domingo 16 de junio de 2019 | 02:51
Columnas

Percepciones. Entendámonos

@ftijerin vie 11 ene 2019 07:08
Martha Zamarripa,
Martha Zamarripa,
Foto propiedad de: Internet

“Entre el blanco y el negro existe una cantidad infinita de tonos de grises” Yomero

Me gusta la gente que defiende con pasión sus convicciones, porque soy igual y peleo por  las cosas en las que creo; sin embargo soy consciente de que no soy el poseedor absoluto de la verdad y que mis gustos, preferencias o creencias en muchas ocasiones no son compartidas por otras personas, de tal suerte que existe una brecha en la que se pueden discutir posturas, por lo que respeto otras opiniones y en ocasiones, cuando la argumentación es suficiente, he cambiado mi visión en diversos temas. Exitosa como estrategia de campaña, la polarización de algunos temas es una de las herramientas preferidas del Presidente López Obrador. Sus defensores siguen cual dogma los posicionamientos del Gobierno y los defienden a capa y espada; cuando alguien osa opinar en contra se le echan encima descalificando, insultando y agrediendo, cerrando el espacio al diálogo y la discusión de las ideas. En política otros han hecho lo mismo creando legiones de “zombis”, algunos pagados (a los que en Nuevo León llaman “comelonches”) y otros sinceramente convencidos. He conocido de unos y otros.

Entiendo a aquellos que hartos de muchas cosas están en contra del sistema establecido y despotrican contra todo y contra todos; sin embargo no alcanzo a comprender la lógica de algunos a los que de siempre he considerado personas brillantes, pero cuando se trata de estos temas se transforman a tal grado que pontifican y, como “El Rey” de José Alfredo, “su palabra es la ley”, de tal suerte que quien se atreve a desafiarlos con un cuestionamiento es inmediatamente refutado con epítetos y señalamientos.

 

Conozco desde hace unos 40 años a la periodista Martha Zamarripa, desde los tiempos en que estaba terminando su carrera en el Tec de Monterrey y luego compartimos algún tiempo en el Canal 12 en donde se convirtió en toda una figura. Fui testigo de su paso por Televisa Monterrey y Radio Fórmula en la Sultana del Norte. Desde hace tiempo emigró a la capital y se ha convertido en una fiel escudera de López Obrador, tanto que cuando he cuestionado en sus post de redes sociales alguna acción reacciona de una forma que no deja espacio al diálogo o la discusión y eso, perdón, me parece que no contribuye en nada a la construcción de un país.

 

Voy de acuerdo en defender más nunca en tratar de imponer por la fuerza; comprendo un posicionamiento, pero cuando este viene cargado de adjetivos y descalificaciones me parece que pierde sentido y valor.

Como Martha hay otros, más chiquitos (perdón pero aquí sí debo aplicar la calificación por la diferencia de brillo en sus carreras), pero que se comportan de la misma manera.

Hace tiempo un amigo era exactamente igual con un candidato que llegó al Gobierno. Poco tiempo después las condiciones y circunstancias cambiaron y aquel férreo defensor se convirtió en un feroz crítico. Espero sinceramente que Martha y otros como ella no terminen la historia de la misma forma.

Creo en el diálogo y la sana discusión de las ideas sin agredir, insultar o calificar. Entendámonos, unos y otros buscamos lo mejor para México y en esa búsqueda todos podemos aportar, pero para ello es necesario abrir la mente y el corazón para aceptar que otras ideas también pueden ser buenas, no sólo las que vienen desde las alturas del gobierno.

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