domingo 26 de mayo de 2019 | 01:15
Columnas

Ingreso a la Docencia: Problemas y Alternativas

@jcma23 mié 13 mar 2019 19:58
Los problemas de la ideología “meritocrática” tienen su origen en las condiciones estructurales.
Los problemas de la ideología “meritocrática” tienen su origen en las condiciones estructurales.
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La semana pasada me escribió un amigo, el maestro Cristóbal Barreto, con relación a un texto publicado en este medio (“Meritocracia, Calidad y Compromiso Educativo”, SDP Noticias, 1 de marzo, 2019). Su comentario crítico y analítico se refiere a lo que expresé en esa ocasión acerca de la “Meritocracia” y el ingreso a la docencia. Transcribo a continuación el texto del Mtro. Barreto y enseguida haré un breve ejercicio de réplica con argumentos y de manera cordial.

Dice el Mtro. Barreto: “Estimado Juan Carlos, como te decía días atrás, difiero de algunas posturas que expresas en tu artículo sobre la meritocracia, creo que el ponerle el peyorativo meritocracia, al mérito, ya lo descalificas de entrada, y frente a ello viene la pregunta, ¿si no fuera por mérito cómo se seleccionaría a los docentes para el ingreso al servicio educativo?  Recuerdo que cuando estábamos en la Unidad de Servicios para la Educación Básica en el Estado de Querétaro (USEBEQ), ya dialogábamos (sobre) estos temas. Mi posición ha sido que es insuficiente un examen de conocimientos porque éste no detecta la personalidad (reacciones y emociones) del docente frente a determinados escenarios laborales, y eso, decía, era una deficiencia que permitía se colaran docentes con todos los riesgos para los escolares, como posibles golpeadores, violadores o simplemente irresponsables. Sin embargo, concluíamos, más vale un examen de conocimiento que simples cuotas para que ingresen cuates. Y me parece ese es el reto: ¿cómo evaluar para el ingreso al sistema educativo, que abarque más allá del conocimiento?  Estoy convencido que, en el sector educativo, se lucha más contra los usos y costumbres que contra las formas de selección. Las formas de selección pueden ser unas u otras y siempre habrá oposición por una u otra razón, por falta de fundamento, por falta de sustento teórico, porque la corriente teórica ya pasó de moda o fue superada, etc. Lo que se hace necesario, creo coincidimos, es cómo lograr que los aprendizajes mejoren y un elemento importante para ello son los docentes, y entonces el asunto viene, cómo seleccionarlos, cómo detectarlos, cómo evaluarlos, cómo saber que el docente es o no el adecuado para tales o cuales condiciones de contexto, etc.”.

Respuesta: Estimado Mtro. Cristóbal Barreto

1. Cuando me refiero a la “Meritocracia”, no lo hago, o al menos esa no es la intención, de manera peyorativa u ofensiva. Es una categoría pertinente que puede ser utilizada para describir, con enfoque crítico, a la llamada lógica “del mérito”, o a ciertas formas social-culturales (“clasistas") de proceder donde el esfuerzo, las capacidades y la dedicación individuales son valorados como criterios principales para decidir la designación de puestos de trabajo (o matrículas en las escuelas). “Es mejor ganar un lugar de trabajo por méritos, que por padrinazgos”, dicen la racionalidad y el lenguaje de ciertos grupos que defienden esta singular ideología.

2. De la misma manera en que algunos observadores nos referimos a la Tecnocracia” o al mundo de los tecnócratas (la lógica de “la técnica” por encima de la política o la ideología es el argumento que constituye a su lenguaje y a su modo de mirar la realidad), nos podemos referir también a la “Burocracia” o al mundo gubernamental de los burócratas (con su lógica del “trámite o el expediente” por encima de la persona). En estos conceptos no hay un sentido peyorativo, sino analítico. Pienso que ambas son categorías descriptivas y analíticas, que han sido empleadas para dar cuenta de esos mundos, de esos lenguajes y de esos contenidos que dan identidad o sentido de unicidad a las ideologías individualistas y “meritocráticas” de grupos, sectores o personas.

3. ¿Cómo seleccionar a los docentes y directivos escolares sin caer en los extremos “meritocráticos”? Aquí el problema central consiste en analizar y definir cómo se podría seleccionar a los aspirantes a ocupar un puesto de trabajo como docente o directivo en la escuela pública (o cómo elegir a un estudiante para que ingrese a la Educación Media Superior o Superior públicas), sin cometer actos de injusticia, de desigualdad, o sin caer en faltas de inclusión y equidad. En esta parte hacen falta alternativas y soluciones creativas.

