo legislar en materia de cultura desde el gobierno? Nada nuevo, que no hayamos dicho en los diversos foros.

a)                   Impulsar una definición de cultura generosa, vinculada con el ejercicio democrático, la cohesión social, la estabilidad política y el bienestar.

b)                  Reconocimiento del gobierno que en materia de cultura su deber supremo es su financiamiento; no su orientación, la cual deberá tener un carácter de pares. En un marco de plenas libertades en lo individual como en lo colectivo. Tan valiosas son las aportaciones del artista cosmopolita solitario, como la creación colectiva de los pueblos indios o de rancheros.

c)                    Es preciso una política cultural con objetivos y metas claras. Cerrarle el paso a las acciones dispersas, movidas por intereses políticos de coyuntura. La mayoría vinculadas con un populismo trasnochado de lo popular, en detrimento de expresiones novedosas.

d)                  Es urgente que el presupuesto para cultura sea determinado en la ley anual de presupuesto, aprobada por la Cámara de Diputados. Es deseable la creación de siete fondos regionales (el estado está dividido en siete regiones) para financiamiento de la cultura local. Es primordial la participación económica de los municipios, en una relación de 2 a 1.

e)                   El resto ya está en la ley.

f)                      Pero también es preciso contar con un gremio vigorizo, no complaciente.

En uno de los ensayos mexicanos más mentados en el mundillo de las letras, se afirma que “La escritura nació integrada al poder y fue ganando autonomía poco a poco. Así ha ganado su propio poder: el literario, no sin nostalgia por el poder supremo” (Gabriel Zaid. De los libros al poder)