miércoles 19 de junio de 2019 | 07:09
Columnas

En Contexto. La tragedia de los comunes y una mala estrategia

@lusacevedop jue 10 ene 2019 21:58
Los ciudadanos, bajo situaciones de inestabilidad o presunción de escasez de cualquier tipo, derivan en pánico y eventualmente en violencia
Los ciudadanos, bajo situaciones de inestabilidad o presunción de escasez de cualquier tipo, derivan en pánico y eventualmente en violencia
Foto propiedad de: Internet

 

El pánico desatado por la noble iniciativa de acabar con el huachicoleo y dar una muestra de la profundidad con la que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador pretende atacar las causas de la corrupción que agravan la desigualdad social y frenan el progreso, muestra también la falta de entendimiento de la estructura nacional.

La maniobra federal basada en el cierre de ductos para reducir el robo de combustibles y ofrecer cifras inmediatas, pero alegres e inverosímiles, de efectividad de la medida, propició una compleja percepción de escasez que se ha reflejado no solo en las largas filas de vehículos que buscan afanosos llenar sus tanques de combustibles, sino también de peatones con bidones en cada mano “por lo que pueda suceder…” o para revenderla.

Y esto ha ocurrido por no dar información.

Cualquier esquema de comunicación, especialmente de gobierno establece que lo primero que se debe hacer ante una situación de crisis es anunciar y explicar los objetivos que se pretenden y, a partir de ahí, mostrar resultados de manera inmediata y sistemática.

Eso es lo elemental. De otra manera se produce caos.

Porque los ciudadanos, bajo situaciones de inestabilidad o presunción de escasez de cualquier tipo, derivan en pánico y eventualmente en violencia, ya que racionalmente todos los individuos buscamos maximizar nuestro bienestar.  Por eso se generan condiciones de pánico que tienden a agotar o destruir los recursos públicos o los bienes compartidos, lo que termina siempre en un grave daño social.

Cualquier profesional de la administración pública o de la gestión de gobierno debe proyectar escenarios antes de tomar decisiones. Para eso ha probado su eficacia la Teoría de juegos, que es una de las formas de crear escenarios que deriven en una estrategia confiable en la cual los participantes estén en igualdad de condiciones para extender sus ganancias individuales ya que ninguno dispone de incentivos para hacer un cambio individual de estrategia: un piso parejo que, además, al igualar sienta las bases éticas del bien común.

En el siglo 19 el matemático William Foster escribió un folleto ya clásico que se conoce como la Tragedia de los Comunes que permite explicar las causas del pánico que vemos con las gasolinas, su escasez, la desconfianza y el desgaste innecesario de la lucha contra el huachicoleo.

La parábola describe a unos pastores que utilizaban una misma zona de prados. Uno de ellos consideró que podía añadir un borrego a los que ya pastaban en el terreno común, ya que el impacto de un solo animal apenas afectaría a la capacidad de recuperación del suelo. Cada uno de los demás pastores consideraron que podían ganar más si incluían una oveja más sin que los pastos se deteriorasen. Pero la suma del deterioro imperceptible causado por cada animal arruinó los pastos, y tanto los animales como los pastores murieron de hambre.

En la crisis actual, los “comunes” está representada por la gasolina, un bien público accesible para todos, inclusive para quienes carecen de un vehículo. Y esto se puede trasladar a cualquier recurso natural de propiedad común o de la nación. En su momento, recordemos, así se justificaron los huachicoleros poblanos, entre otros.

Con el desabastecimiento de combustibles es claro que el papel individual de los ciudadanos, carentes de información y sin visión de objetivos precisos, enfrentan un problema que no es en absoluto insignificante si se observan las acciones de otros que tienden a sentirse perdedores, porque como sucede en el “dilema del prisionero” de la Teoría de Juegos, en donde hay dos estrategias posibles: cuidar los bienes comunes o no cuidarlos o desde otra perspectiva actuar en común o traicionar, la tendencia es adquirir de inmediato lo que se puede agotar, incluso al precio que sea.

Cuando las crisis son notorias se puede determinar su inicio, pero no el final porque prevalecerá la desconfianza, pues se rompen las concepciones esenciales de lo que es el derecho privado y el público. Pero también. la falta de información dificulta entender que el mercado no siempre puede ser libre y que a veces se requiere la mano del Estado.

Pero para eso hace falta que todas las acciones gubernamentales estén basadas en un plan de comunicación que haga a un lado la propaganda para brindar información.

Información suficiente de las autoridades para poder desarrollar políticas públicas confiables y, antes de ponerlas en operación, esquemas de comunicación social para que los ciudadanos sepan que van a obtener, a qué costo y en qué tiempo. A eso corresponde la democracia.

Sin esos elementos, el destino es la Tragedia de los Comunes.

Como lo hemos experimentado.

@lusacevedop