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Columnas

Discutir a fondo la idea de “Calidad” de la Educación

@jcma23 mié 06 mar 2019 11:48
Foto propiedad de: Internet

¿Qué aspectos requieren profundizarse en la discusión sobre el concepto de la “Calidad” de la Educación? En mi anterior colaboración escribí sobre los debates que se llevan a cabo durante estos días, en las Cámaras de Diputados y de Senadores (Comisiones de Educación), y decía que “...en esa discusión intensa se pondrán sobre la mesa, sin duda, las ideas de “Calidad” o de “Excelencia” de la Educación. Dije también que “...no estoy a favor de la noción de la “Excelencia” por su vaguedad, sin embargo, me inclino por discutir a fondo el concepto de “Calidad” de la educación, dentro del cual se habrán de incorporar las nociones de equidad, inclusión y enfoque de derechos”. Retomo hoy algunos aspectos de este debate público, porque forma parte sustantiva de la reconfiguración (y de la semántica) que dará pauta al siguiente trayecto de la Reforma Educativa en nuestro país.

En 2007, la Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, publicó el Documento Base denominado: “El Derecho a una Educación de Calidad para todos en América Latina y el Caribe” (1), que fue emitido por la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe, de la UNESCO (OREALC, con sede en Santiago de Chile), que orientó, en su momento, las políticas públicas sobre educación en los países miembros. En ese documento, los responsables de la planificación y especialistas en diseño de políticas públicas, reconocieron que la llamada “Calidad Educativa” es una idea que no cuenta aún con un consenso absoluto: “Se trata de un concepto con una gran diversidad de significados, con frecuencia no coincidentes entre los distintos actores, ya que implica un juicio de valor respecto del tipo de educación que se quiere para formar un ideal de persona y de sociedad. Las cualidades que se le exigen a la educación están condicionadas por factores ideológicos y políticos; por los sentidos que se le asignan a la educación en un momento dado y en una sociedad concreta; por las diferentes concepciones sobre el desarrollo humano y el aprendizaje; y por los valores predominantes en una determinada cultura. Estos factores son dinámicos y cambiantes por lo que la definición de una educación de calidad también varía en diferentes períodos, de una sociedad a otra y de unos grupos o individuos a otros.”. Así el concepto de la “Calidad” educativa puede concebirse como un asunto que, entre otros aspectos, está sujeto a las relaciones de poder y a las hegemonías culturales, políticas o económicas en coyunturas históricas determinadas. Sebastián Plá, por ejemplo, plantea que “...debemos considerar la calidad de la educación como una política de la desigualdad” (2).

 

En el mismo número de la Revista mencionada, la investigadora Inés Dussel publicó un comentario crítico y reflexivo acerca del Documento Base de la OREALC; texto que me parece interesante. Retomo algunos fragmentos de lo escrito por la doctora Dussel, académica del DIE-CINVESTAV, con el propósito de ubicar algunos aspectos relevantes del debate sobre ese controvertido concepto:

Contrario a lo que indican algunas investigadoras e investigadores en educación, funcionarios públicos del sector educativo y especialistas en el tema, el concepto de “Calidad” de la Educación no es un concepto “universal”. Esto dice Dussel acerca de las contradicciones entre la conceptualización y la aplicación del término “Calidad” en la Educación, y de paso, hace una sutil crítica al proceder ordinario de los “organismos internacionales”: “Pocas palabras han sido más pronunciadas que las de “Educación de Calidad para Todos”. ¿Quién podría oponerse a esa idea? Es de esas formulaciones que concitan el consenso inmediato. Sin embargo, tan pronto hay que decidir cómo se ponen en marcha políticas educativas para una educación de calidad para todos, comienzan los problemas.”. Continúa así su argumentación la doctora Dussel: “El documento de OREALC constituye un avance importante para darle más contenido a este ideal. Entre sus muchos méritos, hay dos que se destacan especialmente. En primer lugar, el documento muestra los debates que hay en torno a las ideas de calidad, eficacia y eficiencia, y evita zanjarlos en forma tan superficial como débil –falta en la que incurren algunos documentos de organismos internacionales, forzados a encontrar consensos donde no los hay-. En esa dirección, señala un camino para otras organizaciones que buscan convocar a intereses diversos: puede hacérselo sin caer en retóricas vacías ni en formulaciones sin sustento, con tomas de posición claras, y a partir de la definición de un escenario con distintas opciones.” (3)

“En segundo lugar, el documento renueva el discurso sobre la calidad. Por ejemplo, toma y amplifica la cuestión de la diversidad y la pluralidad cultural, y también las discusiones sobre la relevancia y pertinencia de la propuesta educativa, que surgieron con fuerza en el debate educativo en la última década. Otro elemento que emerge poderosamente es el de los derechos: la educación es un derecho humano, y no solamente un imperativo necesario para el crecimiento económico. Esta ubicación clara de la educación en el campo de los derechos humanos (podría decirse también, en el campo de lo político) retoma la vieja premisa que sustentó la expansión de los sistemas educativos sobre su participación ineludible en la formación de ciudadanos, después de décadas en las cuales primaron discursos más económicos y administrativos.” (palabras en negritas de J.C.M.A.)

