jueves 13 de diciembre de 2018 | 01:48
Columnas

¿Desaparecerá la última joya del régimen corrupto ?

mié 10 oct 2018 13:33
Foto propiedad de: Internet

Los pueblos originarios del lago de Texcoco están amparados para detener la construcción del NAICM. Desde principio del proyecto están luchando contra el atropello, pues los constructores se pasaron sus actividades agrícolas, sus tradiciones, sus derechos humanos constitucionales por el arco del triunfo. Fueron ignorados. Mienten a la población los constructores, porque sólo se ha avanzado en el 20% de la obra y no en el 35% que aseguran, por lo que su cancelación es propicia, es sensata, y no un desastre económico para México como vaticinan los interesados en el proyecto sino al contrario, continuar propiciaría un desastre humanitario y ecológico mayor.

La ciudad de México depende de este acuífero que se defiende, si se concluyera la obra, habría graves daños ambientales para los moradores de la capital: se aceleraría el proceso de falta de agua lo que derivaría en muerte ecológica. Independientemente de que su ubicación garantiza hundimientos e inundaciones aún con el proceso de rellenar de asfalto esta huella verde acuífera, que, si fuese cancelada habrá de ser restaurada porque ya la han dañado. Y si se decide hacer allí el NAICM, exterminada esta fuente regeneradora de agua que queda a la capital en el lacustre de Texcoco.

La pregunta es: ¿Por qué no vieron tan obvia inviabilidad los empresarios involucrados? ¿Por qué no escogieron otro sitio? ¿Por qué mienten al pueblo asegurando que si no se hace dicha obra el país sufrirá económicamente?

De interés nacional que no ganaran los intereses empresariales, valga la redundancia, que antes se habían impuesto, y que así lo manifieste el deseo mayoritario para que la causa de la vida terrestre y humana sea la que triunfe, la causa de la salud, de la armonía. Cuando se cancele el proyecto, habrá daño ambiental ya perpetrado, reitero, que habrá que restablecer, provocado por la intromisión insensible impuesta sobre las arcillas expansivas y retroactivas del lago; pero salvando y restaurando lo que queda de él, resultaría en actual y futuro impacto positivo en el bienestar de cuarenta millones de personas.

La verdad es que la solución está dada para la sobrecarga en el aeropuerto actual en otras plazas factibles construidas y operando o por construir, con mucha menor carga financiera. La inversión en Toluca que da para ocho millones de pasajeros, sólo recibe pasado el millón ¿dónde quedó el alcance de esta inversión? La otra verdad, es que éste proyecto en pleito justo, fue un capricho de unos cuantos, siendo los beneficiarios directos cinco grupos económicos fuertísimos, que de la gente decidir por la continuación de la construcción del NAICM, habrán dichos empresarios de meter su lana para acabarlo, porque el erario público no lo hará. ¿Desaparecerá la última joya de la corona del régimen corrupto que ha sido derrocado? ¿Será el fin del abuso insaciable, del contubernio poder económico/gobierno, sobre decisiones vitales que atañen al bienestar de los ciudadanos?