lunes 16 de julio de 2018 | 02:06
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En Contexto. ¿Por qué Mike Pompeo importa en la transición?

@lusacevedop mié 11 jul 2018 10:22
Mike Pompeo
Mike Pompeo
Foto propiedad de: Internet

 

En el cuartel general de Andrés Manuel López Obrador hubo preocupación desde el primer momento en que se supo que Mike Pompeo, el actual secretario de Estado de Estados Unidos vendría a México, originalmente para reunirse con el presidente Peña Nieto a fin de tratar asuntos bilaterales.

Aparentemente, la intención del exdirector de la CIA era la de restablecer la “buena vecindad”, luego de los desencuentros desencadenados por el muro fronterizo, la presencia de la guardia civil en la zona limítrofe, las deportaciones masivas y el enjaulamiento de los menores separados de sus padres inmigrantes, entre otros agravios.

Durante la campaña presidencial, López Obrador fue el primero en censurar desde la frontera las acciones de Donald Trump y en azuzar para que el gobierno mexicano lanzara una protesta enérgica, que luego lanzaría Peña Nieto en cadena nacional, pero sin formalidad diplomática.

Al día siguiente de que el presidente de Estados Unidos felicitara a López Obrador por su triunfo electoral, en Washington se anunció que Pompeo visitaría México para “confirmar la cooperación” entre los países vecinos, precisamente durante el proceso de transición política.

Pero no solo eso, “trabajar de cerca con el presidente electo López Obrador para continuar fortaleciendo la relación México-Estados Unidos cuando la nueva administración asuma funciones”, difundió la vocera del Departamento de Estado, Heather Nauer.

Ahí fijó los temas de la agenda: la “alianza existente entre los dos países para combatir a las organizaciones criminales trasnacionales y la epidemia de drogas”, además de “reforzar el comercio, frenar la inmigración irregular y la administración de nuestra frontera común”.

El domingo, al calor del triunfo electoral, se había planteado que el embajador Héctor Vasconcelos encabezaría al equipo de transición en materia de relaciones exteriores, con el apoyo de Marcelo Ebrard.

Pero al conocer el anuncio de la visita de Mike Pompeo a México, López Obrador hizo el primer enroque en su equipo de trabajo. Puso como canciller a “un fajador” con amplia experiencia en vida política de México y amplias relaciones con grupos de poder estadounidenses, no solo empresariales sino de los partidos Demócrata y Republicano.

El embajador Vasconcelos, que será senador, jugará por ahora de “bueno” y Ebrard será el “rudo” en este primer round de una relación que no se ve sencilla, porque para Trump y su grupo, ven a López Obrador como un gobernante de izquierda.

La relación con Pompeo es crucial para México.

Su visita no es la de cualquier representante del gobierno de Washington. Es el más alto nivel en el gabinete de Trump.

Veamos. De él dependen las relaciones exteriores de Estados Unidos, la publicación de tratados, acuerdos y leyes internacionales como el TLCAN; además es intermediario entre el gobierno y los estados en temas judiciales y de seguridad nacional.

Más allá de su influyente cargo, el equipo de López Obrador sabe muy bien que Pompeo es uno de los representantes de la línea más dura y conservadora del Partido Republicano y quizá el que más experiencia y mejores expedientes posee en asuntos militares, de inteligencia y seguridad nacional.

También es un aguerrido defensor de los programas de recolección de datos personales que desarrolla la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense y, como director de la CIA un sólido promotor de la búsqueda de información, aunque implique violación de los derechos humanos, entre otras acciones públicas.

Además, ha defendido a Trump en sus políticas discriminatorias y en contra de los inmigrantes. No puede ver a los islámicos y está en contra de todo lo que tenga que ver con el régimen del presidente venezolano Maduro, pero está a favor de una política exterior que coloque a “Estados Unidos en primer lugar” en el mundo.

Por si fuera poco, Pompeo ve con agrado la llamada “Política Ciudad de México” o “Ley Mordaza Global” que ha retirado fondos de Washington a organizaciones no gubernamentales extranjeras que apoyen servicios de aborto o promueven leyes en su favor.

Con esos elementos, el nerviosismo entre los miembros de la coalición Juntos Haremos Historia era justificada y cualquier encuentro, no podía ser sobre la base de una actitud diplomática sino abiertamente política.

Esperemos que el primer encuentro cara a cara con el gobierno de Donald Trump abra cauces de respeto y cooperación.

@lusacevedop