lunes 17 de junio de 2019 | 04:55
Columnas

En contexto. Las pensiones, otra de las incógnitas de la 4T

@lusacevedop mié 12 dic 2018 07:28
El presidente López Obrador ha dicho que no solamente se duplicará el pago de las pensiones, sino que su aplicación será universal
El presidente López Obrador ha dicho que no solamente se duplicará el pago de las pensiones, sino que su aplicación será universal
Foto propiedad de: Internet

De la multiplicidad de incógnitas que traerá el presupuesto federal para 2019, que será el primero de la Cuarta Transformación (4T), una de las más relevantes para los más de 9 millones 500 mil mexicanos con 65 años y más es lo que pasará con las pensiones y jubilaciones.

El presidente López Obrador ha dicho que no solamente se duplicará el pago de las pensiones, sino que su aplicación será universal, lo que permitiría interpretar que este beneficio se extendería para todos los jubilados del IMSS y del ISSSTE. 

Sin embargo, este tema no parece de fácil solución si consideramos el extraordinario abanico de ofertas que ha ofrecido el nuevo gobierno. 

Si consideramos la información del INEGI, de los más de 9.5 millones de personas con al menos 65 años, apenas 2.9 millones (31 por ciento) subsisten con las pensiones o jubilaciones que reciben de parte del IMSS, ISSSTE, las fuerzas armadas o Pemex, por nombrar los más importantes y que han sido otorgadas bajo el esquema denominado Beneficio Definido.

Otros 4.7 millones (49 por ciento) reciben ingresos por medio de programas sociales federales, estatales y municipales que contempla pagos mensuales de 580 pesos, bajo el esquema de pensiones contributivas.

De tal manera, quedan más de 2.5 millones de mexicanos de la llamada Tercera Edad (20 por ciento) que carecen de ingresos dentro de los esquemas de renta contributivas o no contributivas.

Si, como se ofreció durante la campaña política, se duplica el monto actual de las pensiones que distribuía la SEDESOL, su monto mensual a partir del próximo año será del orden de 1, 092 pesos. Esto significa que se tendrán que destinar alrededor de 125 mil millones de pesos, lo que significa un aumento de 350 por ciento de lo que se presupuestó para el año que concluye o el equivalente a medio punto porcentual del PIB. 

Cifras que no son simples porque imaginemos que la universalidad que plantea la propuesta de la 4T se extiende a todos los jubilados y pensionados que están bajo el esquema de Beneficio Definido, entonces el presupuesto tendría que crecer en forma extraordinaria, pero no se ve cómo.

Sobre todo, porque las expectativas de la economía para el próximo año rondan en tasas de 1.5 por ciento, lo que no da para satisfacer ese deseo. Más si consideramos que en nuestro país, como en el resto de América Latina, el “bono demográfico” va a la baja porque la población entre los 15 y los 64 años crece de forma más rápida que la población menor de 15 y mayor de 64 años. Esa caída significará que habrá menos personas activas para mantener el creciente número de dependientes. Hay cada vez menos mano de obra contributiva para financiar programas sociales.

Además, el incremento del nivel de vida y la mejora del acceso a la atención sanitaria de calidad han incrementado la esperanza de vida. Hoy las expectativas de vida de los mexicanos supera los 75 años y se acerca rápidamente a los 80 años.

Por si fuera poco, los pensionistas reciben ingresos o prestaciones muy por debajo del promedio de otros países como Chile o Costa Rica, por ejemplo.

Datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) advierten que la generosa combinación de algunos gobiernos por otorgar altas prestaciones y disponer de contribuciones baja o insuficientes de los trabajadores resulta en un déficit de financiamiento que llega a ser insostenible en el paso de los años, que agrava los niveles de deuda pública (que en el caso de México representa poco más de 48 por ciento del PIB), por lo que se deben llevar a cabo reformas profundas pero sin afectar a la inversión productiva ni al mercado laboral formal.

Por otro lado, los países en transición hacia un sistema de pensiones por capitalización de cotizaciones definidas, en el que cada trabajador reserva ahorros durante su vida laboral para la pensión y las prestaciones por jubilación dependen de las contribuciones acumuladas y el rendimiento financiero de las mismas, experimentarán un aumento menor (o incluso negativo) del gasto público en pensiones, así como un déficit de financiamiento bajo o nulo. Sin embargo, la reducción del gasto público en pensiones suele estar asociado a prestaciones bajas o a una reducida cobertura de las personas mayores por parte del sistema de pensiones.

En buena medida, la reducida cobertura de las pensiones y la insuficiencia de las prestaciones son resultado del alto nivel de informalidad en la economía y de la baja participación de las mujeres en el mercado laboral.

A eso se suman las altas comisiones y el bajo rendimiento financiero que, en México como en todo el mundo, están reduciendo las prestaciones sociales.

Este tema, es crucial para el desarrollo armónico de las amplias expectativas generadas entre los ciudadanos la Cuarta Transformación y del cual no se advierte un soporte sólido.

Por eso estamos expectantes de los detalles del presupuesto de gasto público que pretende tejer una cobija con muy poco hilo.

@lusacevedop