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Columnas

Crónica política: Debe cambiar la forma de elegir a los Ministros

@rosyramales vie 14 dic 2018 10:43

 

 

La independencia, la autonomía y la imparcialidad en los juzgadores no la da el dinero, sino esencialmente depende de la ética de quienes ejercen la función jurisdiccional y de la neutralidad en el procedimiento de elección de los mismos.

Hablamos de los órganos jurisdiccionales federales y locales: Todos los que conforman el Poder Judicial en ambos órdenes.

Pongamos un ejemplo: Si los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación son propuestos por el Presidente de la República y electos por un pleno legislativo de mayoría afín a él, ¿a quién van a obedecer? Pues a quienes los apadrinaron y eligieron. ¿O no?

Claro que así ha sido por los siglos de los siglos amén. Aun cuando la Constitución dote de autonomía e independencia al Poder Judicial, autonomía por demás utópica y quimérica.

Y ha sido evidente, por ejemplo, en algunos casos resueltos por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación o en ocasiones por la misma Corte en acciones de inconstitucionalidad contra leyes electorales. ¿Escapan los demás órganos integrantes del Poder Judicial Federal?

Vaya si tanto se pelea la autonomía y si de “cuarta transformación” se trata, entonces vayan haciendo cambios de fondo en el sistema de gobierno. Por ejemplo, modificar radicalmente la forma de elegir a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

¿Cómo? Habría que poner a trabajar a los “cerebros” y asesores jurídicos de la “cuarta transformación” (aunque advirtiéndoles que no se aceptan errores en las iniciativas) para que piensen en el procedimiento idóneo.

Quizá podría ser por insaculación previa convocatoria a la sociedad para la inscripción de todas aquellas personas que reúnan los requisitos exigidos por la Constitución y la ley, y de ellas seleccionar a las más aptas para luego elegirlas mediante el procedimiento al azar.

Así se evitaría la supeditación al Presidente de la República, a un partido político o a los legisladores, aun cuando el procedimiento lo realice alguna de las cámaras del Congreso de la Unión o la misma Corte.

Claro, las personas aspirantes deberán presentar exámenes de conocimientos generales, técnicos y sicométricos, pero sin pasar por entrevistas ni con el Presidente de México, ni con los legisladores. Y después de las evaluaciones, aplicadas por instituciones prestigiadas, la selección al azar.

Se supone que quienes pasen todos los filtros son las personas más aptas y cualquiera de ellas podría desempeñar el cargo de Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y así todos los mexicanos con aptitudes tendrían el derecho a participar y ser electos al cargo jurisdiccional.

Porque hasta ahora, el procedimiento ha privilegiado a personas con algún tipo de vínculo con el Presidente de la República o con los legisladores, y el respectivo partido político.

Y para garantizar la equidad de género en la selección de ministros, de entre las personas inscritas conformar una lista de mujeres y otra de hombres que pasen por cada uno de los filtros hasta llegar a la insaculación.

Es un ejemplo de cómo podría seleccionarse a los ministros de la Corte; puede haber muchas más. Cualquiera que sea, pero ya eliminar el procedimiento mediante el cual el Presidente de la República propone una terna y el Senado elige a modo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador acaba de enviar al Senado la terna para suplir la vacante que dejó el ministro José Ramón Cossío Díaz.

La terna la integran: la ex diputada federal de Morena y encargada de los Foros de Pacificación, Loretta Ortiz; la ex candidata al Senado por Morena Cecilia Maya García; y Juan Luis González Alcántara Carrancá, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia capitalino.

Y comparecerán ante la Comisión de Justicia del Senado.

¿Dónde quedará la independencia de la persona que resulte electa como ministro o ministra? ¿La forma de elegirla no compromete la autonomía de la Corte?

Los de la “cuarta transformación” están obligados a dejar atrás esquemas que criticaron del PRI y del PAN, e impulsar, como lo prometieron en campaña, “cambios verdaderos”.

Y están a tiempo de hacer las reformas pertinentes para cambiar procedimientos, aún después de haber seleccionado al ministro o ministra para suplir la vacante de Cossío, pues en un artículo transitorio los legisladores pueden establecer el derecho a participar de los actuales ministros.

Es tiempo de acabar con los cacicazgos en el Poder Judicial Federal, a cuyos cargos tienen acceso puro recomendado, con sus excepciones. Debe abrirse, aunque sin menoscabar el derecho de quienes hacen carrera judicial.

NADA POR LA FUERZA

Ciertamente, como lo dijo en su último informe el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar, una de las máximas del ex presidente Benito Juárez García es: "Nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho".

Pero el ilustre oaxaqueño también postuló que: “Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos, no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad. No pueden gobernar a impulsos de voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala”.

Y los ministros de la Corte ejercen su función en medio de exceso de gastos, incluida su jugosa remuneración. Y eso enoja a la gente. Ya ven como esta semana un grupo de manifestantes atacó el automóvil de Jorge Camargo, director de comunicación social del Consejo de la Judicatura Federal, en protesta por los altos sueldos de jueces y ministros.

Claro, puede tratarse de adeptos de AMLO. Pero de que enoja a la ciudadanía en general, enoja. Quizá haga falta revisar cuáles son los excesos en el Poder Judicial y eliminarlos, igual que los privilegios, y valorando cuáles deben ser los ingresos justos acordes a su importante función del control constitucional.

AUTONOMÍA Y EQUILIBRIO

El pleito entre los poderes deja en claro que a todos nos hace falta leer y releer en qué consiste la autonomía de los mismos y el equilibrio entre ellos.

Nuestra Constitución General garantiza autonomía, pero también ordena equilibrio.

Desempolvemos los textos en materia de Derecho Constitucional, y los debates de los constituyentes.