jueves 18 de julio de 2019 | 01:24
Columnas

No es Calzonzin, Andrés Manuel, sino otra película: una de dos chicas muy mal portadas

@FedericoArreola dom 10 feb 2019 09:14
Jitka Cerhová y Ivana Karbandova en Las margaritas de Vera Chytilová, filme de 1966
Jitka Cerhová y Ivana Karbandova en Las margaritas de Vera Chytilová, filme de 1966
Foto propiedad de: Internet


Rius

Andrés Manuel López Obrador recomendó a los políticos ver una película, Calzonzin inspector, de Alfonso Arau —basada, dede luego, en el personaje del extraordinario Rius.

Alguna vez vi ese filme, creo que en la tele. No recuerdo ningún detalle de tal obra, pero eso no es importante.

Lo que quiero contar es que después de leer, en El Universal, la recomendación cinematográfica del presidente de México busqué en Google “películas que deben ver los políticos corruptos”. Lo hice así porque supuse que Andrés Manuel no pensaba en los buenos políticos cuando se le ocurrió sugerir ver la película Calzonzin inspector.

Serrrat

Google es como Joan Manuel Serrat. Este artista, anoche en Bellas Artes, al final de su presentación escuchó satisfecho a la gente que le aplaudía y le pedía en voz alta “¡otra, otra!”. No pocas personas, gritando mucho más fuerte que el resto, exigían algunas canciones en particular y, naturalmente, daban los títulos. Serrat aceptó seguir un rato más con el show diciendo algo así como: “el público pide canciones específicas, pero el cantante cantará la que se le pegue la gana”. Y cantó la única que yo no quería escuchar, la de Penélope. 

Las 25 películas europeas

Le pedí a Google “películas que deben ver los políticos corruptos” y el buscador, como Serrat, me llevó a donde quiso, esto es, a numerosas noticias irrelevantes, hasta que apareció una información que consideré valía la pena, del diario británico The Guardian: “Europe in 25 films: the critics’ choice”. De esos 25 filmes seguramente no he visto ninguno. Leí las breves reseñas de todos y me llamó la atención una película de 1966, Las margaritas, de la directora checa fallecida en 2014 Vera Chytilová.

Lo tonto del cine en México

Puedo estar equivocado —de cine realmente no sé nada—, pero entiendo que en México Las margaritas se estrenó en 1969 con un título bobo y mojigato en este caso, además plagiado de Agustín Lara: Las pervertidas. Absurdo. Me gusta el bolero Pervertida —en el que Lara canta “a ti mujer ingrata, pervertida mujer a quien adoro” —, pero creo que ya no es políticamente correcto. ¿Por qué es “pervertida” la novia o la amante o la esposa que se va con otro fulano? Qué pendejada.

Dos chicas muy mal portadas

Las protagonistas de la película de Věra Chytilová se portan mal, bastante mal, pero no son pervertidas. Creo que más bien son rebeldes, en el mejor sentido de la palabra. No he visto la película, pero leí numerosas reseñas. En El País, cuando se dio la nota de la muerte de la directora, alguien escribió sobre Las margaritas (no sobre Las pervertidas): “Exponía las situaciones vividas por dos muchachas gamberras dispuestas a convivir con la corrupción moral reinante, corrompiéndose ellas al mismo tiempo”.

Wikipedia sintetiza el argumento con mayor claridad: “Dos chicas jóvenes, tomando el sol en bikini, llegan a la conclusión de que si todo el mundo está corrompido, ellas también lo estarán. Después de esta subversiva conclusión ellas juegan a ser malas y negativas con el entorno”.

Aunque en su tiempo la película de Věra Chytilová no pudo superar a la censura checoslovaca, hoy sería, como dice el redactor de El País, “una película de corte ingenuo”.

La explicación de la violencia

No creo que Las margaritas sea una película que pueda dar lecciones a los políticos corruptos, que la verdad sea dicha no tienen remedio. Sí pienso que el filme puede servir para explicar por qué los malos de verdad, esto es, los jefes de las mafias del narco y del huachicol, son tan populares. Para resolver el principal problema de México, el de la violencia, hay que partir de un diagnóstico correcto, y la película de Věra Chytilová ayudará bastante a los responsables de cambiar a México.

La tesis de Las margaritas —“si todo el mundo está corrompido, las jóvenes protagonistas también lo estarán”—  deben analizarla los políticos decentes de todos los partidos que sí quieren un México distinto, pero también tienen que reflexionar sobre tal película otros líderes dispuestos a participar, solo por patriotismo, en el cambio: empresarios, escritores, líderes religiosos, periodistas.

El Himno Nacional que nos dejó Calderón

Lo único que se da en abundancia en México son los sicarios. Desde el gobierno de Felipe Calderón el Himno Nacional se modificó. La Patria tristemente ahora ve que no es un soldado, sino un sicario lo que el cielo en cada hijo le da; en efecto, en eso terminan convertidos miles de jóvenes mexicanos pobres, sin esperanza, hundidos en el vicio y en la ignorancia. 

La verdad de las cosas, no son delincuentes. Son muchachos que simplemente concluyen, como las mujeres de Las margaritas, que si todo está corrompido, ellos también lo estarán.

La moral

Creo que ese es más o menos el diagnóstico de Andrés Manuel cada mañana en sus conferencias de prensa: la gente de abajo se ha portado mal porque ha visto que los de arriba son los peor portados, los más corruptos, los más cínicos, los más desvergonzados.

Yo me burlaba de la propuesta de AMLO de una “constitución moral” y me pareció un exceso repartir por miles la Cartilla moral de Alfonso Reyes. Tal vez debo empezar a modificar mi opinión después de haber leído sobre Las margaritas —las chicas rebeldes de la película de Věra Chytilová, no las pervertidas que los distribuidores mexicanos vieron en 1969.

Si en nuestro país todo está mal, los jóvenes mexicanos también lo estarán. Si nadie entre los dirigentes políticos, intelectuales y económicos respeta los principios fundamentales, si ninguno se guía por la ética, si todos hemos sido unos cínicos, ¿cómo no esperar que las mafias tengan a millones de muchachos sin futuro en su ejército de reserva de sicarios?

Si en el origen del problema está la falta de ética, por ahí debemos empezar a atacarlo.