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Columnas

¿AMLO el apóstata? Su cruzada contra el neoliberalismo

@jos_redo mié 11 jul 2018 16:57
Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador
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La narrativa política y personal de Andrés Manuel López Obrador se basa en la condena del neoliberalismo que predomina en México desde 1982. El futuro que proyecta el virtual Presidente electo se asemeja, en espíritu y objetivos, al nacionalismo revolucionario que moldeó al Estado mexicano entre 1929 y 1982.

La vertiente ideológica del proyecto del Presidente López Obrador, resulta interesante para el análisis, porque permite, entre otras herramientas, recurrir a la analogía histórica para entrever las dificultades que enfrentará en su aventura contra el neoliberalismo.

Aquí haremos una breve comparación entre el emperador romano Juliano II, quien pretendió acabar con el cristianismo y restaurar el helenismo, y AMLO, en su cruzada por desterrar el neoliberalismo y recuperar el nacionalismo revolucionario.

El emperador Juliano II reinó en la Roma Imperial del 361 al 363 de nuestra era. Gore Vidal, en una gran novela, Juliano el Apóstata, dramatiza magistralmente este fascinante pasaje. Durante el Siglo II, en el Imperio Romano se extendió con fuerza incontenible el cristianismo, consolidó toda una jerarquía de obispos y sacerdotes, pulió y difundió la doctrina de Jesús ganando adeptos al por mayor, sobre todo en el oriente.

Al inicio del Siglo IV, el cristianismo había conquistado espiritualmente a la mayoría de la población imperial y había ganado posiciones de poder a través de obispos enquistados en las estructuras de Imperio. Finalmente, el emperador Constantino el Grande, que reinó de 306 a 337, declaró al cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano.

El sucesor de Constantino, Constancio, fortaleció al cristianismo, asignó mayores cuotas de poder a los obispos, permitió la proliferación de santos y templos. Sin embargo, Juliano II, sucesor de Constancio, estaba convencido de que el cristianismo era intrínsecamente nocivo para el milenario espíritu helenista que nutrió a la Grecia y la Roma clásicas.

Una vez en el poder, Juliano emitió decretos para debilitar la religión oficial, convencido de la enorme superioridad filosófica y doctrinaria de Homero, Aristóteles o Diógenes; así como de la riqueza y la libertad incomparables del culto a Júpiter, Dionisio o Apolo. En cambio, el culto a un galileo muerto, como él se refería a Jesús, reduce el espíritu humano a una condición de fanatismo y servidumbre.

Del mismo modo, AMLO ha señalado las deficiencias y los problemas irresolubles del neoliberalismo. El tabasqueño ha insistido en denunciar la realidad irrefutable de pobreza, desigualdad, distorsiones económicas, corrupción y fragilidad del Estado de Derecho que ha generado el período neoliberal que ya lleva 30 años.

El neoliberalismo, está seguro López Obrador, ha vulnerado los derechos sociales hasta condiciones inaceptables que lastiman la dignidad de millones de personas que no tienen recursos para alimentarse, que no tienen acceso a la educación y la salud. Desde 1982, el Estado mexicano abdicó de sus responsabilidades sociales y, por ello, entre otras causas, la cohesión social y la solidaridad se deterioran peligrosamente.

Por ello, AMLO está convencido de que la justicia social y el fortalecimiento de las bases nacionales de la economía y el desarrollo, solamente se podrán lograr jubilando los dogmas del credo neoliberal. Para que las grandes mayorías tengan oportunidades reales y dignas de obtener empleo, educación, salud, cultura y vivienda, es preciso orientar el poder del Estado con las premisas de justicia social, inclusión y activismo estatal propias de la ideología de la Revolución Mexicana.

Sin embargo, empresas como las de Juliano y AMLO enfrentan enormes dificultades y resistencias. En primer lugar, se requiere la construcción de una visión global del mundo y la historia, para que sus pretensiones realmente signifiquen un progreso para sus pueblos y no sucumban a la tentación de la restauración de lo peor del pasado añorado.

Juliano decidió, ante la resistencia de los poderes cristianos, decretar que el cristianismo dejaba de ser la religión oficial y rehabilitó el helenismo. La oposición fue feroz y despiadada, incluso en la corte del emperador los principales personajes estaban divididos entre cristianos y helenistas, entre los leales al joven emperador y los fieles a los obispos cristianos, quienes, para disminuirlo, lo apodaron El Apóstata.

Finalmente, como algunos de sus cercanos se lo advirtieron, Juliano habría necesitado un reinado de cien años para replegar al cristianismo y rehabilitar la admiración por Hesíodo y el culto a Afrodita. Juliano murió cuando aún no completaba tres años en la cúspide del poder, asesinado por un fanático cristiano infiltrado en su círculo íntimo. Murió casi a la edad de Cristo y dicen que al final de su agonía dijo: “ganaste Galileo”.

La tentativa de Juliano resultó infructuosa, porque quiso barrer de un plumazo estructuras políticas, culturales y mentales formadas durante al menos dos siglos. Tal vez no supo entender la naturaleza irreversible, al menos en el corto plazo, de la religión y poderío cristianos. Sin embargo, su gesta es verdaderamente ejemplar, porque luchó por la libertad del espíritu y del cuerpo, por la primacía de la filosofía y el debate de los asuntos públicos.

¿Cuál será el desenlace de la cruzada de AMLO contra el neoliberalismo? Primero, hay que esperar para ver si realmente orientará su gobierno, con el enorme poder que logró en las urnas, hacia la construcción de un modelo económico, político y social distinto al imperante en los últimos 30 años.

También habrá que observar si AMLO acompaña su combate al dogma neoliberal con acciones visionarias, o sucumbe a los dogmas del nacionalismo revolucionario. López Obrador tendrá más posibilidades de pasar a la historia como un buen presidente si evita reproducir el autoritarismo, el corporativismo y el patrimonialismo del período posrevolucionario.

Tendrá más probabilidades de ser un gran estadista si, evitando los vicios del nacionalismo revolucionario, desmantela los pilares del autoritarismo político y económico neoliberal, reorienta el gasto y la riqueza hacia esquemas progresivos de redistribución y garantiza el ejercicio de los derechos sociales básicos sin reproducir esquemas clientelares asistencialistas.

López Obrador puede evitar el destino trágico de Juliano, si coloca en perspectiva histórica su lucha contra el neoliberalismo, si tiene la sabiduría de entender que muchas de las trasformaciones que pretende son irrealizables en seis años y, como él mismo ha dicho, mucho se avanzará con empezar los grandes cambios, con una mirada que abarque las próximas décadas para su plena realización.

AMLO, como Juliano, podría enfrentar resistencias absolutas y resultados dramáticos si abandona sus convicciones de lucha contra la corrupción, si transige con los grandes intereses que se encumbraron hasta la saciedad en las últimas tres décadas. La historia nunca se repite tal cual, ya sabemos que la primera vez ocurre como tragedia y las segunda como farsa: ojalá AMLO no decepcione, porque, como a la humanidad occidental luego del fracaso de Juliano, esa decepción nos puede adentrar en un largo período de oscuridad.