jueves 25 de abril de 2019 | 10:06
Columnas

En Contexto. ¿En verdad quedará anulado el neoliberalismo en México?

@lusacevedop dom 17 mar 2019 23:59
El esquema se reforzó durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, pero con Enrique Peña Nieto se rompieron tabúes en materia energética y educativa
El esquema se reforzó durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, pero con Enrique Peña Nieto se rompieron tabúes en materia energética y educativa
Foto propiedad de: Internet

Es notable que el presidente Andrés Manuel López Obrador haya colocado en el centro del debate la “abolición” del neoliberalismo en nuestro país.

Se infiere que su argumentación, más discursiva que estructural, se basa en el hecho de que desde la década de los años ochenta los sacrificios de la sociedad mexicana para alcanzar el progreso prometido no solamente no llegaron en el tiempo y en la profundidad anunciada, sino que el horizonte ha sido marcado por la desigualdad y la corrupción, principalmente.

La adopción de diversas reformas políticas y legales que si bien se adoptaron a partir de la crisis de la deuda de 1982 cuando literalmente “se vaciaron las arcas nacionales” y se sucedieron varios procesos de reestructuración que profundizaron la concentración del ingreso y la pobreza, hasta que el llamado Consenso de Washington resumió la ruta que prácticamente se ha convertido en la hoja de ruta de los países en desarrollo, con el nuestro como el mejor botón de muestra de la efectividad del modelo.

Este proceso, llamado neoliberal, contempla que las decisiones del gobierno se sustenten en procesos que cada vez sean más democráticos a fin de garantizar la aprobación sexenal para la aplicación de políticas basadas en disciplina fiscal, reorientación del gasto público, reforma tributaria redistributiva, liberación financiera, comercial y empresarial, flotación del tipo de cambio, apertura a la inversión extranjera y estado de derecho, por mencionar las más significativas.

Con esas acciones que se han seguido al pie de la letra para dar viabilidad al país, faltó voluntad para que el cambio estructural apoyado en la economía se tradujera en políticas públicas que generaran oportunidades sociales para resolver la pobreza; por el contrario, la corrupción avanzó a tasas desorbitadas.

Así, la sociedad se ha desilusionado del modelo y de los políticos, pero no de la libertad ni de la eficacia de la democracia. 

De ahí que hacia adelante observaremos graves contradicciones entre los dichos y los hechos.

En efecto, el neoliberalismo no es un producto simplemente ideológico. Es más profundo, es histórico, político y global.

Con antecedentes en el Crac del 29 y el proceso de restablecimiento del equilibrio económico con el New Deal, el capitalismo ha validado sus ciclos hasta que en los años setenta dejó de generar las utilidades suficientes para mantener su reproducción. Así aparece el neoliberalismo que buscó mitigar la crisis mundial mediante tres acciones: la globalización, la desregulación y la flexibilización.

En esos años, en México inicia con el desmantelamiento del modelo de desarrollo interno, basado en la sustitución de importaciones y una política asistencialista en donde el gobierno ejerció un elevado intervencionismo. 

Los esfuerzos por recuperar el crecimiento agravaron los desequilibrios macroeconómicos, ya que se emprendió la exportación masiva de petróleo que nuevamente condujo al país a una nueva crisis estructural.

Durante el período presidencial de Miguel de la Madrid (1982-1988) la estrategia neoliberal es reforzada con la privatización de mil 155 empresas estatales, un desmantelamiento que abarca el régimen de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y el de Ernesto Zedillo (1994-2000).

Con Salinas, el cambio es estructural ya que se reforma la Constitución en los artículos 28, 73 y 123 relacionados con el sistema financiero, la reforma electoral, la ley de culto y del Artículo 27 que permitió a los ejidatarios vender sus terrenos y colocó a México en el mercado mundial, en términos de competencia abierta y se suscribió el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), que es la cereza del pastel neoliberal.

El esquema se reforzó durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, pero con Enrique Peña Nieto se rompieron tabúes en materia energética y educativa, sin que el modelo económico se tradujera en bienestar social; en cambio, creció la desigualdad, la opacidad y la corrupción.

Con base en la desilusión ciudadana y la promesa de construir un nuevo horizonte histórico, se plantea echar abajo el modelo económico neoliberal, como si fuera un tema de política interna, como cuando vivíamos bajo el esquema de sustitución de importaciones de los años setenta.

Hoy el país está inmerso en una relación económica, política y social globalizada de la que no puede extraerse mediante decreto.

Es claro que el modelo vigente en el país ha generado desigualdad, pobreza y corrupción, pero no se ve de qué manera y más allá de un discurso, se sustituirán la disciplina fiscal, reorientación del gasto público, reforma tributaria redistributiva, liberación financiera, comercial y empresarial, flotación del tipo de cambio, apertura a la inversión extranjera y el estado de derecho que son consustanciales al odioso neoliberalismo imperante en el mundo y sin incurrir en nuevos sacrificios de la sociedad.

@lusacevedop