martes 23 de octubre de 2018 | 10:58
Columnas

AMLO: dar hilo al papalote de Texcoco… Castañeda admira a Cuauhtémoc Blanco

@FedericoArreola vie 12 oct 2018 11:10
La tercera opción es la mejor: suspender, no cancelar, Texcoco, mejorar el actual aeropuerto, usar más el de Toluca y dar tiempo para analizar correctamente Santa Lucía
La tercera opción es la mejor: suspender, no cancelar, Texcoco, mejorar el actual aeropuerto, usar más el de Toluca y dar tiempo para analizar correctamente Santa Lucía
Foto propiedad de: Internet


El Güero

10 de octubre no se olvida. Ese día de 2018, Jorge G. Castañeda, también conocido como El Güero, preguntó en su columna de El Universal quién es el Bolsonaro mexicano. Respondió así:

1. “López Obrador no es Bolsonaro”.

2. Más bien, AMLO “podría convertirse en un Lula, una Dilma Rousseff”.

3. Pero Andrés Manuel, según Castañeda, no sería Lula o Dilma “en el buen sentido que algunos piensan, es decir, como contraste ante Chávez, Maduro, Ortega y los Kirchner”.

4. Para el columnista de El Financiero, el presidente López Obrador sería como Lula “en el peor sentido”, esto es, como el que puso la mesa a Bolsonaro”. 

5. Entonces, asegura Castañeda, “si López Obrador es consecuente con sus promesas, puede generar un caos tal que prepare el camino a un verdadero Bolsonaro mexicano. ¿Quién podría ser?”.

6. Para ser el Bolsonaro mexicano “se necesita un personaje simple y simplista, ignorante, rústico, irreverente y hasta insolente, sin ideología obvia, pero que sepa apelar a los peores sentimientos de la gente”.

7. Concluye Jorge Castañeda que Cuauhtémoc Blanco, gobernador de Morelos, “cumple con casi todos los requisitos” para ser el Bolsonaro de México: “Si la aventura de la 4-T sale mal –y hay muchas razones para pensar que así será– el país no va a voltear hacia el PRI o el PAN, mucho menos hacia un sucesor salido de las filas de Morena, sino en dirección de un personaje providencial, autoritario, simplista y básico. Ese personaje no es AMLO, que parece un sabio renacentista comparado con Blanco. Es Cuauhtémoc. Acuérdense”.

Cinco días antes que Castañeda, por Maradona, vi presidenciable a Cuauhtémoc Blanco. Así fue.

Cuando el D10S Maradona visitó al D10S Cuauhtémoc antes de un partido de los Dorados de Sinaloa, pregunté si el gobernador Blanco podía llegar a la Presidencia. Respondí que sí, que en estos tiempos la política ha dejado de ser el monopolio de los aspirantes a estadistas para empezar a ser dominada por celebridades. Entonces, no me resultaría para nada sorprendente que en seis años, si Cuauhtémoc Blanco gobierna mínimamente bien y sin corrupción, podría estar entre los favoritos para ganar las elecciones presidenciales. Ya triunfó en dos elecciones el brillante futbolísta del América, así que una victoria más, por grande y complicada que sea, no puede descartarse.

Castañeda, calumnia a Blanco

Según un columnista de SDP Noticias, Eloy Garza, El Güero Castañeda “casi difama” al gobernador/goleador.

Para Eloy, Castañeda dio a Blanco “un golpe bajo… ruin, que casi roza los linderos de la calumnia”.

A Eloy le parece inmoral comparar a Cuauhtémoc Blanco con “el militar en reserva Bolsonaro, quién es más bien un criminal neonazi (ha sugerido fusilar a ex mandatarios brasileños), potencial violador (ha dicho que si no violó a una adversaria es porque no se lo merecía), homófobo (prefiere la muerte de su hijo a saberlo gay) y ha prometido matar a cualquier presunto delincuente”.

No estoy de acuerdo con Eloy ni tampoco con el analista @HernanGomezB, que piensa que es “frívolo e irresponsable hacer un símil” entre Bolsonaro y Cuauhtémoc.

Creo que Castañeda se inventó el cuento de Bolsonaro simple y sencillamente porque no sabía cómo argumentar acerca de que ha surgido de la sociedad no política, por así llamarla, una figura electoralmente tan atractiva que, al margen de los enredos brasileños, puede ser una opción no partidista para ganar las elecciones presidenciales de 2024.

