domingo 16 de diciembre de 2018 | 10:39
Columnas

Consejo empresarial de AMLO: tres televisoras y el relleno… ¿y Slim? ¿Y Milenio?

@maloguzmanvero vie 16 nov 2018 06:52
Aquí los que importan son los medios, de plano
Aquí los que importan son los medios, de plano
Foto propiedad de: internet


“La televisión es el primer sistema verdaderamente democrático, el primero accesible para todo el mundo y completamente gobernado por lo que quiere la gente. Lo terrible es, precisamente, lo que quiere la gente”. Clive Baker

Romo

Alfonso Romo coordinará al consejo asesor de empresarios que apoyará al presidente electo Andrés Manuel López Obrador. Qué bueno que, como ha dicho José Jaime Ruiz en su columna de SDP Noticias, al señor Romo ya se le haya encontrado una responsabilidad a su medida. Cuando deje de intentar coordinar a un gabinete de izquierda en el que él de plano no encaja, será no solo feliz, sino también un gran apoyo para AMLO.

Estos son los que a AMLO le importan del consejo:

1.- Bernardo Gómez, de Televisa (la empresa de medios más importante de México y aun de habla hispana).

2.- Ricardo Salinas Pliego, de TV Azteca (no menciono a sus otras empresas, como Elektra, porque fue invitado por la televisora y solo por la televisora, la segunda en importancia en nuestro país).

3.- Olegario Vázquez Aldir, de Imagen (no menciono a sus otras enormes empresas como los Hospitales Ángeles porque se le invitó por ser propietario de un poderoso grupo de medios que incluye una cadena nacional de TV, una de radio muy influyente en todo México y un diario histórico, Excélsior).

Los de relleno en el consejo

1.- Carlos Hank González, de Banorte.

2.- Miguel Rincón, duranguense que preside BioPappel.

3.- Daniel Chávez, hotelero que posee Vidanta.

4.- Sergio Gutiérrez, regiomontano, de Deacero.

5.- Miguel Alemán hijo, de Interjet.

¿Por qué son relleno? ¿Y dónde quedó el ingeniero Slim y otros y otras tan fuertes en los negocios como el hombre más rico de México?

Son relleno los empresarios que no tienen medios y que participan en el consejo asesor de AMLO porque sus negocios por rentables que sean a Andrés Manuel, como a cualquier político, deben importarle más bien poco.. Además, los mencionados están lejos de ser los grandes capitanes de las empresas en México. Faltan los verdaderamente grandes de Monterrey (Gutiérrez está en la media tabla del Grupo de los 10 de la capital de Nuevo León). Faltan los meros meros de las listas de Forbes: Slim, Larrea, El Diablo Fernandez, Baillères, la señora Aramburuzabala. La ausencia del ingeniero Slim dará de qué hablar, sobre todo si un buen día se traga su vanidad, que la tiene, como todos desde luego, y acepta ir al consejo. Y bueno, si Romo iba a invitar a una aerolínea, pudo estar en el consejo asesor de AMLO el señor Eduardo Tricio, de Aeroméxico, el más grande en esa industria, que sospecho no fue invitado porque en la campaña le jugó las contras al entonces candidato de Morena.

¿Por qué a AMLO le importan tanto las televisoras?

Que nadie se diga sorprendido. Cualquier político prefiere recibir antes en sus oficinas a un gran periodista y no se diga al propietario de un importante medio de comunicación que al inversionista mas chipocludo.

Para Andrés Manuel, las televisoras son más importantes que la radio y el internet porque en la era de las benditas redes sociales siguen siendo los únicos medios de comunicación con verdadera presencia en absolutamente todos los rincones de México, especialmente en los más apartados y pobres donde Facebook, Google, Twitter, WhatsApp, etcétera no tienen presencia.

¿Y Milenio?

En esa lógica, Francisco González hijo, de Milenio, debió haber estado en ese consejo. Tiene la cuarta cadena nacional de televisión, que es líder en algunas regiones de México, además de fuerza en los medios impresos y en la radio del noreste del país. Una de tres: no se invitó al ingeniero González por un error de Poncho Romo, por un simple olvido o de plano porque al presidente López Obrador ya lo hartaron los malos chistes de Carlos Marín y las no muy objetivas reflexiones de Héctor Aguilar Camín en las, eso sí, poco divertidas y escasamente sapientes columnas de ambos comentaristas.

El otro consejo: La Jornada y Proceso

Se entiende que Romo y AMLO no hayan invitado a Juan Francisco Ealy de El Universal o a Manuel Arroyo de El Financiero. Estos editores tienen buenos diarios, pero les falta tamaño.

Se entiende que AMLO y Romo no invitaran a Alejandro Junco de la Vega, de Reforma: el consejo empresarial que asesorará al próximo gobierno es fifí, pero no tan súper ultra archi fifí como la información de Reforma, que quizá poca gente lee pero que a la larga influye más que lo difundido en cualquier otro medio.

¿Y Carmen Lira, de La Jornada, y Rafael Rodríguez Castañeda, de Proceso? Simplemente no era necesario invitarles.

La opinión de Proceso ya está en el gabinete de AMLO, en el que participa uno de los accionistas de la revista, Julio Scherer Ibarra.

Los principales colaboradores de La Jornada —la propia señora Lira, El Fisgón, Hernández (hablo del monero, no del columnista astillado que no termina de estar en el ánimo de AMLO, ni me refiero al editorialista de ese apellido más identificado con la izquierda zapatista que con la 4T), Helguera, Pedro Miguel, Enrique Galván Ochoa, Elena Poniatowska—, todas estas personas son definitivamente el verdadero consejo asesor de AMLO para lo que realmente le importa al presidente electo.

Lo acabamos de ver en el debate sobre el aeropuerto: los ahora consejeros empresariales le insistieron a AMLO en que se quedara el NAIM de Texcoco, mientras que en La Jornada se apoyó a Santa Lucía. ¿Quién ganó? Obviamente, La Jornada. Y eso es algo que no va a cambiar, ya que para Andrés Manuel, como para muchas personas, vale más un cartón de El Fisgón que el estado de resultados de cualquier negocio por grande que sea. Es algo que comprendo a la perfección: El Fisgón y sus compañeros Hernández y Helguera, como Galván Ochoa, Poniatowska y Pedro Miguel huelen a ética, a decencia, a valores políticos e ideológicos con los que se puede estar de acuerdo o no —no comparto en general su forma de pensar—, pero que al final son principios defendidos por esas personas con toda la pasión que genera la honestidad intelectual. En cambio, las ganancias empresariales y los grandes patrimonios, si bien no son ciertamente un robo —el anarquista Proudhon exageró—, a veces son algo peor que un simple latrocinio, lo que afirmo sin caer en dogmatismos ideológicos, ya que no soy de izquierda, sino alguien que entiende y admira la función empresarial, que en México dista mucho, está a años luz de la excelencia, la competitividad, la decencia y la innovación que caracteriza a los hombres y mujeres de negocios de otros lugares.