sábado 23 de marzo de 2019 | 05:37
Columnas

En Contexto. Para dejar la “huella digital” de calumnia y difamación

@lusacevedop mar 19 feb 2019 22:32
Pero si se suman elementos como la calumnia o la difamación, el tema va más allá porque el deterioro de la reputación por internet tiene, al menos, cuatro rutas: la hipertextual (Google/Yahoo!), multimedia (YouTube), social (Facebook) y tiempo real (Twitter).
Pero si se suman elementos como la calumnia o la difamación, el tema va más allá porque el deterioro de la reputación por internet tiene, al menos, cuatro rutas: la hipertextual (Google/Yahoo!), multimedia (YouTube), social (Facebook) y tiempo real (Twitter).
Foto propiedad de: Internet

Con información sumaria y sesgada, se han desarrollado historias cuya finalidad es la de provocar un juicio paralelo en los medios de comunicación para orientar a la opinión pública en contra de los contrapesos al poder gubernamental, desarrollados en el proceso de construcción de la democracia mexicana.

De la incomodidad natural que representan las instituciones autónomas, se ha saltado a la difamación y la calumnia directa tanto de la operación de esos organismos como de sus dirigentes, con el agravante de que esas afirmaciones hechas con toda la fuerza del Estado afectan no solamente el honor de las instancias involucradas, sino de sus personas, pero también representan un serio riesgo para las libertades constitucionales de todos los ciudadanos.

En río revuelto, los representantes del sector privado ya se sumaron al desprestigio de lo que representan los órganos autónomos en términos de control, legalidad, redistribución del ingreso y progreso nacional.

Pero, al incorporarse al juicio mediático, los empresarios confirmaron la importancia de las instituciones autónomas como contrapesos del poder, aunque con sus palabras contribuyeron a deteriorar el Estado de Derecho que reclaman, no para todos, sino solamente para sus intereses.

Estos hechos, que han sido alimento de los medios de comunicación, incluidas las “benditas redes sociales”, han desarrollado un evidente impacto pernicioso sobre la reputación de un individuo y de diversas instituciones públicas que estorban a la transparencia y la rendición de cuentas de todas las instancias, sean las del gobierno representativo o las de los poderes fácticos.

Más aún, con la difusión de Internet las repercusiones toman una relevancia extraordinaria porque, al salir de una fuente representativa, se aceleran y facilitan la propagación de informaciones y opiniones sin la verificación o documentación que exige la certidumbre.

Las redes sociales tienden a jugar un papel relevante como influenciadores a lo largo de un proceso que debería ser judicial pero que se queda como un espectáculo mediático con capacidad de lograr que sea la opinión pública (como sinónimo del “pueblo sabio”) la que imponga la sentencia.

Hemos visto que desde el inicio y a lo largo de los conflictos es, principalmente a través de las redes, como se va construyendo una imagen del problema, con breves mensajes, pero de manera consistente y repetitiva.

En la medida en que no hay contrastes a esa información y mediante influenciadores -que puede ser la misma fuente original del conflicto- se construye el contexto que va a alimentar el siguiente paso o el discurso acusatorio con algún elemento legal que terminará por perfilar la opinión deseada del público.

Un estudio sobre la influencia de las redes sociales en los juicios paralelos del gabinete español de comunicación Llorente&Cuenca revela que la conformación de la opinión pública en un proceso judicial “ya no es un mecanismo lineal que se produce a modo de relación causa-efecto en los medios tradicionales (cada hito procesal produce su impacto en prensa), sino que se trata de un fenómeno cíclico en el que después de cada hito procesal y de su impacto en los medios de comunicación, nuevas vías de información y opinión entran en juego e influyen en la opinión pública: Internet y las redes sociales, con su efecto lógico sobre las personas que en términos de reputación podemos denominar ‘influenciadores’.”

Pero si se suman elementos como la calumnia o la difamación, el tema va más allá porque el deterioro de la reputación por internet tiene, al menos, cuatro rutas: la hipertextual (Google/Yahoo!), multimedia (YouTube), social (Facebook) y tiempo real (Twitter).

El peso que tiene cada una sobre la reputación de personas e instituciones enjuiciadas en paralelo a las leyes es tan brutal como la pena capital por su impacto prolongado en el tiempo, por lo que los juicios mediáticos con acusaciones lanzadas sin un proceso judicial previo, siempre dejan una “huella digital” que solamente el olvido puede hacer a un lado.