4. Los problemas de la ideología “meritocrática” tienen su origen en las condiciones estructurales. Funcionarios públicos (altos y medios), tecnócratas, líderes empresariales y de opinión, (cabezas visibles o no del sector privado), así como políticos "modernos" convencidos de las bondades del modelo neoliberal (cuyos valores imprescindibles son el "libre mercado", la globalización de las economías y un "Estado de bienestar disminuido o limitado", entre otros), consideran que la "Meritocracia", como sistema social y cultural de selección y formación de élites, es una condición indiscutible en la ruta por alcanzar una educación de "calidad" o de “excelencia”. De ahí el terreno de tensiones que generan este tipo de conceptos.

5. Otro problema de la “Meritocracia” o de los métodos “meritocráticos” en el ámbito del “sistema” educativo, es la falta de equidad (“no hay piso parejo”) en los procesos de selección e ingreso al Servicio Profesional Docente (SPD), cuya ley general está por desaparecer; pero también lo es la selección para el ingreso de miles y miles de estudiantes a la Educación Media Superior, y Superior, que se quedan fuera de las instituciones educativas no por carencias en sus capacidades intelectuales, sino porque no hay suficientes lugares para que éstos sean recibidos como estudiantes en la escuela pública. Entonces se incumple el legítimo derecho al trabajo (egresados de escuelas normales) y el legítimo derecho a la educación (estudiantes).

Para el caso de los egresados de las escuelas normales públicas, se imponen dos filtros institucionales, debido a los criterios meritocráticos: cumplir con los créditos académicos marcados por el plan y los programas de estudios y aplicar el examen de ingreso o del concurso de oposición.

 

6. Las incongruencias del “sistema meritocrático”. Por una parte, no hay que olvidar que el llamado “sistema educativo” es, en sí mismo, un sistema de selección y de clasificación; pero sobre todo es un sistema de reproducción de las prácticas de exclusión y de reciclaje de las desigualdades sociales. Y, por otra parte, si es un sistema verdaderamente congruente con la lógica del “mérito”, debería elegir a sus dirigentes con el mismo método. Todos coludos o todos rabones. Así, el Secretario de Educación, Subsecretarios, directores generales y jefes de departamento deberían ser sujetos (no objetos) de la evaluación respectiva para ocupar sus altos puestos o responsabilidades públicas. (¿O no, Maestro Moctezuma?). Sin embargo, lo que demuestran nuestras autoridades educativas, federales y estatales, es que sólo exigen la lógica del “mérito” en la parcela de sus compadres, no en la propia. Sólo serán congruentes desde el día en que renuncien y soliciten ser evaluados para ocupar sus cargos públicos.

7. Procedimientos alternativos. ¿No existe otra manera de equilibrar los criterios para evaluar a los aspirantes, de tal manera que no se reproduzcan las prácticas de exclusión e inequidad? ¿Podríamos generar criterios de evaluación más amplios y equitativos, de tal forma que no se queden fuera del servicio educativo los egresados de las escuelas normales y demás instituciones formadoras de profesionales de la educación, que viven en condiciones sociales, económicas y culturales adversas? Habrá que pensar entonces cuáles son los mecanismos de selección para los aspirantes a ocupar los puestos de trabajo docente y directivos de la escuela pública, esto con base en criterios de carácter académico, pedagógico y psicológicos (o de personalidad), sin lesionar los criterios de equidad, inclusión y respeto a la diversidad. Ello significaría partir de un piso común como criterio integral de evaluación.

8. Más allá de la selección a priori, el proceso de cambios culturales del personal docente y directivo deberá de ir más allá, en el sentido de lograr la profesionalización permanente de estas figuras clave de la educación obligatoria (Preescolar, Primaria y Secundaria), a través de programas robustos y pertinentes de formación continua.

“Visto desde una mirada histórica superficial y desde un discurso simplista de la ruta Meritocrática, algunos personajes de nuestra historia nacional, serían ejemplos a seguir en la lógica de ese “sistema”. Sin embargo, hay que considerar que la noción de la "Meritocracia" es también una concepción ideológica, que busca legitimar un tipo específico de valores del ser humano para una sociedad de desigualdades. En ese sentido, la racionalidad del mérito es una construcción cultural e ideológica, que se basa en la creencia de que es posible generar, de manera libre, las élites profesionales o dirigentes “idóneos” como si se tratara de concretar, en lo social, los mecanismos de la "selección natural" darwiniana. Ideología que, al no considerar sus orígenes ni su estructura filosófica, como noción axiológica y política, corre el riesgo de dejar de lado las ideas de equidad, inclusión y democratización de la educación.” (para revisar un análisis complementario al respecto, sugiero la lectura de mi texto: “Debate, Educación y Discurso de la Meritocracia”, SDP Noticias, 11 de junio, 2018).

 

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