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Columnas

Percepciones. Islas Marías

@ftijerin lun 18 feb 2019 07:01
No hablo de oídas, conozco el centro penitenciario
No hablo de oídas, conozco el centro penitenciario
Foto propiedad de: Internet

“El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era” Paul Valéry

Desconozco si la medida que en su conferencia mañanera anunciará el Presidente de cambiar la vocación de las Islas Marías para que deje de ser una prisión federal y se convierta en una reserva natural y centro de educación ambiental sea atinada.

No hablo de oídas, conozco el centro penitenciario pues hace 40 años tuve la oportunidad de estar en él durante una semana con un grupo de estudios de la Facultad de Biología de la Universidad.

Las cosas deben haber cambiado en cuatro décadas, no lo dudo, pero lo cierto es que hasta ahora en “El Continente”, como le llamaban entonces los internos a la tierra firme, de pocas fugas de presos nos hemos enterado.

En aquel tiempo sólo María Madre estaba ocupada por el reclusorio y a su alrededor había construidos diversos centros en los que habitaban los internos dedicados a distintas tareas, desde las más sencillas hasta las afamadas “salinas” que era considerado un “campamento de castigo”, como en los tiempos de la película realizada por Pedro Infante.

Acudir a las Islas era todo un proceso por el que pasaban mujeres y familias para estar poco tiempo con quienes ahí habitaban unos días; por lo demás había familias y la vida era parecida a la común, aunque con reglas muy estrictas como el toque de queda.

Ahí tuve oportunidad de conocer y tratar al sacerdote Juan Manuel Martínez “El Padre Trampitas”, cura católico que se internó en el lugar de manera voluntaria para evangelizar a los presos. Un hombre ejemplar que vivió ahí más de 30 años y sus cenizas reposan en las Marías.

No dudo que los ecosistemas con que cuenta el archipiélago sean una inmensa reserva natural, pero insisto, cuando menos en la percepción el hecho de estar en medio del océano, hacen de “Las Marías” una de las cárceles más temidas por los delincuentes en el país, por lo que habría que ver si, como dicen en el rancho, “no nos sale más caro el caldo, que las albóndigas”.

Como siempre, esperamos que la determinación presidencial sea la mejor para el país y los mexicanos.

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