“Uno de los aspectos que hemos aprendido es que no alcanza con que los niños y niñas estén en la escuela. El documento plantea la necesidad de una educación que considere la equidad no sólo en el acceso sino también en los procesos de enseñanza y los resultados en los aprendizajes. Al mismo tiempo, señala que éstos no pueden medirse solamente en términos de los indicadores de eficiencia o de los resultados de los tests, por importantes que éstos sean. Sostiene una idea de educación más compleja y plural, con resultados no siempre cuantificables, con efectos que se miden en generaciones y en conductas y saberes que se portan de por vida. Y se preocupa por la práctica de las instituciones escolares, que en sus decisiones cotidianas alivianan o refuerzan estigmas o formas de integración desiguales. La escuela ha sido pensada muchas veces en las políticas educativas como “caja negra”, como “correa de transmisión” entre los niveles de las políticas educativas y los alumnos y familias. Sin embargo, la suerte de las reformas se juega muchas veces en su implementación en las escuelas, que traduce y adapta a contextos institucionales particulares lo que formulan los tomadores de decisiones. Ello aparece considerado en este documento, por ejemplo, cuando se describen las formas de inclusión y de segregación en las prácticas escolares, que muchas veces terminan culpabilizando a los alumnos y alumnas y a sus familias por malos desempeños educativos.”

 

Dussel analiza dos aspectos específicos que impactan en el concepto de la “Calidad” de la Educación, desde la revisión crítica de: “...el currículo ... (que) es la base a partir de la cual puede estructurarse una educación de calidad. El primero refiere a la cuestión de la relevancia y la pertinencia de la propuesta escolar, y específicamente de los contenidos escolares... ¿Qué significa eso, y cómo hacerlo? Desde mi punto de vista, urge que comencemos a debatir públicamente cuáles son esos aprendizajes básicos deseables e imprescindibles en las sociedades en que vivimos, y cómo darles vida en el actual formato escolar –que, sabemos, tiene su inercia característica-. Particularmente me preocupa cómo incluimos en la propuesta educativa los saberes, relaciones y tecnologías que hoy son dominantes en nuestra sociedad, sobre todo las que producen los medios de comunicación masiva como la televisión y las computadoras, y cómo formamos a las nuevas generaciones para que puedan vincularse con ellas de formas más creativas, más libres y más plurales.”. Al final de sus comentarios, la doctora Dussel da cuenta de la dimensión procesual o de procedimientos, acerca de cómo construir un currículo escolar relevante y pertinente, sobre todo pensado para la Educación Básica (Preescolar, Primaria y Secundaria).

 

“...El documento señala -dice Dussel- que es necesario alcanzar ciertos equilibrios para el desarrollo curricular: el equilibrio entre lo mundial y lo local, el mercado de trabajo y el desarrollo personal, lo común y lo diverso, y lo disciplinar y la integración de contenidos. Sin duda, son elementos que tironean a los currículos en direcciones contrarias. Pero creo que una de las lecciones que pueden sacarse de las reformas curriculares de la década de los ’90 es que, en esa intención de hacer convivir lógicas opuestas, los diseños curriculares terminaron siendo inconsistentes, o, lo que es peor, incomprensibles (es que, la inconsistencia es, casi, una característica humana, pero el currículo incomprensible es un documento sin lectores, y por lo tanto sin hacedores).”. Coincido con esta observación expresada por la doctora Dussel, -lo señalé en su momento en este espacio-, en el contexto de la crítica al “Modelo Educativo” de la SEP de Aurelio Nuño (2016-2017). Uno de los obstáculos para poner en operación adecuadamente al llamado “Modelo Educativo” de la pasada administración federal, además de sus problemas de legitimidad al no consultar de manera directa al magisterio, fue el tema de la incomunicabilidad del documento.

Colofón que va a tono con la coyuntura política y con el debate actual sobre la “Calidad” de la Educación. Final del texto de Inés Dussel: “Más que de equilibrios, ambas referencias hablan de tensiones y de paradojas: no hay un justo medio que ocupar, sino un campo de tensiones en el que uno trata que nadie se lleve todas las partes. Al final de cuentas, de eso se tratan los acuerdos públicos en las democracias, que retornan periódicamente a revisar la justicia de sus acciones y la calidad de nuestra vida en común... Y de eso debería tratarse la discusión sobre una educación de calidad para todos, cuyo reconocimiento como derecho humano no la pone al margen del debate, ni la sustrae de la toma de posición. Precisamente es el debate el que puede enriquecerla, y ojalá que haya muchas demandas y formulaciones que enriquezcan con perspectivas plurales lo que nos concierne a todos.”

 

Fuentes consultadas:

(1) OREALC/UNESCO. (2007). El Derecho a una Educación de Calidad para todos en América Latina y el Caribe. (Documento Base). Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, v. 5., No. 3. (pp. 1-21)

(2) Sebastián Plá. (2018) Calidad Educativa. Historia de una política para la desigualdad. UNAM-IISUE.

(3) Inés Dussel. (2007) Comentarios al Documento Base. Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación. Vol 5, No. 3, (pp. 26-28)