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Columnas

Democracia en tiempos de la posverdad

@ernestotreviño mar 10 jul 2018 21:17
Las redes sociales se han convertido en las principales facilitadoras del relativismo total
Las redes sociales se han convertido en las principales facilitadoras del relativismo total
Foto propiedad de: Internet

 

En el año 2016 el diccionario de Oxford definió el concepto de la “posverdad” como la palabra del año. La posverdad es la idea de que como sociedad ya estamos más allá de los hechos verdaderos. Estos ya no importan. Lo que importa son las emociones, las creencias y las convicciones no respaldadas por fuentes confiables. Parecería que los argumentos racionales ya no son relevantes, que ahora lo que importa es lo llamativo o sensacional que puede ser una declaración política o cifra amañada o eslogan premeditado y comprobado a través de focus groups.

Verificado 2018, una iniciativa ciudadana enfocada en detectar noticias falsas publicadas en medios o redes sociales o datos falsos mencionados en discursos políticos registró 145 noticias falsas únicamente entre el 13 de marzo y el 29 de junio de este año. Esta iniciativa define una noticia falsa como un hecho que nunca ocurrió, pero que se distribuye para generar confusión o engañar. Información sacada de contexto y manipulada, hechos que pudieron ocurrir pero que se distorsionaron para dar un mensaje particular. No es posible medir el número de personas que definieron su decisión de voto presidencial de este año en función de esta información, pero no cabe duda de que es definitiva para el destino de un país. La elección de Donald Trump, o la decisión plebiscitaria del Brexit son otros ejemplos de rumbos completos de naciones desplazados a partir de información falsa o sesgada. Pero esto no es un fenómeno unidimensional, no solamente se puede cargar el peso de esto al lado de la oferta de la información. Quien recibe esta información y cómo la recibe es igualmente responsable.

Son tres principales causas las que han sentado las bases para el advenimiento de la etapa de la posverdad. En primer lugar, somos una sociedad que, desde mediados del siglo XX, ha sido entrenada por los expertos de marketing y los intereses de las grandes corporaciones a recibir información sesgada o francamente falsa para dirigir nuestros hábitos de consumo. Setenta años de Don Drapers quebrándose la cabeza para llegar a las emociones más íntimas de los humanos y determinar su decisión de comprar un producto u otro, han sentado las bases para el auge de este periodo de la posverdad. El anuncio publicitario como portador de contenido ha codificado en la sociedad una forma de entender la realidad a partir de la simplificación de ideas, de slogans. La mentira usada para vender un producto se ha generalizado en todos los ámbitos, multiplicado por el acceso a información que permite la tecnología y el entrenamiento recibido por las personas para aceptar que el abanderamiento de una falsedad es válido cuando se trata de lograr un objetivo sea este comercial o político.

En segundo lugar, la abrumadora sobrecarga de información que implica la popularidad de las redes sociales; más aún el relativismo que implica darle un micrófono global a todos los ciudadanos (o casi todos) haciendo que la realidad personal de cada uno pueda tener mayor difusión que lo cierto o por lo menos lo comprobable. Las redes sociales se han convertido en las principales facilitadoras del relativismo total. Este relativismo, en muchas ocasiones, pero particularmente durante disputas ideológicas, termina respondiendo a las necesidades emocionales del ser humano de crear mitos o mentiras creíbles para satisfacer el deseo de ser avalado por las mayorías o simplemente por las necesidades básicas de morbo y búsqueda de conspiraciones. Es un relativismo que encuentra un entorno natural debido a la anonimidad que proveen las redes sociales y por lo tanto a la inclinación hacia el engaño sin los frenos tradicionales que permite la interacción humana cara a cara. A su vez, estas mentiras se propagan con facilidad debido a las bajas capacidades cognitivas, resultado de sistemas educativos fallidos que se han enfocado más en crear obreros autómatas en lugar de ciudadanos con conciencias críticas y autónomas.

Definir por la emoción no es en sí perjudicial, lo que resulta dañino es que tantos años de mercadotecnia rapaz han hecho que la emoción no esté forzosamente vinculada a las virtudes sino a los deseos. Desde el deseo de que la opinión propia sea compartida o “gustada” por la mayoría hasta el legítimo deseo de ser reconocido como integrante relevante de una comunidad. Cuando la emoción es detonada por el amor, la empatía o la solidaridad, es una emoción que suele llevar a decisiones de bien común pero cuando la emoción está determinada por el deseo, la auto satisfacción y el bien individual, la emoción suele crear inequidades y desigualdades.

Los sistemas educativos fallidos serían la tercera causa que ha sentado la base para la etapa de la posverdad. Los Estados han fracasado en lograr crear la capacidad en sus ciudadanos de discernir entre contenidos válidos y contenidos falsos. Los sistemas educativos que sí han logrado crear estas capacidades están limitados a ciertos países, a los más desarrollados y en donde las democracias han logrado ir más lejos. La educación está en vías de transformación, en México y en el mundo. Cada vez es más evidente que las sociedades modernas no requieren personas que recopilen y transmitan información, eso lo hacen los smartphones ahora. Las sociedades modernas requieren personas creativas que puedan construir nueva información y personas críticas para deconstruir y reformular las instituciones que rigen a las sociedades. De estas hay una importante escasez en la mayoría del planeta y esa escasez es el perfecto caldo de cultivo para el reinado de la posverdad.

El primero de julio México decidió el rumbo del país para los próximos años. Sin importar el resultado que obtuvimos, fue una decisión tomada plenamente inmersos y sujetos a una sociedad regida por la posverdad.

 

 

Ernesto Treviño

Director Ejecutivo de REDES, AC

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