sábado 17 de noviembre de 2018 | 12:19
Columnas

PRI, herido de muerte

@jlca007 mar 10 jul 2018 04:15
No obstante, el agua está muy turbia y un grupo de 416 priistas –entre otras corrientes- ya exigió la renuncia de todo el Comité Ejecutivo Nacional (CEN)
No obstante, el agua está muy turbia y un grupo de 416 priistas –entre otras corrientes- ya exigió la renuncia de todo el Comité Ejecutivo Nacional (CEN)
Foto propiedad de: Internet

 

Desde hace meses se veía llegar la peor debacle del PRI, diversos analistas, periodistas y políticos sabían que la derrota del tricolor sería garrafal, colosal, histórica... Aunque algunas casas encuestadoras trataron de darle un respiro, sin embargo, tarde o temprano la realidad saldría a flote.

 

Y es que el PRI no sólo perdió la Presidencia de la República, misma que tardó 12 años en recuperar, le arrebataron los estados en donde se disputaba la gubernatura y tenía aún el control del Ejecutivo, así como su mayoría en el Congreso de la Unión, pasó de ser una de las principales fuerzas políticas a ser un digno representante de la chiquillada.

 

Y es que, aunque la derrota del PRI parecía inminente, sólo ellos insistieron en no creer o más bien se negaron a ver la realidad, cegados quizás por una endeble victoria en los comicios electorales de 2017, cuando mantuvieron su bastión: el Estado de México.

Hace un año, Alfredo Del Mazo Maza ganó con 2  millones 40 mil 709 sufragios, casi 170 mil votos más que su contrincante de Morena, la maestra Delfina Gómez. Cabe destacar que la elección fue altamente cuestionada, ya que se detectaron prácticas como el acarreo y el mapacheo electoral.

En las elecciones del pasado domingo 1 de julio, Delfina Gómez compitió como candidata al Senado junto a Higinio Martínez, como compañero de planilla, una semana después recibió su constancia de Mayoría del Consejo Local del INE, luego de obtener el triunfo con 3 millones 842 mil votos.

Es decir, en estas elecciones Gómez obtuvo  casi el doble de los votos que Del Mazo. Además de los escaños en el Senado, el PRI perdió la mayoría de las alcaldías y control del Congreso local. Por eso, la victoria de 2017 no sólo fue endeble, fue quizás una farsa, y como dije en un principio, la realidad: tarde o temprano sale a la luz.

A quienes dirigen del PRI, tal vez se les olvido, como les fue en las elecciones de 2016, cuando el partido gobernante perdió siete de las 12 gubernaturas en juego y, entre esas, entregó a la oposición cuatro estados en los que había gobernado de forma consecutiva durante 86 años: Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas.

No era cosa de genios reconocer que se venía una  derrota aún peor, sobre todo si no se hizo nada o casi nada por cambiar, para entender en que habían fallado, para transformarse realmente en un nuevo partido, regenerarse desde adentro. Se dedicaron solamente a sacrificar las cabezas.

Durante la mini dirigencia de Enrique Ochoa Reza, se  terminó por destruir al partido, pues el ex director de la Comisión Federal de Electricidad ignoró a las dirigencias estatales y cerró su mente a una realidad que dentro de poco le abofetearía la cara.

Como en el PAN, algunas corrientes internas del PRI,  exigen la destitución de la dirigencia ahora en manos de René Juárez Cisneros, quien de acuerdo a como lo marcan los estatutos, podría permanecer en el cargo hasta el próximo mes de agosto de 2019.

No obstante, el agua está muy turbia y un grupo de 416 priistas –entre otras corrientes- ya exigió la renuncia de todo el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), así como la refundación del partido; mientras la cúpula priista manda un mensaje de unidad a la militancia.

¿Les alcanza?  Yo creo que no.

Si el PRI, en verdad quiere retomar un lugar digno en la  política mexicana, necesita una verdadera transformación, reconocer que un cáncer: la corrupción, lo carcome por dentro, y para sobrevivir necesita erradicar la enfermedad, que hoy lo tiene herido de muerte.