sábado 23 de marzo de 2019 | 05:33
Columnas

¿La extinción de la partidocracia?

@ruizjosejaime mar 19 feb 2019 16:39
Morena no es un movimiento, ni siquiera por los elogios que le brindó Andrés Manuel en la campaña.
Morena no es un movimiento, ni siquiera por los elogios que le brindó Andrés Manuel en la campaña.
Foto propiedad de: Internet

El ascenso al poder de Andrés Manuel López Obrador es el descenso de la partidocracia. Fracturados, los partidos políticos están en extinción y Morena no ha pasado de movimiento a partido. Tendrá que lograrlo antes de las elecciones intermedias de este sexenio. Su prueba negativa, no podía ser de otra manera, fue Monterrey, donde no participó; su prueba positiva será Puebla donde ganará.

Morena no es un movimiento, ni siquiera por los elogios que le brindó Andrés Manuel en la campaña. Morena es una mezcolanza de izquierda, izquierda derechista, derecha, derecha izquierdista: ni chicha ni limonada. En Morena habitan todo tipo de especímenes políticos. Ni tiene la dirigencia ni las bases ni los cuadros de un partido político. Podrán decir misa, pero en la práctica Morena carece de ideología.

El PRD se agotó en el sistema político mexicano. Cascajo del PRI, como lo señaló en su momento Carlos Castillo Peraza, dejó de representar a la izquierda y sus gubernaturas, por los intereses creados, el tráfico de influencias y la opacidad no fueron las deseables: el partido prolongó y fue cómplice del antiguo régimen. Ahora se desmorona en el Congreso. Su alianza con la derecha lo desnudó: no tiene ideología, tiene intereses. Ese partido no dura dos años más y, si dura, será lastimero, algo así como lo fue el Partido Popular Socialista, que de popular nada tenía, menos de socialista.

Doce años de gobierno destruyeron al PAN: se “empriizó”. Seis años de PRI lo convirtieron en satélite. Por eso muchos de sus militantes destacados huyeron del partido, otros se distanciaron. Algunos, como el matrimonio de Felipe Calderón y Margarita Zavala ayudaron a su destrucción, no se diga Diego Fernández, el más priista de los panistas. Y luego Ricardo Anaya, quien tuvo vocación de sepulturero. El PAN es un partido sin ideas, tal vez algunos empresarios y medios de comunicación apuesten a su resurrección. Una tarea que no sólo se antoja difícil sino imposible.

Peña Nieto, favorecido por PRI, lo aniquiló. ¿De qué se habla cuando se habla del PRI? De miseria intelectual y política. ¿Algo más?