martes 14 de agosto de 2018 | 06:28
Columnas

A propósito de Artz Pedregal

@horacio_urbano mié 18 jul 2018 08:01
No es normal que se caiga solo un edificio que costó tanto dinero y que fue desarrollado por uno de los grupos inmobiliarios de mayor prestigio del país.
No es normal que se caiga solo un edificio que costó tanto dinero y que fue desarrollado por uno de los grupos inmobiliarios de mayor prestigio del país.
Foto propiedad de: Internet

Por supuesto, el derrumbe parcial de uno de los centros comerciales más nuevos y lujosos de México es tema que amerita muchas explicaciones.

No es normal que se caiga solo un edificio que costó tanto dinero y que fue desarrollado por uno de los grupos inmobiliarios de mayor prestigio del país.

No es normal... Pero tampoco es ciencia oculta...

Un edificio se cae porque estaba mal diseñado, mal construido, porque se hicieron mal los estudios del terreno en el que estaba desplantado...  O porque hubo algo de mala suerte en un material que era difícil notar que venía defectuoso, en un error humano de ejecución o supervisión, o en uno de tantos factores que tienen que ver con la construcción.

Sirva esto para recordar la enorme complejidad que hay detrás de cualquier obra... Y que hay que multiplicar cuando se trata de un proyecto de la dimensión de Artz Pedregal.

Conozco a Javier Sordo y su trabajo desde hace mucho tiempo. Javier, quien está al frente de Grupo Sordo Madaleno, la firma que desarrolló Artz Pedregal, es un arquitecto serio y comprometido con la calidad, que con toda seguridad es en estos momentos el más preocupado por entender y explicar lo que pasó, por atender de inmediato todos los daños y por tomar medidas para evitar que algo así vuelva a pasar en cualquiera de sus proyectos.

Pero es evidente que lo que pasó implica esperar e incluso exigir explicaciones... Empezando por un diagnóstico técnico y legal, que diga que fue lo que ocasionó el derrumbe y si el proyecto cumplía con todo lo que marcaba la ley y fue construido sin modificaciones respecto a lo que estaba autorizado.

Habrá, por supuesto, que establecer responsabilidades y, si fuera el caso, sanciones, trátese de quienes estuvieron relacionados con el proyecto desde el ámbito privado, o de quienes lo estaban desde el público.

Por supuesto, esto abre muchos frentes para debatir... Pero el tema de fondo está en los enormes vacíos que resultan de la falta de actualización de los instrumentos de planeación y regulación vigentes en la Ciudad de México y, desafortunadamente, en la mayoría de las ciudades del país.

Porque como parte de la avalancha provocada por Artz Pedregal, hay quienes señalan el impacto ambiental del proyecto, así como quienes rechazan la proliferación de centros comerciales, aduciendo que este boom acaba con el comercio local y usurpa la función que corresponde por naturaleza al espacio público y al mismo barrio, o quienes cuestionan la falta de transparencia en los recursos que los desarrolladores pagan por concepto de obras de mitigación.

Lo primero que hay que decir es que para llevar seriedad al tema lo prudente es tomar solo la opinión de los expertos.

No son las voces ciudadanas la instancia a la que corresponda ni emitir dictámenes técnicos, ni determinar culpabilidades y sanciones.

Tampoco suena sensato que haya políticos que quieran sacar raja política, o ganar o consolidar clientelas, manifestándose en favor de absurdos como la expropiación del centro comercial o pretendiendo convertirse en líder de los “damnificados”.

Hay mucho que responder a quienes dicen que en México se siguen haciendo centros comerciales al tiempo que en otros lugares del mundo se están cerrando...

Y la respuesta más contundente va a la raíz del problema, la negligencia de gobiernos y legislativos locales, que han permitido que se haga obsoleto en extremo el marco normativo que define la planeación urbana de la capital del país.

Es simple, mientras otras ciudades del mundo tienen planeado su desarrollo urbano en horizontes de 20, 30, 50 años, e incluso más, en México no hemos tenido la capacidad de actualizar un Plan General de Desarrollo Urbano que tiene décadas de ser claramente obsoleto.

No hay planeación y esto se traduce en la falta de actualización de la regulación urbana y en la falta de empuje para que se hagan las inversiones en infraestructura que este proyecto debiera implicar.

En la Ciudad de México la regulación urbana es obsoleta, poco transparente, sujeta a la discrecionalidad y afectada por una serie de muy malos parches, que queriendo dar solución al tema, abren nuevos frentes de batalla ante la necesidad de contar con instrumentos de planeación y regulación que permitan dar viabilidad a una ciudad de este tamaño e importancia.

No se trata ahora de irse por la fácil y tomar al sector inmobiliario como chivo expiatorio ante la negligencia de gobiernos y legisladores.

Habría quizá que recordar que el sector inmobiliario es fundamental para el desarrollo del país, porque genera las obras que dan competitividad a las ciudades y calidad de vida a sus habitantes, con inversiones anuales del orden de 1 billón de pesos, que se traducen en 14% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y en la generación de millones de empleos.

Cayó parte de un edificio... Que eso sirva como pretexto para buscar solución definitiva a este y otros muchos problemas que se presentan en la cotidianidad urbana.

En esta administración ya no se logró... Ojalá que Claudia Sheinbaum, como ya anticipó, tome como prioridad el objetivo de generar el nuevo Plan General de Desarrollo Urbano que tanto le urge a la Ciudad de México.

 

Horacio Urbano es presidente fundador de Centro Urbano, think tank especializado en temas inmobiliarios y urbanos

Correo electrónico: [email protected]

Twitter: @horacio_urbano