viernes 22 de marzo de 2019 | 07:37
Columnas

Yutuberos del mundo, uníos, o de los “chayoteros” a los “chayotubers”

@NietzscheAristo vie 15 mar 2019 17:36
En realidad, sí, los yutuberos tienen derecho a solicitar un trato como periodistas siempre y cuando alcancen cierto grado de profesionalismo.
En realidad, sí, los yutuberos tienen derecho a solicitar un trato como periodistas siempre y cuando alcancen cierto grado de profesionalismo.
Foto propiedad de: Internet

No soy ni he sido seguidor suyo, pero desde hace ya algunas semanas corre por las redes sociales el chisme de que un pequeño grupo de yutuberos anda diciendo cosas imprecisas que requieren una aclaración o una respuesta. Ante el reciente escándalo de los protagonistas de algunos canales de youtube, que han exigido entrada como periodistas a las conferencias matutinas de López Obrador (casi medio México quiere ir; ¡que vendan entradas ya!), y una vez adentro demandan que el presidente les dé la palabra, como aspirante a la democracia en México he establecido que parcialmente tienen razón. En un tuit escribí, los yutuberos “tienen derecho, como todos, a todo. Pero déjense de mamadas. ¿Qué buscan, sustituir a los que uds. llaman ‘chayoteros’?”. Y es que esa pareciera ser su demanda, una sustitución del periodismo tradicional por el que ellos realizan; pretenden estar “redefiniendo el periodismo” como afirmó uno de ellos a Julio Hernández en entrevista de radio. Se presentan al público como seres “puros”, demócratas de pasado impoluto, como “yutuberos de izquierda”; lo cual, según se sabe, no es del todo correcto (leer columna de Manuel Ibarra del 14-03-19 en SDPnoticias). Pero aclaremos las imprecisiones.

1. Ya sea los yutuberos mismos o sus seguidores, presumen que gracias a ellos, a su impacto y “gran influencia” en las redes, López Obrador ganó la presidencia de la república. Esto más que una explicación amerita una carcajada que dure los decenios de lucha por la democracia que la sociedad mexicana, o el “pueblo”, como prefieran llamarle, ha sabido llevar adelante.

2. Que representan el nuevo periodismo en consonancia con el advenimiento de la 4T. Concediendo que hacen cierto tipo de periodismo al difundir y comentar noticias, es más que obvio que este ejercicio novedoso no se reduce a ellos; los años de lucha por la información y el ejercicio de la crítica acaso descalificarían la recientísima filiación de algunos de ellos. 

3. Al atacar al periodismo tradicional afirman que no buscan ser los nuevos “chayoteros” o “chayotubers”, como se les ha bautizado en las redes. El problema de estos señores es que se confunden, pues para contrastarse mezclan a los ya reconocidos por todos como “chayoteros” (uso comillas porque me causa repulsión este lenguaje; perdonen mi elección), a gente como Ricardo Alemán, Pablo Hiriart, Fernández Menéndez, Carlos Alazraki, López Dóriga, José Cárdenas, etcétera, con columnistas y reporteros que hacen un trabajo lo más profesional posible para los medios que los han contratado usualmente con muy bajos honorarios. Sobre los primeros, la política del nuevo gobierno ya ha establecido que se ha dado fin al patrocinio del tipo de páginas que se han desarrollado para justificar la fuente de sus ingresos; de los segundos, el presidente ha reiterado que merecen mejores ingresos por su trabajo.

4. Que si su aspiración de entrar a las “mañaneras” es suprimida, la 4T y el presidente caerán en desgracia con la gente. Bueno, otra carcajada. Si existe un usuario extraordinario de las redes sociales, FB, Twitter y Youtube, ese es el presidente; ni modo. 

5. Que ellos representan el periodismo anti “fifí”. Bueno, no sólo ellos. La oposición periodística al poder corrupto tiene un largo historial. 

6. Que el gobierno de la 4T rescatará a los medios tradicionales o “fifí” con financiamiento. Confundieron y difundieron algunos de estos señores que el presupuesto destinado a medios, reducido en un 50% en relación al gobierno anterior, sería para “rescatar” a Televisa y Tv Azteca. En realidad se trata de una distribución menor para todos, incluyendo también a La Jornada y Proceso, símbolos de la “objetividad”. 

7. Que una cantidad considerable de gente llegó espontánea a apoyarlos a Palacio Nacional. Esta es la duda: Las personas que llegaron a Palacio a abuchear y tratar de “chayoteros” a reporteros de los medios, ¿fueron llevadas por los yutuberos, convocadas virtualmente o llegaron de manera espontánea gracias a su poder de convocatoria, por la penetración de las redes?

8. Que la “prensa fifí tiene la piel muy delgada” y que no los tolera. Más bien parece que esa prensa “no los pela”, es decir, los que se manejan como superestrellas del periodismo, la radio o la televisión. Y en vez de tomarla sólo contra estos, agarran parejo; como ya se dijo.

9. Que son críticos ante los errores de la 4T. Pues hasta ahora no se ha visto mucho; sólo cuando se perciben afectados en sus intereses como yutuberos. Al terreno que tendrían que acceder es al de la autocrítica y no caer en sus comunes y muy ordinarios sensacionalismos para vender. 

10. Que su popular presencia no depende de López Obrador. Bueno, justo lo contrario, su presencia ha dependido, depende y posiblemente dependerá de la figura de López Obrador; de allí su amplia audiencia, su único tema y, de hecho, la sosa reproducción acrítica del lenguaje del presidente. Y sus ingresos como yutuberos también provienen del uso de la figura de López Obrador; quien ha dicho, se ha convertido ya en una industria.

En realidad, sí, los yutuberos tienen derecho a solicitar un trato como periodistas siempre y cuando alcancen cierto grado de profesionalismo. Acaso les ayude la idea que andan manejando de unirse en una suerte de asociación de “yutuberos de izquierda pro-AMLO”.

López Obrador llegó al poder por su perseverancia y congruencia, pero también por la determinación de la sociedad. El gobierno de la 4T, si de verdad quiere alcanzar un cambio, tiene que estar abierto a todos, no excluir, ofrecer el mínimo derecho a audiencia, a ser escuchado, atendido; a prodigar oportunidades para todos. Sólo así iniciará la construcción de una verdadera democracia en México.