La portada del ¡Hola! todo lo cambió

Los líderes intelectuales cuentan, y mucho. En los movimientos políticos que pretenden cambios profundos, como es el caso de Morena y el presidente López Obrador, los hombres y las mujeres de pensamiento son tan importantes o más que los y las activistas.

Conocemos a las figuras que han trabajado electoralmente, en las calles, en las plazas, para llevar a AMLO a la Presidencia: Claudia Sheinbaum, Alfonso Durazo, Jesús Ramírez, César Yáñez, Julio Scherer, Marcelo Ebrard, Martí Batres, Luisa María Alcalde, etcétera.

Las mencionadas personas estarán de alguna manera involucradas en tareas de gobierno, ya sea en el poder ejecutivo o en el legislativo.

Por razones de eficiencia administrativa u operacional, AMLO ofreció otros cargos en su gobierno a hombres y mujeres con capacidad técnica, pero no del todo activistas electorales ni, tampoco, ideólogos de izquierda: Carlos Urzúa, Graciela Márquez, Javier Jiménez Espriú, Esteban Moctezuma…

Igualmente ha llevado al gobierno a gente reconocida de la derecha casi extrema que, según López Obrador, le ayudará a conciliar con las fuerzas políticas e ideológicas que lo han combatido: Alfonso Romo, Germán Martínez, Gabriela Cuevas…

La izquierda izquierda, por así llamarla, estará poco representada en el nuevo gobierno. Quizá solo dos personas con formación ideológica y militancia izquierdista están suficientemente cerca de AMLO como para influir en la toma de decisiones del presidente electo: Claudia Sheinbaum y Jesús Ramírez.

Recientemente se sumó al equipo operativo otro izquierdista con sólida formación ideológica, Paco Ignacio Taibo. Estará en una área culturalmente importante, pero desgraciadamente lejos de los gabinetes económicos y políticos en lo que se tomarán las decisiones fundamentales que llevarán al éxito o al fracaso a la cuarta transformación.

Los grandes líderes intelectuales de Morena, casi todos ellos con espacios de opinión en La Jornada y en Proceso y, en menor medida, en otros medios de comunicación, no están ni estarán en el gobierno ni han tenido una participación relevante en el activismo electoral.

Los hombres y mujeres de pensamiento no son hombres y mujeres de acción. Así que ellos y ellas seguramente recibieron invitaciones del presidente López Obrador para participar en el gobierno, y las rechazaron.

Los hombres y las mujeres de pensamiento que dirigen intelectualmente a Morena no solo tienen valor por la calidad de sus análisis, sino también porque no los mueve la ambición de ocupar cargos. No es poca cosa rechazar los privilegios del poder.

En ese sentido, valen más los hombres y las mujeres de pensamiento que apoyan a AMLO que los hombres y las mujeres de acción que están encantados con sus responsabilidades de gobierno.

Pienso que los y las dirigentes intelectuales que han apoyado tanto a López Obrador habían decidido, para evitar conflictos mayores con los rivales políticos e ideológicos, permitir algunas desviaciones al proyecto de izquierda, inclusive una enorme como la de continuar con las obras del aeropuerto en Texcoco. Era aceptable para no chocar con el gran capital...

Pero la boda todo lo cambió. Es decir, hubo una crisis en la izquierda por la publicación en la portada de la revista ¡Hola! de la fiesta matrimonial de César Yáñez, cercanísimo colaborador de AMLO.

Fue brutal el impacto de la portada de ¡Hola! para la izquierda más pensante. Exhibir la riqueza, así sea honestamente conseguida, en la revista de la gente más frívola y derrochadora de México, pareció a muchos un duro golpe a uno de los pilares de la cuarta transformación: el de vivir con modestia o, al menos, no hacer ostentación del patrimonio.

Desde la boda, que coincide con los tiempos del debate y la consulta sobre el nuevo aeropuerto, he visto cohesionada a la izquierda intelectual en torno al NO a la terminal aérea en Texcoco.

Ya no es aceptable el proyecto en Texcoco: significaría una claudicación ligada al escándalo de la boda.

Eso significa un a Santa Lucía, pero el proyecto de que operen al mismo tiempo el aeropuerto en la base militar aérea y el actual aeropuerto, evidentemente necesita más estudio.

