domingo 17 de febrero de 2019 | 12:47
Columnas

Tlahuelilpan: del sabotaje al terrorismo

@ruizjosejaime dom 20 ene 2019 13:48
Los ductos no se rompen, se pinchan.
Los ductos no se rompen, se pinchan.
Foto propiedad de: Internet

1.- La hipótesis de que se rompió el ducto es una pésima hipótesis. Los ductos no se rompen, se pinchan.

2.- Deliberadamente y con conocimiento de causa, probablemente con conocimiento de consecuencia, un grupo organizado pinchó el ducto.

3.- No se trataba de robar combustible, se trataba de pasar del sabotaje al terrorismo. ¿Midieron las consecuencias? Sí, pero tal vez no en su real magnitud.

4.- No hubo “protocolo” del saqueo, como se había hecho uso y costumbre. No existieron los 500 pesos de “cover”. No había pipas qué llenar. No existió táctica para el saqueo.

5.- Tlahuelilpan fue una trampa no de sabotaje, de terrorismo. Todo es mecha: la fricción de la ropa, un cigarrillo, dos celulares. ¿Quién incitó a rociarse con gasolina además de la propia impregnación por el chorro?

6.- Lo esencial en las indagatorias no es sólo cómo sucedió el accidente sino quién o quiénes lo provocaron.

7.- Después de la perforación, ¿cómo se dio la “noticia” de gasolina gratis? ¿Quiénes propagaron la información a los habitantes del municipio y a los municipios aledaños? ¿Fue orquestado o de boca en boca?

8.- En el protocolo de la seguridad, los gobiernos locales y el Ejército requieren de pancartas básicas. “No se acerque. Peligro de explosión”. Un gobierno es para disuadir, no nada más para persuadir.

9.- Del sabotaje al terrorismo hay una gran distancia. Perforar ductos y huir es menor; implicar muertes ciudadanas es mayor. El crimen organizado escaló en su lucha contra el Estado mexicano. Más que ingenuidad, pendejez ciudadana. Reses humanas, los llevaron al matadero… y festejaban.

10.- Tiro por culata. Aleccionados con la tragedia, los ciudadanos cómplices del huachicol se la pensarán dos veces. ¿Un bidón mal vale una vida?

11.- ¿A quién le favorece la tragedia? Al presidente Andrés Manuel López Obrador y su lucha, nuestra lucha, contra la corrupción.

12.- La insania política, mediática y, a veces, empresarial, buscará hacer culpable a Andrés Manuel. No lo es. Tampoco es un héroe. Cumple con su trabajo. Hace reales sus promesas en contra de la corrupción. Quienes dividen están en otro lado.

13.- Como el narco, la industria del huachicol permea social, política y empresarialmente. Como bien apuntó Gabriel Zaid hace años: la corrupción no es parte del sistema, es el sistema mismo.

14.- La tragedia de Tlahuelilpan es la punta del iceberg. Los bajos fondos nos deparan delincuenica y crímenes entenebrecidos.

 

15.- Cada transición tiene su cuota, o al menos la tentación, de sangre. En política el terciopelo no existe. Existen la pelambre, las garras, fauces. Tlalhuelilpan es un indicio, la delincuencia organizada, que se pretende terrorista, apenas despunta.

16.- Valemadristas, desprecian al Estado y a los ciudadanos: San Fernando, la masacre de Allende, tráiler de la muerte en Jalisco… Tlalhuelilpan.

17.- El cadáver es el alimento del crimen organizado.

18.- Empresarios corruptos cayeron en el influjo de la delincuencia. Doble moral, ingresaron al crimen y se pretenden honestos, son cómplices.

19.- En esta nueva etapa de la vida pública ya no sólo es enfrentar al crimen organizado, también al terrorismo sin causa política, pero sí con intereses financieros y económicos.

20.- A diferencia de otras transiciones –como España, Sudáfrica, Chile–, el cambio de régimen en México (corruptos desde la Colonia), es la transformación, la transiguración estructural (ni el racismo ni lo militar): acabar con la corrupción, con la impunidad. Esa es la tarea urgente, la necesaria.