viernes 20 de julio de 2018 | 12:09
Columnas

En Contexto. Las amenazas electorales

@lusacevedop jue 21 jun 2018 22:19
También sobresale el extraordinario gasto que destinan los partidos políticos y otros agentes sociales para inducir el voto en favor de quienes les pueden garantizar privilegios
También sobresale el extraordinario gasto que destinan los partidos políticos y otros agentes sociales para inducir el voto en favor de quienes les pueden garantizar privilegios
Foto propiedad de: Internet

 

En los días que faltan para la elección más grande en la historia de México, existen diversas amenazas que podrían empañar la construcción del proceso democrático que, como ningún otro, ha sido el más esperado por los ciudadanos.

Quizá, por eso se han creado condiciones que, en la búsqueda del cambio de modelo y orientación, existen fuerzas que se aferran por mantener la ruta vigente para conservar las condiciones que les han favorecido hasta ahora.

Entre las amenazas que se suman al clima de inseguridad y violencia, incluso con el ominoso homicidio de varios candidatos a cargos de elección popular, hay varios que pueden afectar no solamente el ánimo de los votantes sino la democracia misma que pretendemos consolidar como forma de convivencia.

Las campañas de miedo y de denuesto a los candidatos que sin pudor se valen de la calumnia para modificar las tendencias electorales. La mentira y los ataques calumniosos se han convertido, por parte de algunos candidatos y sus partidos en el mensaje más ruin, pero también perverso de una competencia que debería ser de inteligencia, equidad y con propuestas viables.

También sobresale el extraordinario gasto que destinan los partidos políticos y otros agentes sociales para inducir el voto en favor de quienes les pueden garantizar privilegios o les resultan favorables; aunque también hay coacción indirecta, chantaje o propuestas para no votar.

Quienes promueven estas acciones favorece la desconfianza en la legalidad y la legitimidad del proceso electoral, porque lo equiparan al clima de creciente inseguridad que envuelve al país.

De por sí, existe la duda de que en muchas regiones, municipios y ciudades el crimen organizado ya esté involucrado en la administración pública, no solamente en los esquemas de seguridad, sino en las oficinas encargadas de promover la obra pública, y que ahora son parte importante en campañas políticas. Más de un centenar de homicidios relacionadas con el proceso electoral, de los cuales más de 40 eran de aspirantes a un cargo de elección, da cuenta del riesgo que también enfrentan por ese lado las votaciones del 1 de julio.

Y si la burra no era arisca… para el día de la votación hay dudas de que se contabilicen correctamente los sufragios, que no existan presiones a los ciudadanos que acudan a las urnas ni a los que ocupen cargos como funcionarios de casilla y que las actas electorales se entreguen a tiempo para que la sociedad mexicana pueda conocer oportunamente el resultado de la votación, cuando menos de la presidencial.

Pero imaginemos que la votación es cerrada y que, como sucedió durante la contienda de hace 12 años cuando el ganador fue el panista Felipe Calderón con apenas medio punto porcentual de votos al entonces perredista Andrés Manuel López Obrador y se desató una crisis electoral sin precedentes que deterioró la institucionalidad democrática, que ahora se puede reencauzar para bien del país.

De ocurrir una situación similar, veremos si avanzamos moral y políticamente en la aceptación del triunfo del contrario. Aún así, persiste el riesgo de que el perdedor anuncie una falsa victoria y se generen problemas no solamente en materia electoral sino sociales. Afortunadamente ese tipo de posibilidades se podrían dar, sobre todo, en Veracruz y Yucatán, aunque quizá también en Puebla, de un total de 9 estados que renuevan gobernador.

En el segmento presidencial, si se consolidan las cifras y no hay alguna operación extraordinaria, esa posibilidad se ve distante.

De las formas de gobierno incluidos los cuerpos legislativos, que resulten de la elección, habrá que ver los resultados consolidados, porque las coaliciones podrían llevar al triunfo a candidatos sin la capacidad o experiencia suficiente para ejercer el cargo.

Esa posibilidad “de arrastre” se le ha puesto sobre los hombros a quienes han sido postulados por Andrés Manuel López Obrador, que ha sumado a quienes pueden dar respaldo al movimiento nacional por el cambio. Pero no es privativo de él, si bien es a quien se le ha dado más publicidad, también las coaliciones de Ricardo Anaya y la de José Antonio Meade cargan lastre, pero mediáticamente han tenido la capacidad de alcanzar la discreción, lo cual también es una amenaza.

Y la selección de Corea del Sur, también lo es.

@lusacevedop