sábado 18 de agosto de 2018 | 06:38
Columnas

En Contexto. ¿Los sindicatos también se incluirán en la transformación?

@lusacevedop dom 12 ago 2018 22:10
Andrés Manuel López Obrador, presidente electo
Andrés Manuel López Obrador, presidente electo
Foto propiedad de: Internet

 

La cuarta transformación del país que pretende desarrollar Andrés Manuel López Obrador durante su mandato pondrá a prueba su voluntad de cambio, ya que la mezcla de globalización, revolución tecnológica y organización social exige revisar la viabilidad del modelo de trabajo y, con ello, del sindicalismo prevaleciente.

Diversas preguntas aparecen cuando se plantea revisar, e incluso desmantelar, la reforma educativa y también una amplia parte de la energética, en donde se están dos de las organizaciones de trabajadores más grandes del país.

En efecto, el sindicalismo tiene que ser revisado. No bastará con remover a sus líderes y eliminar los privilegios que han concentrado sus dirigencias en perjuicio de la mayoría.

La digitalización, la inteligencia digital y la robótica son temas que, al menos en el discurso, han sido considerados por el nuevo régimen sin ofrecer -todavía- vías alternas para evitar que el cambio que implica la modernización provoque una crisis de desplazamiento de mano de obra que no ha sido capacitada.

En este sentido, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que al menos el 10 por ciento de las actividades productivas de nuestro país tienen que ser digitalizadas y automatizadas para no perder la competitividad global, lo que implicarán desempleo, pero también pondrá en evidencia que el sindicalismo como lo conocemos, ya no tiene razón de existir.

Desde finales de los años 90 del siglo pasado, el economista Richard Hyman advertía que la creciente influencia de la tecnología iría debilitando y restando importancia al sindicalismo en el mundo y de manera más dramática en los países en desarrollo como México, en donde la democratización social, política y económica los iría desplazando.

Hoy, la fuerza sociopolítica de los sindicatos ya no es la misma que hace algunos años. La concentración de privilegios entre sus dirigencias ha desarrollado un clima de desconfianza hacia los sindicatos.

Hyman identificó 3 razones por las que aquella “solidaridad mecánica” del sindicalismo clásico desaparecería: primero, porque con la globalización los trabajadores son cada vez más heterogéneos y sus intereses son cada vez más divergentes; la competencia económica obliga a que los trabajadores compitan entre ellos, y, en tercer lugar, el deterioro de los compromisos políticos igualitarios.

Si revisamos lo sucedido en los últimos años en nuestro país, esos tres elementos están presentes, sobre todo porque la acción sindical está anquilosada, no se modernizó y no es capaz de responder de manera unitaria y con la velocidad y en las condiciones que impone la digitalización.

Así vemos que el sindicalismo no está en el universo de las tendencias de la tecnología y por su vocación a ese atraso se colocan en los “comportamientos luditas”, que como los opositores del siglo XIX que se oponían a la mecanización, hoy cierran el paso a la presencia, por ejemplo, de Uber o a la digitalización y la automatización, como recursos para sobrevivir y conservar esquemas de corrupción y opacidad, sin ver que son exigencias democráticas.

No solo eso, los sindicatos no muestran voluntad para promover y buscar esquemas productivos capaces de hacer frente al innegable impacto de la tecnología sobre la base de los trabadores.

Al final, el sindicalismo mexicano también ha contribuido a promover las desigualdades en el mercado laboral, pero también entre la sociedad en su conjunto.

Es claro que la transformación que se pretende a partir del 1 de diciembre implica revisar la importancia, vigencia y vocación del sindicalismo.

No hacerlo, será más de lo mismo para la vida económica, social y política de México.

@lusacevedop