martes 25 de junio de 2019 | 05:42
Columnas

Adiós, INEE

@maloguzmanvero jue 13 dic 2018 06:57
Siendo AMLO presidente electo, en uno de sus comentarios más contundentes sobre la posible desaparición del Instituto, tuvieron que pasar dos días y demasiadas peticiones de la prensa para que el INEE pudiera dar una respuesta; misma que, de tan tibia, no se guarda memoria
Siendo AMLO presidente electo, en uno de sus comentarios más contundentes sobre la posible desaparición del Instituto, tuvieron que pasar dos días y demasiadas peticiones de la prensa para que el INEE pudiera dar una respuesta; misma que, de tan tibia, no se guarda memoria
Foto propiedad de: internet


“Acaba de una vez De un solo golpe/ ¿Por qué quieres matarme poco a poco?/ Si va a llegar el día en que me abandones/ Prefiero corazón que sea esta noche/ Diciembre me gustó Pa'que te vayas/ Que sea tu cruel adiós mi Navidad/ No quiero comenzar el año nuevo/ Con ese mismo amor/ Que me hace tanto mal/ Y ya después/ Que pasen muchas cosas/ Que estés arrepentida/ Que tengas mucho miedo/ Vas a saber/ Que aquello que dejaste/ Fue lo que más quisiste/ Pero ya no hay remedio”. Amarga Navidad, José Alfredo Jiménez

 

Quizá no deba opinar sobre las virtudes o errores que tuvo el INEE, tampoco sobre su anunciada desaparición. Trabajé en el Instituto durante año y medio, por lo que mi lectura sobre todo ello puede resultar —si bien informada— subjetiva por el cariño que le tengo al quehacer de la institución, a los consejeros que me abrieron las puertas, a la gente que hace e hizo al INEE.

Sin embargo, algo me arrastra y no me permite dejar de decir que la eliminación del INEE tristemente no se debe exclusivamente a una decisión del hoy presidente de nuestra nación. Existió por mucho tiempo un silencio permisivo de la propia institución, pues no se supo o quiso defender sus bondades ni comunicar, cuando aún era tiempo de hacerlo, sus tantísimas responsabilidades y positivos resultados. Cuando había espacio para asentar que la “evaluación” que llevaba a cabo era sobre todos los ámbitos de la tarea educativa: alumnos, infraestructura escolar, programas de estudio, normatividad, procesos, docentes, entre otros muchos aspectos. Cuando era momento de contrarrestar con evidencias concretas —y para el bien de la niñez mexicana— las voces (esas sí) interesadas y particularísimas de ciertos actores. Cuando desoírlo hubiera significado un costo para el gobierno entrante y un verdadero contraste a las posiciones que, no por estruendosas que fueran, velaban por el bien del país.

Se optó, en cambio, por intentar pasar inadvertido; prevaleció la soberbia de una institución muy sesuda, preparada y “prudente”, pero poco práctica, dura y efectiva en su discurso. Si vale la ilustración, diría que el INEE se asemeja a mi mascota de raza San Bernardo que, al sentirse regañado o evidenciado, opta por hacerse “chiquito” y esconderse detrás de un árbol, creyendo que así nadie lo verá ya más.

Recuerdo que, ya siendo AMLO presidente electo, en uno de sus comentarios más contundentes sobre la posible desaparición del Instituto, tuvieron que pasar dos días y demasiadas peticiones de la prensa para que el INEE pudiera dar una respuesta; misma que, de tan tibia, no se guarda memoria.

En ningún momento se expresó con efectividad y en un lenguaje llano todo el arduo —y, sí, muy productivo— trabajo realizado por el INEE; cómo, desde 2002, pero más señaladamente desde 2013, se trabajaba de la mano de la SEP, —sí— de los maestros, de los jóvenes, de la sociedad civil, de los padres de familia a todo lo largo y ancho del país.

No se escuchó públicamente de ningún intento de razonamiento o acercamiento con las futuras autoridades educativas para al menos tratar de explicar lo que ventajosamente ocurría en México gracias al INEE (o lo que había dejado de ocurrir negativamente).

Vaya, ni siquiera una campaña metódica dirigida en redes sociales, para que la ciudadanía en general conociera la labor desarrollada por todos quienes ahí trabajan. Y es que no era únicamente ayer, 12 de diciembre, cuando se tenía que haber hablado por los que ahí laboran.

Antes ha sido el ex consejero del Instituto, Eduardo Backhoff, quien debatió y defendió públicamente —incluso ante Esteban Moctezuma— la razón de ser del INEE. Rescatable, en mi opinión, su solidaridad con el personal de la institución, misma que comparto; particularmente con los mandos medios e inferiores por su dedicado trabajo y bajas retribuciones.

Pero recurrentemente se tenía que haber explicado —de una forma efectiva y llana— todas las funciones del INEE y no solo la evaluativa. Su obligación era cuidar y mejorar la educación; su obligación indirecta, cuidar del personal que ahí labora.

Ni duda cabe: la reforma educativa —y con ella las distintas evaluaciones a alumnos y profesores— tenían fallas, pero lo mejor era “corregir para mejorar”, no esconderse ni anular el debate —y, claro, también la crítica y la interlocución— en ese sentido. Las posiciones extremas, de ambas/cualquier parte(s) salen absurdamente caras.

Hoy, con pesar digo: adiós INEE; no se lograron comunicar su logros ni dimensionar sus funciones; tampoco se aperturó la posibilidad de sincerarse ante los errores. Como casi todo en este país, la visión que impera es extrema, polar, diametral; no hay matices, claros obscuros. Todo es blanco y negro; no se propicia el verdadero análisis y debate. Por donde se le vea y desde donde se aprecie, francamente ¡qué amarga Navidad!

Posdata

Lo que queda es esperar que el nuevo secretario de Educación, Esteban Moctezuma, implemente un sistema de evaluación que funcione y aporte. De su profesionalismo no puede haber la menor duda ni, tampoco, de su experiencia ni de su conocimiento del tema. Alienta saber que el secretario Moctezuma invitó a su equipo a un consejero del INEE, Gilberto Guevara Niebla, que tantas cosas buenas hizo, como el resto de los consejeros y del personal en general, en el Instituto condenado a la extinción.