domingo 21 de octubre de 2018 | 12:55
Columnas

El final de César Yáñez, ¿ y de Poncho Romo y Jiménez Espriú?

@ruizjosejaime jue 11 oct 2018 11:05
César Yáñez
César Yáñez
Foto propiedad de: Internet

En su artículo de hoy en El Financiero, Raymundo Riva Palacio plantea:

“Yáñez dejó de ser un activo para convertirse en lastre. Pero al mismo tiempo, su leal colaborador puede hacerle un enorme servicio, no por lo que pueda hacer él mismo, sino por lo que puede hacer López Obrador con él: despedirlo. No basta que Yáñez renuncie a estar en el próximo gobierno, con lo cual atenuaría la crítica, sino que tiene que ser cesado. Si López Obrador lo hace, enviará una doble señal, hacia dentro de su equipo, en el sentido que no habrá tolerancia ante ningún exceso, y hacia fuera, se revestirá de una mayor autoridad moral para combatir los abusos y los actos de corrupción. Inclusive, podría no proceder penalmente contra un funcionario del pasado, porque habrá demostrado que no le tiembla la mano para ello ni responde a compromisos ocultos, sino al ejercicio de la política sin venganzas.

“Esta decisión debe ser emocionalmente muy dolorosa. Yáñez fue quien lo acompañó cada vez que se refugiaba en el México pobre a recuperarse de sus derrotas y prestarle el hombro de apoyo. Era parte de su familia. Pero mantenerlo, es cargar ilegitimidad en el equipaje y ser vulnerable a las críticas por el doble discurso juarista: ‘A los amigos, justicia y gracia. A los enemigos, la ley a secas’. Visto fríamente, López Obrador no tiene opción. Necesita este golpe de timón y recuperar el control total de su equipo y la agenda. Pero sobre todo, requiere del sacrificio de su incondicional para impulsar su cuarta transformación.”

Raymundo confunde la vida privada no con la vida pública (revista ¡Hola!) sino con la función pública, una función que formalmente no tiene en este momento César Yáñez. Cierto, como escribí antes: “Hay una contradicción inmanente entre el presidente electo y su próximo jefe de Gabinete y con César, ¡Hola! ya demostró esas contradicciones”. Pero, agrego, es una contradicción ideológica, no de la función pública. Una contradicción de las formas que aquí necesariamente no son el fondo. En la contradicción de los próximos funcionarios existe la vida pública, como los trabajos de concientización que realiza Paco Ignacio Taibo II, ¿hay que pedirle que evite los excesos de izquierda en su tiempo público de trabajo intelectual y de activista? ¿La ropa de marca de Poncho Romo o las camisetas de Kalimán de Paco? El gabinete propuesto es plural en sus estilos de vida.

Si existe verdad en la hipótesis de Riva Palacio, ¿qué hacer con los excesos cotidianos de Alfonso Romo y sus fotos en los suplementos de “socialitos”? ¿También hay que despedirlo por su vida suntuosa y poco austera? ¿Y con Javier Jiménez Espriú y sus consejerías empresariales y su estilo de vida? Que la civilización del espectáculo no se sobreponga a la función pública. ¿Despedir a César? ¡Bah!, tonterías.