martes 13 de noviembre de 2018 | 11:48
Columnas

AMLO frente a la seguridad nacional de EU. Primera prueba de fuego (I)

@JorgeRetanaYart mié 11 jul 2018 09:27
Mike Pompeo
Mike Pompeo
Foto propiedad de: Internet

Al confirmarse la visita del Secretario de Estado de los EUA Mike Pompeo para este viernes 13 de julio, al frente de una comitiva que integran además Jared Kushner, asesor de la Casa Blanca; Steven Mnuchin, secretario del Tesoro; y Kirstjen Nielsen, de Seguridad Interna, y William Duncan, ministro consejero de la Embajada de EUA, decidí cambiar el contenido de mi artículo por considerar esta visita de extraordinaria relevancia para México y el futuro gobierno.

Mike Pompeo conforma dos personajes en uno solo: el Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia. O mejor, dos instituciones representadas en un solo personaje. Hasta hace unas semanas Mr. Mike Pompeo era director de la CIA, hoy es jefe de la diplomacia, lo que tiene muchas implicaciones y mensajes para la política exterior de los EUA. Pero vienen también el yerno del Presidente Donald Trump (sus ojos y oídos en la reunión y para hacer constar todo lo ya pactado y adelantado con Peña Nieto-Videgaray) y de manera relevante, el encargado de la Seguridad Nacional de EUA. Una representación de altísimo nivel. Su agenda (mi hipótesis) es la de la seguridad nacional de los EUA (crimen transnacional, frontera e inmigración indocumentada), y los términos de la cooperación del ejército mexicano, la Marina y la Policía Federal (a miles de cuyos miembros han entrenado allá), luego, lavado de dinero y el tema de la energía, porque la doctrina de defensa compete al ejército, al Pentágono como se le dice coloquialmente.

Pero al fondo de esta agenda (en lo sustantivo), están tres proyecciones de orden estratégico para EUA que ha venido implementando sigilosamente pero sin descanso, y cada que lo considera necesario, las replantea con fuerza: la integración militar de América del Norte (documentado con diversos acuerdos y propuestas dadas a conocer al seno de las reuniones de representantes de los gobiernos dentro de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad); la integración energética de América del Norte, y dentro del concepto de la inmigración indocumentada como tema de seguridad nacional, la militarización de las fronteras mexicanas para contener la inmigración desde el “Triángulo del Norte”.  Hoy a estas proyecciones se integra romper el TLCAN y pactar un acuerdo económico bilateral mucho más ventajoso para EUA, lo cual se trata en otro foro.   

Los Sres. Marcelo Ebrard, Alfonso Durazo y la ex ministra Olga Sánchez Cordero, el secretario de Hacienda, y probablemente personal del ejército mexicano y la Armada de México, acompañarán al Presidente Electo (aunque falta la declaratoria oficial por el TRIFE, algunos de cuyos miembros han comentado que la Constancia respectiva podría adelantarse dado que no hay impugnaciones formales, ni al proceso electivo ni a los resultados comunicados por el INE). De manera que ellos viene con alto nivela tomar la medida” o “la temperatura” al próximo nuevo Presidente de la República Mexicana. En términos militares “a tomar posiciones”. A expresar a AMLO los términos de su Seguridad Nacional, a hacerle sentir el poder. Una primera entrevista, sin duda, muy delicada. El poder se ejerce, no se platica.

A principios del siglo XX, con México en plena efervescencia revolucionaria, el entonces secretario de Estado de los EUA, Robert Lansing, dirigió a William Randolph Hearst (en ciernes, el magnate de la prensa escrita en EUA) en relación a la campaña de su cadena de periódicos para poner en la presidencia de México a un estadounidense y terminar con la Revolución Mexicana que amenazaba los intereses de las grandes corporaciones norteamericanas, principalmente petroleras. "México es un país extraordinariamente fácil de dominar porque basta con controlar a un solo hombre: el presidente", escribe Lansing y congruentemente aconsejaba:

"Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso conduciría otra vez a la guerra. La solución necesita de más tiempo: debemos abrirle a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto del liderazgo de Estados Unidos. México necesitará administradores competentes y con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñarán de la misma Presidencia. Y sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o disparar un tiro, harán lo que queramos, y lo harán mejor y más radicalmente que lo que nosotros mismos podríamos haberlo hecho” (Texto traducido).

(https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1924CRL.html)

Es evidente que este es el caso de los últimos Presidentes y sus equipos de gobierno de 30 años a la fecha, cuyas élites económicas y políticas, conformaron e impulsaron un proyecto de subordinación transnacional para México a partir de la apertura económica, el libre comercio y la abstinencia del Estado, así como del alineamiento estratégico global con la política estadounidenses, pero no es el caso de AMLO (aunque también tienen colaboradores que estudiaron en EUA) y su equipo. En EUA saben a estas alturas, que AMLO se formó en la corriente ideológica del cardenismo, dentro del PRI, y que proclama su admiración por el general Lázaro Cárdenas del Río, y que es uno de los líderes mexicanos que lo inspiran. No olvidar la riqueza energética en el Golfo de México y el Mar Caribe.