El tema no es solo ideológico: la izquierda tiene argumentos válidos, sobre todo ambientales. Pero también técnicos.

Se ha dicho, por ejemplo, que un organismo de la ONU especializado en aeronáutica, OACI, refuta la opinión del importante instituto Mitre, según el cual resulta imposible que operen al mismo tiempo los aeropuertos de Santa Lucía y el actual de la Ciudad de México.

Hablando en radio con Óscar Mario Beteta sobre el tema, este periodista leyó la opinión de alguien que dijo ser director para América del Norte de la OACI.

Esa persona simplemente comentó que la opción de Santa Lucía necesita más estudio. Es decir, no la descarta, pero considera que el proyecto debe analizarse con mayor profundidad.

Me parece lógico que así sea. Nadie ha analizado Santa Lucía con ganas de hacer viable su operación al mismo tiempo que la del actual aeropuerto.

Lo único que ha pasado es que distintos gobiernos y prácticamente todos los grupos empresariales se casaron con la idea de hacer el aeropuerto en Texcoco —que tiene problemas ambientales serios y es un proyecto que podría implicar enorme corrupción— y se descalificó a Santa Lucía sin mayor profundidad analítica.

Hilo a la cometa: suspender, no cancelar Texcoco 

Alguna vez, en un restaurante español, platicando el dueño de Milenio, Pancho González, y yo con el fundador de El País, Jesús de Polanco, que en paz descanse, escuché a este personaje decir que en las situaciones en las que resulta complicado tomar decisiones, lo mejor que se puede hacer es darle hilo a la cometa.

Es decir, si el viento sopla muy fuerte, hay que soltar el hilo al papalote para que siga en el aire. Porque si se estira, lo único que se logra es que se rompa.

Creo que Andrés Manuel es lo que ha decidido hacer: suspender, no cancelar, el aeropuerto en Texcoco y dar tiempo al tiempo para analizar correctamente Santa Lucía.

Eso significa, para mí, el anuncio de una gran inversión inmediata para mejorar las condiciones del actual aeropuerto y, al mismo tiempo, negociar con las líneas aéreas para usar mucho más el espléndido aeropuerto de Toluca, que presenta algunos problemas pero que puede perfectamente —y hasta con ventaja— servir para numerosos vuelos nacionales, sobre todo los más frecuentes:  México-Monterrey-México y México-Guadalajara-México que en su inmensa mayoría no utiliza la gente para hacer conexiones con otros destinos.

Viajero más que frecuente durante dos décadas de Monterrey a la Ciudad de México, me habría gustado volar más a Toluca que al actual aeropuerto para realizar mis actividades en la capital. Pero...

No me equivoco si digo que es el caso de prácticamente todos los ejecutivos de empresa que de Monterrey y Guadalajara viajan por trabajo a la Ciudad de México: los lugares que visitan en Polanco, Interlomas y Santa Fe están más cerca de Toluca que del actual aeropuerto.

No he volado lo que me habría gustado de Monterrey a Toluca porque no ha habido suficientes vuelos. Así, de plano.

¿Y las conexiones? No me parece tan difícil el problema: En el caso de las conexiones a otras ciudades, basta con que se dejen algunos cuantos vuelos de Monterrey y Guadalajara a la Ciudad de México, y santo remedio.

La tercera opción, el actual aeropuerto y Toluca, es lo más razonable mientras se sigue analizando técnicamente Santa Lucía… y Texcoco también, ya que no está suficientemente claro el daño ambiental en el lago donde ya se construyen las pistas ni si hay y de qué tamaño corrupción en el proyecto mismo y en la especulación inmobiliaria alrededor de la obra.

Yo suspendía, no cancelaba Texcoco, y haría más análisis mucho más serios. El costo puede ser elevado, pero sería mucho más dañino tomar la decisión equivocada, ya que comprometería la viabilidad de todo el proyecto de la izquierda mexicana que, la verdad sea dicha, llegó al poder para hacer lo correcto, lo que no necesariamente significa darle continuidad a fuerzas a algo que quizá ha estado mal planteado.

No conozco suficientemente el tema, por esa razón sugiero que se analice con más detalle y que el nuevo gobierno ofrezca toda la información de los estudios que se hagan a los ciudadanos. Con transparencia y la debida oportunidad.