lunes 21 de enero de 2019 | 05:17
Columnas

A ver, ministros, jueces, si ya se mamaron, no den de topes

@ruizjosejaime sáb 08 dic 2018 15:09
Ya, jueces, ya. Tengan prudencia, tengan virtud.
Ya, jueces, ya. Tengan prudencia, tengan virtud.
Foto propiedad de: Internet

La casta divina de los ministros y jueces, no todos, se aferran al salario, un salario de los más altos en el país, ni siquiera Enrique Peña Nieto ganaba lo que ganan los ministros –aunque tal vez sus mejores ingresos provenían de otro lado. El Poder Judicial había sido históricamente intocable porque, corrupción mediante, se sometía al Poder Ejecutivo. Si la corrupción avanzó, también fue a causa de la impunidad proporcionada por los jueces, y no sólo impunidad para los políticos, también para el crimen organizado, los narcos. Ya cambió el Poder Ejecutivo, ya cambió el Poder Legislativo, no el Poder Judicial: la resistencia salarial y de prestaciones de este poder no es épica, es patética.

La alta suciedad de la casta judicial los aleja de la baja sociedad. La justicia en México no es justicia, es mercado, es postor. ¿Por qué los jodidos siempre pierden? Porque los jueces se han recetado corrupción e impunidad. ¿Quién ha investigado cómo viven los miembros del Poder Judicial? No sólo de lo que han mamado del erario, también de lujos que el altísimo sueldo del erario no les da. ¿De dónde tienen tantas propiedades? ¿Por qué se soporta el nepotismo?

Lo escribió bien Ricardo Monreal: “El becerro berrendo, además de tener una piel de color blanca con grandes manchones negros, es uno de los pocos mamíferos que hace dos actividades a la vez cuando se encuentra en fase lactante: mama y da de topes a la ubre. Llega a ser tan instintivo este impulso, que si se descuida la madre, el berrendo puede acabar hasta con la matriz de la madre, de tanto succionar y golpear.

“Pues tal parece que en México tenemos una alta burocracia berrenda: usa vestimenta blanca pero con grandes manchones negros, y succiona del presupuesto que es una verdadera delicia, al grado de poder desgarrarla”.

A los ministros y jueces no sólo hay que revisarle sus fallos, también sus fallas. Pues mal, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó suspender la aplicación de la ley federal de remuneraciones, que establece que nadie puede ganar más que el presidente de la República. La suspensión es un grave error de los ministros, esa casta divina, esa casta dorada. Resistentes a la austeridad, algunos miembros del Poder Judicial, la elite, no desean perder como perdieron moralmente en las urnas.

Escogieron mal el enfrentamiento, el timing no va con ellos. Agosto y diciembre, por la educación y la familia, son los peores meses para la economía de los mexicanos. Los ciudadanos, después de conocer los onerosos e insultantes salarios y prestaciones del Poder Judicial, acabarán por deslegitimarlos. ¿De qué nos sirve un poder legal deslegitimado?

Andrés Manuel López Obrador tiene razón: “Están dando un mal ejemplo quiénes deberían de impartir justicia, no es posible que haya funcionarios públicos en el país habiendo tanta pobreza que ganen 600 mil pesos mensuales”.

Mantener los privilegios es un desacato al voto ciudadano, al sentir ciudadano. Esa casta divina debe de desaparecer para dar paso a un Poder Judicial cercano a los ciudadanos, no a los poderosos que compran la justicia o hacen injusticia al comprar las decisiones judiciales cuando no se administra la justicia. 

Veo a Andrés Manuel prudente, esta primera semana ha sido una semana de reconciliación, de un nuevo estilo de gobernar. Miembros del Poder Judicial no comparten este ánimo, deberían de revisarse. Y recordar las palabras de Octavio Paz: “La creación de una democracia sana exige el reconocimiento del otro y de los otros. Una política de venganzas o la imposición de reformas que encontrarían un repudio en vastos sectores de la opinión pública (...) nos conducirían a lo más temible: a las disputas, las agitaciones, los desórdenes y, en fin, a la inestabilidad, madre de las dos gemelas, la anarquía y la fuerza.

“Tan mala como la impunidad es la intolerancia. Lo que necesitamos para asegurar nuestro futuro es moderación, es decir, prudencia, la más alta de las virtudes políticas según los filósofos de la Antigüedad. México ha vivido siempre entre los extremos, la dictadura y la anarquía, la derecha y la izquierda, el clericalismo y el jacobinismo. Nos ha faltado casi siempre un centro y por eso nuestra historia ha sido un largo fracaso. La prudencia, natural enemiga de los extremos, es el puente del tránsito pacífico del autoritarismo a la democracia”.

Ya, jueces, ya. Tengan prudencia, tengan virtud. Olviden la intolerancia, dejen de ser autoritarios en el poder que ningún ciudadano les confirió. Ministros, jueces, ya se mamaron, no sean imprudentes con sus topes.