La geopolítica de EUA respecto de su seguridad nacional, es extremadamente desfavorable para México: consideran su zona vital (su heartland) a toda la región de Norteamérica, México y Centroamérica. Obviamente, ello vulnera y somete la Soberanía Nacional de los países implicados a las prioridades de su Seguridad Nacional, la cual está custodiada por el Comando Norte (que incluye a México). Hay dos grandes antecedentes históricos: el almirante Alfred Thayer Mahan (fines del siglo XIX) formuló una doctrina que reivindicaba el derecho de EUA en ciertas áreas de interés geoestratégico. Especialmente, consideraba como “pivote estratégico” el Pacífico Oriental, el Golfo de México, el Caribe y la construcción de un Canal en Centroamérica, lo cual equivaldría a la primera etapa expansionista pregonada por la Doctrina Monroe.

La influencia de este pensamiento  de proyección geoestratégica, fue clara durante las administraciones de William Mac Kinley y Theodor Roosevelt (México es de los primeros que sufre sus consecuencias), quienes consideraron que EUA debía seguir el modelo expansivo e imperial británico. En una formulación posterior más elaborada, el mismo almirante acuñó el concepto del “Mediterráneo Americano” que se refiere a una zona geoestratégica, que veía el valor creciente del mar Caribe y del golfo de México, especialmente si se construía el canal de Panamá. Tras la victoria estadounidense sobre España en Filipinas y Puerto Rico, se conceptualizó toda el área con un sentido de Mare Nostrum, propiedad de los “nuevos Romanos”. Con Nicholas Spykman el geopolítico más influyente del siglo XX en Estados Unidos, el citado Mediterráneo Americano pasa a ser un elemento esencial para la defensa estadounidense, y considera esta zona como de influencia exclusiva de Estados Unidos, que afecta a sus intereses vitales. George Kennan (el teórico de las zonas de influencia) a pesar de su visceral desprecio a todo lo hispano, mantuvo muy en alto su interés por la zona. Hoy en día tras la retirada estratégica y las derrotas en Eurasia, África y parte del Atlántico Sur, zona de Levante en Medio Oriente (Siria) e Irán, la importancia geoestratégica del Mediterráneo Americano, y en particular del Canal de Panamá (ante la ofensiva china de un “canal seco en Centroamérica” a partir de Nicaragua) el “Mediterráneo Americano” ha crecido de forma sustancial como elemento crítico para el apoyo mutuo entre las flotas de guerra del Pacífico y del Atlántico del ejército de EUA. (Sánchez de Rojas, 2012)

En los últimos lustros, EUA avanzó mucho, mucho, en sus posiciones de poder dentro del sistema político mexicano y de la economía nacional, lo que no había logrado en los 80 años del siglo XX. Hoy es un gran factor en las decisiones que toman los gobiernos mexicanos respecto a sí mismos y a EUA. El TLCAN, las reuniones de Jefes de Estado de América del Norte, y su extensión a reuniones entre secretarios de Defensa, más la Cumbre de Miami (agosto de 2017) sobre inmigración indocumentada, con México y los países centroamericanos, en la cual EUA ofreció un mini Plan de Desarrollo con un fondo exiguo de $2,500 millones de USD para proyectos de desarrollo e infraestructura para Centroamérica, en donde México tendría el rol militar de contener la inmigración en tales fronteras.

Es en este último punto en donde AMLO le trata de tomar la palabra a Trump, pero ampliando la magnitud del programa e incluyendo a México. La ALPRO (Alianza para el Progreso) de John F. Kennedy, implicó un ejercicio de $20,000 millones de USD, como programa de ayuda económica, política y social de EUA para América Latina efectuado entre 1961 y 1970, en plena guerra fría y como parte angular de la política de contrainsurgencia, ante la Revolución Cubana.

El fracaso total de la política militarizada de “guerra contra las drogas” (que se inauguró como tal en la región con la invasión a Panamá, 1989), reconocido por el Senado de los EUA, demanda una postura firme del nuevo equipo político mexicano, sin rasgarse las vestiduras, en favor de una política soberana en la materia. No es fácil disentir de EUA en materia de su Seguridad Nacional, pero deberá ofrecerse una alternativa que produzca resultados de corto plazo, de lo contrario se toma el riesgo de que haya más “acciones unilaterales” en la frontera mutua. Abordaremos los otros temas en próxima entrega.