jueves 15 de noviembre de 2018 | 06:10
Columnas

En Contexto. Árbol que crece torcido

@lusacevedop mar 11 sep 2018 22:58
Mario Delgado
Mario Delgado
Foto propiedad de: Internet

Sin rubor, apenas iniciados los trabajos de la LXIV legislatura se provocó el desencanto de un importante sector de mexicanos que pensó en que la cuarta transformación del país sería posible sobre bases de transparencia y honestidad política.

Primero fue en el Senado. Con la doble jugada del engaño en la que se le negó la licencia al tramposo senador Manuel Velasco, del Verde Ecologista, quien pidió licencia para cumplir con su mandato como gobernador de Chiapas, que finalmente le fue otorgada por mayoría y burlándose arteramente de la Constitución.

Como premio, Morena recibió a un grupo de legisladores del Verde, con los que el partido gobernante ya tiene mayoría absoluta y puede hacer cambios constitucionales a discreción.

Y ahora en la Cámara de Diputados, en donde la mayoría de los legisladores aplicaron un programa de austeridad, pero a modo, porque no tocaron el monto real de sus salarios.

Para dar sentido al discurso aceptaron reducir 28 por ciento sus estipendios ya que dejarán percibir el fondo de ahorro, seguros de gastos médicos mayores y el de separación, entre otras prestaciones privilegiadas y con lo que el salario promedio de 128 mil 230 pesos mensuales ahora será de 91 mil 507 pesos, aunque no precisaron qué sucederá con los abultados recursos que se les asigna por participar en las diversas Comisiones.

El presidente de la Junta de Coordinación Política, que en la práctica decide el rumbo de la Cámara, el morenista Mario Delgado dijo que con ese “recorte” las remuneraciones quedan sujetas a lo establecido en el 127 constitucional, porque “nadie puede ganar más que el presidente de la República”.

Junto a los conceptos de incongruencia y atropello a la ética, cuando menos, hay que destacar el del desencanto de un amplio sector de los ciudadanos que creyó en la posibilidad del cambio.

Lo desarrollado por los legisladores muestra que los vicios del pasado están más presentes que antes y que, incluso, pueden ser todavía más oscuros por la fuerza arrasadora de una mayoría política que sigue siendo tan torcida y viciada como las mañas de los grupos ahora minoritarios.

Aunque aún están a tiempo de enderezar el rumbo, los indicios advierten el riesgo de construir un nuevo capítulo de la historia mexicana de la infamia porque la barbarie parece estar enraizada sobre todo en la política.

Lo sucedido en las cámaras revive un tema preocupante: el desencanto en la democracia.

Desde 1995, México ha ocupado el segundo peor nivel de confianza en la democracia. Según Latinobarómetro, en 2013 solo 37 por ciento de la población creía en ella, para 2017 avanzó al 38 por ciento para llegar en 2018 a su máximo hasta llevar a López Obrador al triunfo electoral de manera contundente.

Según los datos de este organismo, para los mexicanos nuestro sistema político es más bien antidemocrático, ya que “en una escala donde 1 es no democrático y 10 es totalmente democrático ¿dónde ubica usted a su país? La respuesta de México fue de 4.7 puntos”, el tercer registro más bajo del continente, superado por Brasil y El Salvador.

La incongruencia política obliga a rectificar acciones y rumbo ya que, si la democracia está cuestionada, es claro que se debe a la turbia gestión de los partidos y de los políticos.

Por si fuera poco, las nuevas tecnologías no son “benditas” sino un arma de doble filo: Pueden facilitar la información y el conocimiento, pero también revertir todo lo ganado entre la opinión del público.

Decía René Descartes que “lo prudente es no fiarse de quienes nos han engañado”; pero como bien dicen los decimeros jarochos cuando se refieren a los políticos: árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza…

@lusacevedop