miércoles 20 de marzo de 2019 | 10:22
Columnas

Guardia Nacional: más allá de las deficiencias policiacas.

@sanchez_villa_ mar 19 feb 2019 07:13
En lugar de pelear una batalla perdida (o ganada, depende de a quién se le pregunte), propongo enfocar el debate en aspectos más relevantes sobre los cambios principales que se necesitan en el modelo de seguridad.
En lugar de pelear una batalla perdida (o ganada, depende de a quién se le pregunte), propongo enfocar el debate en aspectos más relevantes sobre los cambios principales que se necesitan en el modelo de seguridad.
Foto propiedad de: Internet

Sobre el tema de la Guardia Nacional (GN), que hoy se encuentra bajo los reflectores, algunos analistas han perdido de vista un aspeto esencial: la GN no es primordialmente un proyecto policiaco, sino de construcción de confianza en la autoridad, enmedio de un declive de credibilidad global. Es un intento de disrupción del paradigma que México siempre ha tenido, de multiplicidad de corporaciones de seguridad, con ámbitos de competencia confusos para los propios operadores, y con un federalismo a modo que en ocasiones sólo ha servido para que se repartan culpas entre distintos niveles de gobierno.

Ciertos actores y organizaciones han entrado en pánico y se entiende: operan con categorías obsoletas, como la diáfana separación entre seguridad pública y seguridad nacional, entre seguridad interior y exterior, entre defensa nacional y protección comunitaria. Otros basan sus teorías y argumentaciones en evidencia anecdótica: las recomendaciones que, por supuestas violaciones de derechos humanos, han recibido las fuerzas armadas en tal o cual caso. Creen, además, que el soldado mantiene la misma esencia que se explica en los tratados de la guerra del siglo XIX, especialmente de tradición clausewitziana: un asesino entrenado para luchar en el campo de batalla y nada más. Hay que modernizar esas categorías, la realidad lo exige.

Sin quitar un ápice de dignidad a las víctimas y su derecho a ser visibilizadas, ni un caso ni diez ni cien son estadísticamente significativos para juzgar la eficacia de un modelo de seguridad ni la conducta de las fuerzas armadas como un cuerpo coherente de más de doscientos mil integrantes, que cuenta además con la distinción de ser de los pocos ejércitos del continente que nunca ha intentado un golpe de Estado y que, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cuenta con los más altos índices de confianza ciudadana. La Marina y el Ejército tienen, ambos, más del 84% de aprobación social y son también los mejores calificados en percepción de corrupción, con 21% y 27% respectivamente. Quien les sigue es la Policía Federal, muy de lejos, con 57%. Todo ello consultable en la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2018.

Así, el problema en el que está metida la oposición a la GN es que se ven obligados a decir que es una mala idea involucrar en la seguridad ciudadana a las corporaciones que gozan de más confianza entre la ciudadanía y, al mismo tiempo, se quejan de que ya han ejercido esas funciones los años anteriores y han sido un rotundo fracaso. Si es así, ¿por qué siguen manteniendo elevados niveles de aprobación? Según las cifras, prácticamente cualquier otra autoridad viola derechos humanos en mayor medida que los militares. Los nuestros, los mexicanos. La indignación de algunos críticos basada en especulaciones o experiencias históricas de otras latitudes, se enfrenta a la evidencia empírica que los contradice categóricamente.

En lugar de pelear una batalla perdida (o ganada, depende de a quién se le pregunte), propongo enfocar el debate en aspectos más relevantes sobre los cambios principales que se necesitan en el modelo de seguridad. Por mencionar sólo un flanco: es indispensable que la GN, desde que se apruebe, mantenga en su diseño un cuerpo específico especializado en la protección permanente de los ciclos económicos. Es decir, una división con amplios conocimientos sobre los problemas que enfrenta la industria en materia de extorsiones, robos, fraudes, violencia organizada y situaciones análogas. Desde el valor de la tierra en una región hasta la decisión de invertir y crear fuentes de empleo, tienen hoy como punto focal la percepción de inseguridad. Así, paradójicamente, la seguridad es el tema más importante del desarrollo económico en México. La GN debe contemplar este ámbito en el diagnóstico, capacitación e infraestructura de sus órganos y atribuciones.