viernes 22 de marzo de 2019 | 07:34
Columnas

¿Serás tú, Andrés?

@carlosanguianoz lun 28 ene 2019 14:08
Sus detractores y opositores naturales, ante ello no han sabido articular discurso, mensaje ni posicionamientos que logren sacudirlo o tambalearlo.
Sus detractores y opositores naturales, ante ello no han sabido articular discurso, mensaje ni posicionamientos que logren sacudirlo o tambalearlo.
Foto propiedad de: Internet

 

En relación a la popularidad de mandatarios, la Asociation for communication in politics, (ACOP), publica una Tabla de Valoración en  Noviembre de 2018. En ella se aprecian algunos datos que comparto con ustedes:

El Presidente mejor evaluado del mundo es Vladimir Putin, de Rusia, con 66.1%, empatado por Martín Vizcarra, de Perú. Ambos levantamientos e realizaron en el mes de octubre de 2018. En el caso de México, Enrique Peña tiene 18%, en levantamiento de agosto de 2018. Por debajo de él, se encuentran Nicolás Maduro, de Venezuela, con un 11% en levantamiento de abril de 2018 y Michel Temer de Brasil, con tan sólo un 3% en junio de 2018. (la tabla completa puede verse en www.compolitica.com/tabla-de-popularidad/).

En nuestro país, no hay precedentes de índices tan altos en el inicio de gestión de gobierno de un presidente. El reto será conservar los niveles aprobatorios altos por un período sostenido. Por ahora, la ciudadanía le está brindando al presidente Andrés Manuel López Obrador no sólo el beneficio de la duda, sino confianza y respaldo irrestricto a las primeras acciones que ha emprendido y a los planteamientos de política pública que apenas ha esbozado.  

La comparación con su inmediato antecesor es un fenómeno demoscópico digno de ser estudiado a profundidad. Mientras que a Peña no se le toleraba ningún error, así fuera lingüístico y sin consecuencias, a López le aplauden sus deslices, dislates y ocurrencias.

Diversas mediciones rebasan el 85% de aceptación para el Presidente reciente y ha salido bien librado de temas candentes, que hubieran descarrilado sin duda a cualquiera de los anteriores tres ex presidentes de México: la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el AICM; desabasto de gasolina en múltiples ciudades, incluyendo las 3 áreas metropolitanas más grandes del país; la explosión del oleoducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó hasta ahora 115 fallecidos.

De hecho, si cualquiera de quienes compitieron contra López Obrador por la presidencia de México, hubiera ganado, difícilmente gozaría del abasto popular que por momentos y en ciertos lugares del país tiene tonos de fiesta y espontanea celebración popular.

En nuestro país, donde la inseguridad y la pobreza, aunados a otros temas como la corrupción generaron la desaprobación al gobierno, el descredito de los gobernantes, la apatía y el hartazgo social necesario como para confrontar a las autoridades y mermar los niveles de gobernabilidad a niveles preocupantes, sigue siendo un país donde todos esos elementos permanecen y ninguno de ellos puede decirse que ha logrado corregirse. Existe por ahora, cierto compás de espera para una ciudadanía ávida de tener en quien creer, para quien la esperanza en el Presidente les renueva los anhelos y los sueños perdidos. Hoy, el AMLO del pueblo es el gobernante de la esperanza, slogan que utilizó en anteriores campañas políticas, etiqueta que le arropa y que explica en parte el por qué de su súbito repunte en las preferencias populares.

Sus detractores y opositores naturales, ante ello no han sabido articular discurso, mensaje ni posicionamientos que logren sacudirlo o tambalearlo. Muchos de los integrantes de las bases militantes de los partidos políticos opositores al régimen, incluso han dado pasos laterales y se han sumado al apoyo al presidente, sin necesidad de renunciar a sus militancias de origen, de manera desinteresada, sumados al deseo de cambio y de que se logren controlar los dragones malignos de la corrupción en primer término, esperando que con eso mejore la economía, tal como lo ha narrado el presidente, y logre abatir la inseguridad pública, generando mejores condiciones de vida con calidad, con base en ofertas discursivas de educación, becas, apoyos y respaldo del gobierno hacia el grueso de la población nacional, desprotegida y necesitada.

Una nación donde se ha perdido la justicia, reacciona en consecuencia. Para ciertos sectores de la población a disgusto con MORENA y con el Presidente de México, es injusto el trato que le dispensan, inmerecido, descabellado. Infieren que el presidente fallará y al parecer lo desean. La visión miope de los carroñeros contrasta con la ingenuidad de quienes aclaman al Presidente y lo defienden como si de él dependieran las soluciones a sus problemas y a los problemas de todos.

Decidir desde el gobierno el rumbo y fijar el destino del pueblo, es una atribución que por mandato popular se ha ganado Andrés Manuel López Obrador. No debe cometerse el error de olvidar que si él no hubiera alcanzado la presidencia, cualquier otro gobernante enfrentaría problemas serios de respaldo y aceptación popular y probablemente, estaríamos inmersos en un severo conflicto, en enfrentamientos, en luchas apasionadas, en el marco de una población nacional dividida, que acusa consecuencias de sus brechas de desigualdad, de los malos recuerdos de gobiernos anteriores que inundan la conciencia colectiva.

Andrés Manuel  ya es presidente. Que a nadie le incomode ya su gran aceptación y popularidad. Dejemos ya de intentar descarrilarlo en las preferencias colectivas. Hagamos que lo que alguna vez se clasificó como amenaza en el análisis político, hoy se convierta en la gran oportunidad de que un gobierno transite acompañado del pueblo, recibiendo confianza y respaldo, reactivando la participación y reactivando el orgullo nacional y el respeto a nuestras instituciones.

Si el Presidente lo hace bien, logrará acomodarse para bien en la historia de México y será recordado como un gran hombre; si lo hace mal, nos queda el consuelo de que no sería el primero y que nuestra democracia permite que cada 6 años elijamos a otro Presidente. Alguna vez, los mexicanos le vamos a atinar y tendremos un gobernante que nos llene de alegría y que nos dé orgullo. ¿Serás Tú, Andrés?