sábado 15 de junio de 2019 | 10:38
Columnas

Percepciones. Apuesta

@ftijerin jue 10 ene 2019 06:53
Es tiempo de pensar en grandes soluciones a nuestros grandes males.
Es tiempo de pensar en grandes soluciones a nuestros grandes males.
Foto propiedad de: Internet

“Dejemos de ver hacia atrás y pongamos la vista al frente” Yomero

Víctor Pérez, diputado federal, Jesús Nava, diputado local y el alcalde de Santa Catarina, Nuevo León, Héctor Castillo, presentaron ayer una propuesta de exhorto en el Congreso local para que la Comisión Nacional de Uso Eficiente de la Energía (Conuee), informe sobre los programas de financiamiento para el uso de energías limpias en los hogares.

La idea es buena porque el apoyo federal existe y no se conoce y con él se pudiese lograr que muchísimos hogares que hoy se roban la energía eléctrica con los famosos “diablitos” se regularicen; el salto será difícil, es verdad, porque de pagar nada a tener que desembolsar dinero hay un amplio trecho, pero por algo se empieza.

El asunto me hizo recordar lo que alguna vez he dicho en este espacio acerca de los automóviles y las políticas públicas en México. Hoy por hoy los autos híbridos y eléctricos son de los más caros en las agencias; si de verdad apostamos al futuro pensando en el medio ambiente y el beneficio de los mexicanos, para que ya no nos sigan robando y “huachicoleando”, ¿por qué no impulsar mediante incentivos el uso de este tipo de vehículos?

Imagine dos grandes programas nacionales de educación técnica: por una parte elaboración de sistemas de paneles solares y por la otra construcción de autos eléctricos. Ambos productos los vendería el gobierno y con el dinero de las ventas se generaría un círculo virtuoso que permitiría abrir más plantas generando empleos para los chavos a lo largo y ancho del país.

¿No se puede? ¡Claro que se puede, sólo se requiere de voluntad!

Es tiempo de pensar en grandes soluciones a nuestros grandes males. No basta con acabar con el robo de combustibles y energías, se requiere de una visión integral en la que se conjuguen, como decían en el rancho, “el remedio y el trapito”.

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