domingo 21 de octubre de 2018 | 03:13
Columnas

De acuerdo con Alfonso Suárez del Real, @SuarezdelReal1, no al “show business” en el Zócalo; c.c.p. @ClaudiaShein

@NietzscheAristo vie 10 ago 2018 09:09
Miguel  Ángel Mancera
Miguel Ángel Mancera
Foto propiedad de: Internet

Desde hace ya dos décadas -cuando fuera votada por vez primera en 1997 la izquierda electoral en la Ciudad de México- he establecido de manera tanto verbal como escrita la abierta y rigurosa crítica al concepto que de cultura y arte han manejado los gobiernos de Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, López Obrador, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard y Miguel Mancera cuando se habla de eventos en el Zócalo de México: un concepto básicamente populachero, ramplón, utilitario.

Lo que “artísticamente” se ha presentado y recreado en ese magno espacio cívico, cultural y político ha sido la reproducción de lo que ya sobra en los medios, lo que la gente ve en exceso en televisión o escucha por la radio, en el transporte público, en la maraña diaria de la comunicación: música y espectáculos de dudosa calidad, intérpretes “famosos” por salir en la tele, de las sonoras Santanera y Dinamita hasta Joan Sebastian y “El Buki” (grandísimos amigos éstos dos de Mancera) pasando por Juan Gabriel y grupos de roqueros como Maná o La Maldita Vecindad.

Independientemente de que estos nombres tienen muchos seguidores y sus méritos, el compromiso de cualquier izquierda electoral debiera de ser el de presentar opciones alternativas a lo que ya priva en términos comerciales; ¿para qué magnificar lo obvio, lo sobrado en un espacio que debiera poner el acento en posibilidades distintas de conocimiento y disfrute?

Ante la llegada a la jefatura de gobierno de Miguel Mancera, inaugurada con la presentación de un amigo suyo en el Zócalo, Joan Sebastian, escribí lo siguiente en el texto “Mancera, Wilde y la miseria cultural” (SDPnoticias; 10-12-12):

“La política cultural de la ‘izquierda’ en la Ciudad de México ha dejado mucho que desear en 15 años. Se entiende que el PRI contrate a estos personajes de televisa y que el PAN a otros semejantes, pero ¿no debiera la izquierda, por procurar ser una alternativa distinta, por crítica, por presumir tener mayor bagaje cultural, materializar esta presunción en su política cultural pública? ¿Una cultura que enriquezca y no una que envilezca la vida cotidiana?

“Si Mancera se empecina en esta expresión cultural facilona, los ciudadanos de la ciudad estarán condenados a padecer 6 años más los elencos de televisa con Joan Sebastian y ‘El Buki’ a la cabeza, más quebraditas y pasitos que se acumulen.

“En su ensayo crítico sobre el socialismo, Oscar Wilde se burló de la pretensión de degradar el arte con tal de hacerlo accesible al pueblo. Señaló algo en lo que creo, que debía elevarse el espíritu del ciudadano, no degradar el arte para que éste lo comprenda. Sin embargo, hoy, pareciera ser que esa elevación debiera buscarse a través precisamente del acceso a una cultura alterna a la que se difunde todos los días y a todas horas por medio de la televisión y la radio. Se necesita de una suerte de popularización del arte con el fin de ponerlo al alcance de la población. Y esto nada tiene que ver con ideología.

“Cuando José Vasconcelos, como secretario de Educación Pública y con todo y crítica a cuesta, decidió publicar ejemplares clásicos de la literatura universal y enviarlos en burros y mulas a las comunidades alejadas de un país anegado en la ignorancia y el analfabetismo, la consideración primaria fue que no porque muchos mexicanos no pudieran leer se les negaría a priori el derecho a esas obras y a esa posibilidad. Por su puesto, se procuró también la alfabetización. Jaime Torres Bodet prolongaría esta política vasconcelista en sus campañas nacionales contra el analfabetismo.

“Contrario a lo que pensó Wilde en su tiempo, la popularización del arte no llevaría en esta época a la degradación ni a la miseria cultural. Esto lo está cumpliendo, en todo caso, la política cultural de la izquierda en la ciudad de México”.

Esta reflexión continúa vigente. Por ello me agrada leer la nota sobre la prospectiva de quien será el secretario de Cultura del nuevo gobierno de la Ciudad de México a cargo de Claudia Sheinbaum, Alfonso Suárez del Real, quien ha dicho que creará una suerte de “ejército de paz” a través de la cultura; “menos policía y más cultura”. Para ello procurará aumentar sustancialmente el presupuesto asignado a Cultura para la ciudad y realizar mil mini-festivales y 12 de mayor envergadura, entre múltiples acciones.

Pero lo que más me agrada es leer sobre una perspectiva con la cual concuerdo absolutamente: patrocinio por el gobierno de izquierda de la ciudad de eventos “más culturales y comunitarios, lejos del show business y del espectáculo-entretenimiento”. La nota de Scarlett Lindero recoge asimismo otro planteamiento fundamental de Suárez del Real, “en su administración,…, también replanteará si continuar o no con los conciertos masivos en el Zócalo. ‘Soy muy puntual en eso, quisiera que un grupo de científicos corrobore si la plaza, por sus edificaciones, puede seguir recibiendo las magnitudes de volumen que tiene con este tipo de espectáculos, y con eso dar una respuesta’” (El Heraldo, 06-08-18).

Aunque el planteamiento está hecho desde la perspectiva del resguardo arquitectónico del patrimonio cultural del Zócalo, cuadra muy bien con el criterio artístico y estético de quien desea modificar la ruta “artística” populachera y utilitaria que ya mencionamos arriba. Y no por nada, reporta Lindero, en la oficina del aún diputado local y próximo secretario de Cultura se escucha todo el tiempo Opus94, la estación de música clásica del IMER. Y más allá de prejuicios y supuestos elitismos y aunque todo tiene su expresión y su espacio, esto ya establece una diferencia sustancial y un futuro prometedor en comparación con los criterios y gustos del pasado inmediato. Continuará…

 

P.d. Aquí el texto “Mancera, Wilde y la miseria cultural”:  https://www.sdpnoticias.com/columnas/2012/12/10/mancera-wilde-y-la-miseria-cultural