martes 19 de febrero de 2019 | 08:18
Columnas

¿Ya vio Andrés Manuel la crisis económica en ciernes?

@maloguzmanvero mar 12 feb 2019 11:11
La percepción medida en un presidente con altos rangos de aceptación es cierta, pero es una variable veleta, puede cambiar y —en dado caso— nada puede hacer para impedir la realidad económica
La percepción medida en un presidente con altos rangos de aceptación es cierta, pero es una variable veleta, puede cambiar y —en dado caso— nada puede hacer para impedir la realidad económica
Foto propiedad de: internet


“Guardar silencio cuando se necesita señalar errores, es traición”. W. Churchill
“En ciernes” significa “aún en fase de formación”, según el Diccionario panhispánico de dudas.  Y “aún formación” quiere decir que algo ya está en proceso de ser una realidad. Hay tiempo de evitar el fenómeno. ¿Lo entenderán en la 4T?

 

¿Nadie se atreve a decir las cosas por su nombre? ¿La oda al presidente López Obrador les frena tanto? ¿Soy la única que, no obstante los altos índices de popularidad de Andrés Manuel, ve una crisis económica a la vuelta de la esquina?

No, no soy la única. Secundo a Enrique Quintana en El Financiero, quien señala las cifras de la pérdida de empleo (y trastocar las cifras al citar todo un año, de un crecimiento a tasa anual de 3.3%) y otras que son preocupantes: producción industrial de diciembre cayó a un ritmo de 2.5% a tasa anual, caída libre en la producción de petróleo de 8.3%, descenso del 3.7% en producción de minerales, reducción de 16.8% en generación de empleos (113,722 enero 2018 vs. 94,646 enero 2019), más de 140,000 desempleados, incremento de deuda por NAICM, etc., etc. etc.

No nos hagamos tarugos, ni seamos cómplices: los números que presenta el ejecutivo federal en casi cualquier ámbito son erróneos o sesgados. Y, a diferencia de Estados Unidos con Trump, pocos cantan las verdades a todo pulmón.

La lucha contra la corrupción, uno de los dos pilares en los cuales Andrés Manuel apoya su razón de ser, no es basamento suficiente; nunca lo ha sido, nunca lo será. Más cuando ni siquiera en sus orígenes, en el círculo más cercano, se puede creer en ella. ¿Cómo sentirse abrigado por el manto de la moralidad si ni siquiera sus secretarios o subsecretarios presentan completas sus declaraciones?, ¿o cuando se hacen compras directas y sin licitación a diestra y siniestra?

La percepción medida en un presidente con altos rangos de aceptación es cierta, pero es una variable veleta, puede cambiar y —en dado caso— nada puede hacer para impedir la realidad económica. Más si el ámbito financiero internacional pronostica poco crecimiento.

Que AMLO tenga que decir “no estamos contra el sector privado”, como lo hizo apenas hace unas horas este martes, es señal de que algo anda muy mal. Hay focos rojos que se tienen que enfrentar con acciones, propuestas plausibles y posibles, de otra forma no tendremos forma de sortear los pronósticos económicos.

Se desatan los demonios; y el problema no es abrir tantos frentes (que sí es problema, incluso para AMLO, político experimentado), el inconveniente de ello es que genera una serie de dificultades donde no las había.

Aun así, la traba mayor, aquella que la gente no perdona, vendrá cuando se dé la crisis económica. La economía, cuando impacta en el bolsillo de los consumidores, es más fuerte que cualquier amor. Lo dicen millones de venezolanos. Y no será una crisis económica igual a las que quizá estemos acostumbrados; será famélica, de urgencia. Ahí el fin de la popularidad, sí, pero también del país.

Por el bien de México y del gobierno que hoy nos rige, ojalá me equivoque. Mientras tanto, “traidora” me dirán, pero traición sería callar.