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Columnas

Reinventar las ciudades para alcanzar la paz

@horacio_urbano mié 07 nov 2018 14:04
Se trata de revertir las causas del deterioro barrial, de entender y enfrentar los casos de viviendas abandonadas...
Se trata de revertir las causas del deterioro barrial, de entender y enfrentar los casos de viviendas abandonadas...
Foto propiedad de: Internet

 

Las ciudades son causa y consecuencia.

Será difícil que una ciudad fallida aporte cosas buenas al proceso de construir mejores estructuras sociales...

Tan difícil como creer que el endeble cimiento de una estructura social fallida permitirá tener esas ciudades justas, eficientes y competitivas en que todos quisiéramos vivir.

Hace unos días, al referirse a uno de los programas insignia de la próxima administración, Román Meyer Falcón, que a partir del 1 de diciembre será titular de la Sedatu (Secretaría de Ordenamiento Territorial, Desarrollo Urbano y Vivienda) hablaba del papel de las ciudades en el proceso de erradicar la violencia.

Decía que el Programa de Mejoramiento Urbano, dirigido a revertir el deterioro de 15 ciudades del país, tenía entre sus objetivos hacer uso de la regeneración urbana para remendar el tejido social de modo de crear condiciones que permitan el desarrollo armónico e integral de quienes habitan zonas que han sido marcadas por la delincuencia.

Porque no es casual que la violencia se haya apoderado especialmente de ciudades caracterizadas por la falta de planeación y adecuados instrumentos de desarrollo urbano.

No es casual que la delincuencia haya proliferado en ciudades que fallan en otorgar a sus habitantes servicios urbanos de calidad, espacios públicos decentes y modelos de desarrollo que no los manden a vivir a horas de distancia de sus trabajos y escuelas.

No deberían ser sorpresa los niveles de violencia que marcaron ciudades fronterizas como Ciudad Juárez o Tijuana... O convertidas en destinos turísticos tan relevantes como Cancún o Acapulco.

No debería ser sorpresa que la violencia se apodere lo mismo de ciudades dormitorio que de aquellos suburbios caracterizados por calles cerradas y bardas interminables.

Vaya, ¿por qué la sorpresa ante el increíble nivel delictivo que padecen quienes todos los días pasan horas en el transporte público?

No veo la razón de sorprenderse cuando se habla de los elevados niveles de violencia que se vive en los asentamientos urbanos ilegales o informales... ¿Cómo podría ser diferentes en aquellos barrios cuyo deterioro permite que haya gente viviendo en edificios a punto de caerse o en predios o inmuebles invadidos?

¿Cómo esperar que fuera diferente en esas barrancas y zonas de alto riesgo que fueron invadidas por miles de familias para vivir en condiciones de muy alta marginación?

Nada es casualidad, la estructura social refleja y provoca la estructura urbana... Y viceversa...

Por eso suena tan atractiva la posibilidad de aprovechar el enorme potencial de la planeación urbana como punto de partida para recuperar la viabilidad de nuestras ciudades.

No sobra decir que hay ejemplos muy palpables de lo que en este sentido se ha logrado en otras partes del mundo.

Está el muy cacareado ejemplo de Medellín, Colombia, que en pocos años dejó de ser la “Ciudad más Peligrosa del Mundo”, para convertirse en un ejemplo a nivel mundial de lo que la planeación y gestión urbanas pueden lograr en beneficio de la viabilidad social.

Sobran ejemplos de como en Medellín se hizo uso de la obra pública como instrumento de justicia social y desarrollo, llevando transporte público y activos inmobiliarios de la más alta calidad, a las zonas más pobres.

Es por eso que en lo que alguna vez fueron los barrios marginales en que crecía la leyenda de Pablo Escobar, construyeron bibliotecas que daban identidad y pertenencia a la comunidad, al mismo tiempo que para mejorar su vinculación con el resto de la ciudad, llevaron hasta esas zonas, lo mismo el Metro, que teleféricos o escaleras eléctricas que permitían subir las colinas y con ello eliminar las barreras físicas que fomentaban el sentimiento de marginación.

No es poca cosa haber logrado pasar del miedo a la esperanza (Esto de “Del Miedo a la Esperanza” es una frase usada en el proceso por el entonces alcalde de Medellín, Segio Fajardo) a partir de un proyecto integral anclado en intervenciones que bien pudiéramos considerar de acupuntura urbana.

La verdad es que suena muy bien ese Programa de Mejoramiento Urbano del que habla el futuro titular de la Sedatu... Regeneración urbana en busca de revertir las causas del deterioro de la comunidad a partir de modelos integrales de desarrollo, que consideren la estructura urbana como el lay out que defina la funcionalidad de la ciudad, pero, sobre todo, que defina condiciones que permitan el desarrollo de todos sus habitantes... DE TODOS.

Por supuesto, será fundamental el liderazgo de la Sedatu, pero no hay que perder de vista que proyectos como este requieren la participación coordinada de los tres niveles de gobierno.

Se trata de revertir las causas del deterioro barrial, de entender y enfrentar los casos de viviendas abandonadas... Se trata de recuperar el espacio público, que en muchos casos ha sido tomado por la delincuencia.

Y claro, esto no solo trata de coordinación y buena voluntad, trata también de inversión para generar todo tipo de infraestructuras.

Trata de entender el enorme reto de contener la expansión urbana y de hacerlo con base en un poderoso programa de consolidación de las zonas urbanas.

Trata de usar las ciudades para generar y recuperar riqueza económica y social... De devolver las ciudades a la gente... De usar la misma ciudad, como decía Fajardo, para pasar “Del Miedo a la Esperanza”.

 

Horacio Urbano es presidente fundador de Centro Urbano, think tank especializado en temas inmobiliarios y urbanos

Correo electrónico: [email protected]

Twitter: @horacio_urbano